PADRES ADOLESCENTES III

PADRES ADOLESCENTES III

«En la cultura actual nos hemos quedado sin el Otro como testigo, primero fue la muerte de Dios, luego de la Razón, después del Inconciente, y ¿ahora, que entonces?…»

G. Macci. Pensador argentino

Sin testigos no podemos crecer .Sin el Otro como testigo , a la vez Ley y prójimo-orientador; somos una catarata de impulsos .Puro acto. la adolescencia como ninguna otra edad de la vida necesita de padres y padres sustitutos que releven a ese Otro que es la base de toda cultura. La adolescencia es , precisamente , la entrada en la cultura y a la vez nos definimos en el interior de una cultura.
Hoy el 38% de los niños de 11 años ya ha probado el alcohol (datos oficiales de la Provincia de Buenos Aires) en el último mes. O sea uno de cada 4 lo ha hecho. A esa misma edad el 7% reconoce que alguien le ofreció drogas (marihuana, pastillas, estimulantes) y el 2,2% ya probó a esa edad.
Estos datos ya de por sí constituyen un dato signicativo de tipo sanitario; o sea a edades muy tempranas comienza la epidemia.
¿Con que familias , habitualmente, nos encontramos ante este hecho?.Las podríamos distribuir de la siguiente manera: a) desligadas: son familias que ni siquiera se enteran del consumo de sus hijos ya que cada miembro está aislado del otro; b) traumáticas: son grupos que viven en un stress crónico con otros miembros enfermos o en situación de violencia doméstica y/ o con muerte de personajes significativos; c) multiproblemáticas : grupo en donde hay varios enfermos y la función simbólica de orientación y amparo está casi ausente o es enormemente deficitaria y por último d) la llamada familia inexistente: acá el niño crece «solo » o al amparo de mafias barriales con sus diversos «transas» y/o «dealers» como líderes.
Estos contextos incrementan indudablemente las enfermedades sociales , y digo sociales porque al ser masivas tienen claramente una significación social y se multiplican también por efecto de «mimesis» o sea por el factor imitativo. La imitación es mayor cuanto más grande es la deficiencia de amparo y de constitución de la subjetividad del niño que crece.
Psicológicamente el niño comienza a depender de sustancias que están » a la mano» como diría M. Heidegger y a su vez con alto prestigio social y esto va en paralelo a un sistema nervioso que queda ,ya, tempranamente «domesticado» para necesitar el consumo de sustancias dañan la salud. Los que atendemos adolescentes que desean salir de sus adicciones sabemos de sus sufrimientos y padecimientos cuando ven un vaso de cerveza o sienten el olor de la marihuana .La memoria y el recuerdo consiguiente del consumo incrementa la angustia que los hace vacilar entre el pánico y/o la descarga impulsiva.
¿Es difícil crecer en este ámbito?. Sí, y creo que mucho. Somos cada uno de nosotros hijos de una generación , porque precisamente estamos hecho de historia. Somos, en parte, historia. De este barrio, esta familia, esta escuela…y también de esta época. La historia se concentra en la generación y la generación, siguiendo otra vez a Heidegger, es una comunidad de destino. No podemos no vivir esta historia generacional.
Necesitamos Otros que nos muestren otro destino posible en la adolescencia más allá de imperativos de consumo que nos alejan de nuestro bien más preciado: nuestro si mismo personal. Esta es creo, hoy , la función de los padres y de los sustitutos sociales de la paternidad en este momento histórico. a Hegel nos enseño a través del fenómeno del reconocimiento que para generar un ser libre se hace necesario que otros nos miren y signifiquen , para poder de esta manera convertirnos en plenamente humanos. .Tomamos conciencia de nosotros mismos sólo cuando alguien nos nomina, reconoce. Somos a través de la mediación de Otros. El ser humano no puede humanizarse más que por el Otro y los otros significativos. El «padre adolescentizado» al no poder cumplir el papel que se le requiere deja ,quizás , sujetado al hijo a distintos tiranos publicitarios del consumismo. El alcohol y las drogas forman parte de esta historia actual.
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