No es Gratis… II

No es Gratis…
«…cuando el uso de drogas pasó de lo sagrado y secreto al nivel del consumo de masas vemos el fenómeno de las drogas como el de una sociedad en vías de esquizofrenizarse; es que los educadores no hemos podido transferir la pulsión de vida».
C. Olivenstein. Especialista francés en adicciones
No es gratis… consumir drogas y abusar del alcohol. La tolerancia social unida a la aceptación social de la ingesta lleva a minimizar los riesgos. Mientras tanto circunstancias de impacto mediático nos recuerdan permanentemente las complicaciones biológicas y mentales del uso de drogas. Esta aceptación social creciente (basta ver notas en secciones de información general de medios gráficos o en medios audiovisuales) fomenta el ingreso de nuevos consumidores. La epidemia no solo necesita de «dealers» o de gerentes barriales de las «transas» o de un » delivery» que acerca «la farmacopea» a la «mano puerta a puerta» ante una llamada telefónica o mediante una codificación informática. Es fundamentalmente un hecho enmarcado en el prestigio social del consumo que parecería ser una conducta ya imperativamente impuesta como una marca más en la sociedad de marcas(¿importa el valor salud?).Si nos queremos divertir como decía una editorial ¿por que no recurrir al éxtasis?, y ¿para superar angustias? y porque no inflar nuestro ego narcisistica con estimulantes superando las barreras arbitrarias del tiempo y del espacio. Ahí está el alcohol y las drogas con su imagen consolidada de completud y de «sutura» de toda «fisura».
Pero recordemos que una vez instalada la dependencia a las drogas ésta es una enfermedad crónica, progresiva y terminal.¿Pero esto vale en una civilización en donde somos descartables? Uno menos, pero ya hubo uno más para el consumo. Es que el cerebro se habitúa a vivir con drogas ; de ahí su carácter crónico. Los fenómenos de abstinencia y privación marcarán desde la angustia el apetito no saciado. Drogas que actúan en dosis bajas modificando la química del cerebro y por ende la conducta. Progresivamente el usuario va modificando su capacidad de auto-administración (cedemos nuestra libertad) y también vamos necesitando mayor cantidad para conseguir los mismos efectos. El «flash» inicial va quedando lejos y un automatismo displacentero se va instalando. No se porque hago lo que hago, pero lo tengo que hacer. No puedo parar. Soy un dependiente. Mientras tanto «resacas» y «giras repetidas» me acompañan. Mi capacidad de juicio se va comprometiendo y el deterioro consiguiente empieza a causarme complicaciones legales. Mi violencia es habitual ya que cesa o se suspende la capacidad simbólica y el otro es cómplice y/o perseguidor.
Me transformo también en un enfermo terminal ya sea con la cesación de la vida por sobredosis o con el deterioro continuo de la calidad de vida comprándome una muerte a plazos; la demencia está ahí ya que se discapacitan todas las capacidades cognitivas; también los trastornos mentales graves como a psicosis. El 10% de los consumidores de sustancias se pueden suicidar (datos del DSMIV de la Asoc. Psiq. Americana).Los estados de animo que se buscan modificar con el consumo de drogas también quedan crónicamente alterados y las depresiones también están ahí en la puerta.
¿Que mal que valoramos la salud mental que la bastardeamos continuamente con el consumo de sustancias?.Es mas fuerte la cultura «narco» como imposición de conductas imperativas que la cultura de la calidad de vida centrada en la psicoterapia, el dialogo, la metabolización con otros de los dolores de la vida, etc. Todo esto queda abandonado frente a esa gran «farmacia» prestigiada por la sociedad de marcas .La salud pública a un costado.
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