Sorderas sociales

Sorderas sociales

«¿Sabes cómo hace un argentino para suicidarse? Se sube a su Ego y se tira». Chiste sobre argentinos contado en España.

Por momentos nosotros nos parecemos al huracán Katrina , también de impulsos descontrolados. Escenas de los últimos días nos remiten a la barbarie. E. Morin , célebre pensador francés,  nos enseña que al lado del “homo sapiens” conviven el “homo demens”.El demente está ahí como una posibilidad. Por momentos el demente aparece en la pantalla coloreada con el patetismo de lo siniestro en plazas públicas , palo en mano . Paranoias en furia. Es el otro como destino final del exterminio. El Imperio del Ego. El delirio de ser único y que nadie se interponga en mi camino. Es socialmente la decadencia del diálogo. La caída en la deshumanización. Diálogo siempre es espera, reconocimiento del otro; diálogo que es respetar que el otro existe más allá de que haga algo diferente que contraría mis deseos. Situaciones que se dan no solo en el ámbito de la lucha de sectores;  dialogo que es también falla de la convivencia ya que eso es la vida en pareja como muestran los datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en relación al aumento de consultas de violencia familiar en donde el 70% de los casos está ubicado en la franja media y alta de la sociedad.

Estamos perdiendo la capacidad de convivencia que es la primera noción de vida civilizada. La sociedad como contrato entre seres humanos parte primero de la convivencia familiar transversalmente afectada por el abuso psicológico y la violencia doméstica. También los modelos sociales violentos inciden en la convivencia familiar. Son “permisos “ a ejercitar la bestialidad .

En el campo caracterial esto se trasunta en la soberbia, el desborde impulsivo y la ira que motorizan la venganza. Son cocainizados sin cocaína. Locuras fuera de las paredes del Borda. Cuando el Yo paranoico siente el malestar de una palabra diferenciada se desatan las pasiones de aniquilamiento. Es que no hay amor sin reconocimiento del otro como diferente. No hay amor sin la  asunción de la posibilidad de la pérdida. La primer pérdida es aceptar que pueda pensar o sentir diferente. El palo alzado anuncia el fracaso de lo humano.

En la Ciudad de  Buenos Aires el 70% de las mujeres que consultan por violencia familiar son de clase media y alta. Nos hemos liberado de todo: los controles religiosos, civiles. Ya la gente se jacta de que no se «necesitan papeles» para unirse. Pero tampoco reconocemos el primer contrato: la convivencia. Aprender a convivir. Aprender a hablar. ¿Hemos evolucionado o estamos involucionando? Hay un analfabetismo emocional evidente. El Yo quiere consumir al Tú y al Nosotros. Y el yo sólo puede ser Yo cuando reconoce que hay un Tú y un Nosotros que es Ley. De lo contrario, aparece la violencia, o sea el poder solo y destructor. Violencia deriva del latín vis: poder. Pero hay poder para hacer, construir; o poder para destruir.

Ya no es cuestión de ricos y pobres. Falta un análisis epistemológico de una antropología más profunda. Deshumanización es la palabra. Creencias equivocadas: Yo soy lo que poseo, el otro es sólo la expansión de mi retina o sólo mi espejo. Decadencia del diálogo. Idealización del barrabrava. Entronización del patotero. Crear un mundo desde el delirio del Yo. Hegel, en «La Dialéctica del Amo y del Esclavo», nos enseñaba: «Si tú me matas, tú te suicidas».

Es que no hay humanización sin reconocimiento del otro. Ahí nace la vida. Parecería que cuando el otro anuncia mi límite, eso es lo insoportable.

Ortega y Gasset  nos enseña que la definición anteriormente citada que pertenece a Linneo (siglo XVIII) del hombre como “homo sapiens” para diferenciarlo de los animales le parece limitada. En realidad para Ortega  existe un “homo incipiens”. Solo la ignorancia puede ser característica del hombre: “… ni Dios ni la bestia ignoran ; aquel porque posee todo el saber y ésta porque no lo necesita “. Al hombre hay de definirlo, dice, por la necesidad que tiene del saber, no en función de la posesión de éste.

¿ Progresamos regresando a la deshumanización ¿ Nadie posee el saber , ésta parecer ser una muestra de ignorancia. O una recaída en la peor enfermedad humana : la megalomanía.

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