Serás como Dios: Stress

Serás como Dios: Stress

«La edificación del hombre como idea general de vida se formuló desde el renacimiento y permitió durante varios siglos una floración de personalidades de apariencia triunfal»

Héctor Murena- La cárcel de la mente.

El ensayista argentino Murena nos enseña que el hombre se ha convertido en Dios; el recoge el pensamiento de muchos pensadores (filósofos, escritores, poetas) que estudian como se perdió la dimensión y la estatura humana. Mas adelante nos dice: “ ahí en la búsqueda del ideal de edificación comienza la aniquilación del hombre”.

Me interesa hoy analizar el argentino tipo vive al limite que es el que no acepta, precisamente, el limite de la propia estatura humana. El que se dice vive “a mil”, o sea el que no acepta que la velocidad solo puede ser marcada por la paciencia: “para el hombre de hoy es tan difícil practicar la paciencia como la concentración; todo nuestro sistema esta basado en la rapidez, el hombre moderno piensa que pierde tiempo cuando no se actual con rapidez” (J. Barylko)  y E. Fromm nos enseña que para amar la vida hace falta paciencia ya que con resultados rápidos no aprendemos ningún arte. A un paciente para que se cure le pedimos que sea paciente, o sea que tenga paciencia.

Las drogas alimentan este ideal de rapidez, de impaciencia, que es en el fondo el de omnipotencia. Me interesa estudiar historias argentinas de jóvenes que se sentían dioses y que para aparecer de esta manera necesitaban de ese tónico mágico y venenoso que son los estupefacientes en su variedad de estimulantes como la cocaína.

Desde Walter Olmos, que jugando a la ruleta rusa perdió su vida luego de consumir altas dosis de cocaína. O Juan Castro con sus letales y finales 20 grs. También Rodrigo, en cuyo examen de autopsia se descubrieron altas dosis de alcohol. Futbolistas, deportistas en general y artistas del espectáculo son junto a los políticos los nuevos dioses (en una sociedad que se ha quedado sin creencias) de la sociedad post-moderna.

Esta sociedad post-moderna  instalo la idea que para existir hay que aparecer en los medios. Para existir hay que ser percibido… en la televisión. Pero aparecer en la televisión tiene sus riesgos: exhibirse, someterse a rating, quedar cautivo  de la imagen de lo que otros quieren de nosotros (productores, avisadores, compromisos políticos e ideológicos)

Por eso el filosofo Pierre Bordieu ha llegado a decir: “la pantalla televisiva se ha transformado en una especie de espejo de Narciso”. El espejo se tragó a Narciso, como traga a todo hombre que solo cuida su imagen, su apariencia y descuida su ser mas intimo. Esto también le puede pasar al deportista que debe rendir para estar en el podio y si es futbolista, llegar a Europa.

Le puede pasar a un político que se desvanece cuando no lo llaman de un medio radiofónico o televisivo porque entonces no existe. Nos puede pasar a todos. Es que descuidamos nuestro ser mas intimo: el sí mismo y nos perdemos en la apariencia o sea en el Ego. Hay una escisión cada vez mayor entre nuestro ego y nuestro sí mismo en la sociedad actual.

Entre el hombre exterior (el de los supuestos rendimientos y éxitos) y el hombre interior (que es el verdadero, el autentico, el que sufre y siente pero el ama y espera).

Sacrificamos en el altar del Ego a nuestro hombre interior. Ahí las drogas cumplen un papel central. Son el ¿tónico’ de la omnipotencia del ego. Nos aseguran que el día tiene mas de 24 horas, que el cuerpo es de goma y que no hay sistemas orgánicos (no hay un corazón que sufre por los excesos o un hígado que excreta demasiada glucosa para mantener un metabolismo inhumano).

Caemos presos del llamado stress que no es más que la omnipotencia del Ego: vivir al limite, que es no aceptar los limites de nuestra estatura humana. Salud mental es hoy aceptación de nuestros limites. Es luchar contra el espejo de Narciso que nos propone la sociedad de la hiperexigencia que culmina en la compulsión adictiva, búsqueda de la perfección absoluta que culmina tempranamente en el cementerio. Muestres tempranas por no respetar los limites de nuestra propia naturaleza (no somos dioses).

Este hombre post-moderno que somos: Publico, centrado en el Ego, desconocedor de nuestro sí mismo más profundo, apasionado por el rendimiento, el rating, el éxito, hiperkinetico e impaciente, tiene un primer gran déficit: no escuchar las señales del cuerpo y las anímicas de que algo anda mal.

Cuando estamos con todos nuestro sentidos puestos en el exterior no escuchamos los datos de nuestro interior son los vigías de nuestra salud y que nos lo mandan los distintos sistemas orgánicos: mareos, dolores de cabeza tensionales, hiperkinesia, rabias, fatiga exagerada, taquicardia, respiración agitada como señal de angustia y ansiedad, reducción de la sexualidad, contracturas, dolores, palidez en nuestras facies, envejecimiento precoz, gastritis, baja en las defensas que nos lleva a gripes, resfríos, infecciones a repetición, contracción vascular con hipertensión arterial. O sea, no escuchamos al hombre interior. Solo nos preocupa llegar mas lejos, trepar, ganar.

Como el Fausto de Goethe hemos hecho el pacto con el diablo representado por Mefistófeles. Este le promete ser todo pero debe vender su alma ( o sea su sí mismo) al diablo. Dominio. Poder. El vendedor de drogas es el primero que se dio cuenta que el hombre de hoy es como Fausto y como Mefistófeles le vende el ¿tónico? Del Poder. He aquí su tumba.

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