Jóvenes Viejos

Jóvenes Viejos

 

“Vivir es siempre vivir por algo o para algo, de ese interés vital deriva todo lo demás; por eso a ese interés vital lo llamo resorte vital”

J. Ortega y Gasset – El hombre a la defensiva.

La consulta cotidiana nos muestra jóvenes con patologías típicas de la tercera edad: diabetes juveniles, hipertensión en adolescentes, síndromes metabólicos precoces (con obesidad y alteraciones en todos los parámetros clínicos vitales) , daños cerebrales típicos en los seniles, cirrosis en jóvenes; la droga deja sus marcas :son los jóvenes viejos. 

La muerte es una ruta cronológica imposible de detener pero que también podemos adelantar siendo el abuso de drogas y alcohol el escalón preferido para lograrlo .Adelantamos el “reloj “ genético cuando los gerontogenes como marcadores de una posible senectud y del envejecimiento de los órganos ceden ante el impacto tóxico y comienzan a precipitarse en jóvenes que en adelante serán “jóvenes viejos”.Las drogas fomentan así la muerte celular transformándose de esta manera en una apoptosis programada (verdadero deterioro de nuestro capital celular).Los tóxicos son los homicidas de nosotros mismos. Por eso llamo a la drogadicción una apoptosis auto-inducida o una senilidad buscada ante la dificultad, para muchos, de soportar y enfrentar la vida.

El cerebro se transforma en el espacio primordial de la tragedia y la mortificación y rápidamente se deteriora, ya no por el paso de los años, sino por el abuso de sustancias químicas sobre, especialmente, el lóbulo frontal. Este, que representa el plus que nos diferencia de los primates, ahora efectuado nos acercará a ellos en nuestra imposibilidad de pensar y en la violencia de las respuestas. Lo simiesco suplanta a lo humano. Incapacidad de pensar, seleccionar, planificar, memorizar, atender en profundidad me acercan a una versión caricaturesca de lo humano. Al mismo tiempo se altera mi lenguaje afectado en la fluencia, comprensión y en la dificultad de encontrar el nombre de cosas y personas (disnomia).El aprendizaje que en condiciones normales a partir de los 55 años se va resintiendo en los jóvenes adictos alcanza proporciones mensurables de personas de más de 65 años y se daña la capacidad de aprender a aprender. Es singular estudiar la curva del aprendizaje en jóvenes que consumen y que no consumen: las diferencias son abismales. La memoria a corto plazo es similar en su daño a persona que están en la tercera edad .Lesionado el lóbulo frontal, además, se desarticula el balance emotivo -intelectual que gestiona esta área más evolucionada del sistema nervioso. Aparece entonces una conflictiva ligada al deterioro frontal que es la llamada personalidad orgánica (CIE10 -Manual europeo de Diagnóstico) en donde la impulsividad y la imposibilidad de generar prospectiva se une a un pensamiento concreto y ya no abstracto; a esto se suman los diversos trastornos de personalidad que tiene el paciente y la conflictiva psicológica.

La vejez precoz inducida por las sustancias como las drogas y el alcohol ingeridos vorazmente llevó a un gran pensador francés como C. Olivenstein a llamar a las adicciones una “bulimia con drogas” y a otro grande como J. Lacan a designarla como “apetito de muerte”.Así aparecen rápidamente marcadores bioquímicos, moleculares y celulares de envejecimiento y desgaste del organismo: niveles altos de la bioquímica del stress como el cortisol y la adrenalina que dañan distintos tejidos , trastornos de la circulación cerebral, alteración de las sustancias antioxidantes que son la protección del organismo y que pierden en su “batalla” ante los radicales libres responsables de la “oxidación” orgánica. Nuestro cuerpo además pierde fuerza muscular, enlentece sus respuestas y tiene una resistencia ante el esfuerzo sensiblemente baja.

Este deterioro evidente orgánico y psíquico lo va aislando del contexto de su edad ya que no puede rendir de similar manera a personas de su generación .Así se transforma en un jubilado precoz. Se desvincula de contextos y estimulaciones sociales .Rápidamente se daña la autoestima y ya no sirve la devaluación o descalificación del otro. Se siente inferior y la envidia se transforma en resentimiento.

El joven “viejo” se va alejando de la normativa típica de su edad ya que no puede hacer frente a lo que otros de su grupo etareo hacen con mínimos esfuerzos. Ya no puede realizar como antes acciones de una manera automática y se va refugiando en “ghettos” de iguales inaugurando comportamientos sectarios con lenguajes pobres en número de palabras y contenidos.

Lo singular de toda esta dramática social es la masividad de su impacto y el prestigio social que asume en la sociedad actual el consumo de sustancias. Progresivamente vamos formando parte de un nuevo grupo social de discapacitados juveniles.

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