La renuncia a ser adultos.

La renuncia a ser adultos.

«Cuando el uso de drogas es masivo, una sociedad está a punto de esquizofrenizarse; es que los educadores no hemos podido transmitir la pulsión de vida»

Claude Olivienstein.

Educar es transmitir y ser parteros de lo mejor de sí que tiene cada persona.

El gran autor francés Olivienstein liga el fenómeno masivo del drogarse a un fracaso de la educación en apasionar a la gente joven por el amor a la vida. Es un fracaso de los adultos, el temor a ser adultos. La renuncia a ser adultos. Estas reflexiones vienen a cuenta ya que en estos días se ha conocido al excelente trabajo de la Secretaria Nacional de Prevención de la Drogadependencia de la Presidencia de la Nación SEDRONAR) acerca del consumo de sustancias adictivas en la población escolarizada de todo el país. Este estudio que es un diagnóstico de una parte de la realidad cotidiana del adolescente, repito, escolarizado debe hacernos reflexionar. Algunos números son elocuentes; entre 12 y 14 casi el 40 % tomo alcohol y ya a los 17 años llega al 70 % el consumo de marihuana en el consumo anual llega al 10 % en los 18 años. Seguramente en los no escolarizados estos números ya marcarían datos más preocupantes. En otra columna de este mismo diario se profundizaron magistralmente distintos  aspectos de la epidemiología del problema y de la apatía comunitaria que existe. Voy a referirme a las probables vías de salida de esta epidemia en la encuesta con una alta prevalencia, es una droga tanto cuanto se lo abusa y máxime cuando lo utilizan menores, con características depresoras de  la corteza cerebral (aspecto racional) y liberadora de la subcorteza (aspectos instintivos) y que tiene efectos irritativos sobre todo el organismo; de ahí los efectos de la llamada “resaca”.

Dijimos epidemia y ésta en la adolescencia es un contagio psicosocial en donde intervienen tres elementos: a- vulnerabilidades personales, familiares y comunitarias, b- gran publicidad de los productos que además están a bajo costo; c- aceptación social en donde se minimizan los daños del consumir.

El contagio psicosocial se da de joven por la propia presión entre pares. En adolescencia, cuando han dimitido los adultos de su función, solo queda el mundo de los iguales en lo que a costumbres y modas se refiere.

Con respecto a la vulnerabilidad, la primera es ser adolescente, hoy y en cualquier momento de la historia; pero lo que si sabemos es que si en la adolescencia el alcohol y el uso de drogas existen, se detiene el desarrollo adolescente hacia la juventud. Los estupefacientes generan una detención del tiempo evolutivo y cuando ya se instala la dependencia se envejece a la juventud: depresiones, obsesiones, temores, imposibilidad de ejecutar un plan o proyecto.

La publicidad interviene enormemente, especialmente cuando va dirigida a los jóvenes: en 1983 tomábamos 8 litros de cerveza por habitante por año, hoy llegamos a 40: la estrategia de implantación juvenil fue un éxito, unido esto a la relación con el deporte (equipos de fútbol de alto predicamento) o a situaciones de alto contenido afectivo (“el sabor del encuentro”). El éxito publicitario va ligado, por supuesto, a un deterioro de la salud publica. Todo esto fundamenta una gran aceptación social de las drogas, comenzando por el alcohol. La publicidad y el hábito de tomar como un estilo de vida “normal” genera la creencia de que no daña. A su vez la sociedad silencia los daños: accidentes, aumento del sida, aumento del fracaso escolar, incremento de las enfermedades mentales en los jóvenes, elevados índices de conflictos con la ley de menores.

Estamos cayendo en “picada”. La renuncia a ser adultos es enormemente dañina para las nuevas generaciones. ¿qué hacen otros países para proteger las jóvenes generaciones? El primer “default” que tenemos es que lo que esta pasando con los jóvenes escolarizados, es una marca de la ausencia adulta y esto seguramente es mucho más evidente en los no escolarizados (que no figuran en la estadística).

En la familia: formar miles de padres y/o adultos orientadores en relación al problema de las drogas en general, osea contrarrestar la opinión dominante basadas en intereses de mercado de que las drogas no dañan desde una representación social centrada en la salud de la familia y en la responsabilidad de los adultos.

En la escuela: vemos hoy jóvenes que entran alcoholizados a las escuelas. Aprendizaje y alcohol o marihuana no van de la mano. Cada escuela necesita transformarse en un centro preventivo escolar. Formar miles de directivos escolares, docentes, padres y jóvenes en la protección de la salud y de la calidad de vida.

Con los jóvenes: formar miles de adolescentes en todo el país partiendo de los ámbitos naturales: escuela, clubes, instituciones culturales y religiosas en liderazgos juveniles ya que la prevención para a par es la más efectiva a estas edades.

En la comunidad: generar en todos los centros comunitarios públicos y privados una acción concurrente preventiva que llegue a la intimidad de los  barrios utilizando la amplia red de organizaciones no gubernamentales e incluso el plan de jefes de hogar (lugar de alta incidencia epidémica)

En la publicidad: llenar los medios de publicidades preventivas en donde se muestre el daño del alcohol y las drogas en general y se apele a la responsabilidad de los adultos en la orientación de los jóvenes.

Utilización de las redes asistenciales y los teléfonos preventivos: Presionar desde medios de información, aun mucho más, a la utilización de los teléfonos de auxilio y orientación (como el que tan eficientemente posee la SEDRONAR) y a una consulta permanente de los familiares ante algún problema de intoxicación de los hijos.

Estas son seis medidas simples y rápidas para frenar la aceptación y tolerancia social que es la base de la epidemia.

Son medidas de emergencia para revertir la tendencia declinante.

De lo contrario en pocos años (y ya se ven los primeros atisbos) tendremos una alta discapacidad social ligada al uso de drogas.

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