ADICCIONES INFANTILES

ADICCIONES INFANTILES

“La adolescencia es el principal semillero de las adicciones…”

Manual de Adictología. Ars Médica -2009

Duele sentir y ver menores en contacto con drogas. Los estudios clínicos nos enseñan : a menor edad de inicio en el consumo de alcohol y drogas aumenta en el tiempo la gravedad y la duración de la enfermedad adictiva. Hoy es común ver niños en tratamiento, hermanos o familias enteras o adolescentes que comenzaron a consumir a los nueve o diez años.

Los actores principales de esta tragedia social generalmente llegan a ser varios : ambientes familiares adversos, una personalidad en formación con factores de vulnerabilidad marcados , perdida de la escolaridad (donde hay drogas se resiente o anula el proceso de aprendizaje) y un sistema nervioso en formación y también venta en muchos casos “puerta a puerta” de sustancias. O sea no debemos olvidar la masividad atrapante del consumo como un fenómeno que lamentablemente tiene una alta aceptación social sin mencionarse adecuadamente los riesgos .

La complicidad de estos fenómenos está en dos hechos claros: a) la entropía (el deterioro) y la decadencia de sectores comunitarios( por ejemplo, barriadas en donde hay gran cantidad de “dealers”) y b) el propio desarrollo del sistema nervioso.

El sistema nervioso termina de madurar a los 25 años de edad aproximadamente. Lo distintivo de lo humano en relación a los monos , por ejemplo, es el lóbulo frontal que está en plena maduración durante la adolescencia. Recordemos las funciones del lóbulo frontal : a) la conciencia de nosotros mismos y de los demás ; b) la programación de acciones intencionales; c) planificación del futuro; d) previsión de las consecuencias de los comportamientos; e) regular una conducta dirigida a un fín ;f) identificar objetivos y proyectar metas ;g) organizar los medios para hacer efectivos los planes ; h) comprobar y monitorear que se van alcanzando los objetivos. Todo esto surge de estudiar cerebros dañados por el uso de drogas a través de la neuro-imagen cerebral. Este daño es paralelo a fenómenos conductuales, merma de la atención, desinhibición motriz e incapacidad para corregir la trayectoria de las conductas.

Así se va alienando un niño-adolescente. Pierde rápidamente la escolaridad, se de-socializa en la “vida de calle” y los límites familiares o sociales son difíciles. de aceptar.

El sistema nervioso adolescente, entonces, es extremadamente vulnerable al consumo de sustancias .Hoy ya no se duda en el riesgo del consumo previo a los 18 años.

Otro hecho importante es que las sustancias impiden la culminación del desarrollo del sistema nervioso. Hay una hipo-frontalidad evolutiva. A medida que pasa la adolescencia va madurando el lóbulo frontal y con ello la marca distintiva de lo humano en relación con los animales. Las drogas impiden este desarrollo. Así surge una persona más apta para las conductas impulsivas. Menor capacidad de concentración. Mayor dispersión. Menor volumen de aprendizaje.

A la vez observamos una tendencia cada vez mayor al consumo de los adultos . Los hijos perciben este modelo. Un hijo con padres alcohólicos o adictos tiene de 4 a 7 veces más posibilidad de desarrollar una adicción.

Avanza también el consumo intra-generacional, por ejemplo entre hermanos. Hoy es común las internaciones de un grupo de hermanos. Ayudar a los padres en esta tarea es fundamental . Ayudarlos a ser padres. El otro día en una supervisión clínica comparé a una familia con una heladera llena o vacía. Si la heladera estaba llena los hijos se quedaban un rato, nomás. Si estaba vacía se retiraban . Los padres atónitos solo podían observar. La “furia” adolescente estaba ligada al consumo de sustancias. La mirada atónita se debía, quizás, a una dificultad familiar histórica para generar un grupo de convivencia, amor, límites y valores. La casa como “hogar”(etimológicamente “fuego” que convoca , nutre y reune) prácticamente no existía.

Estamos nosotros también asistiendo atónitos como sociedad a la creación de miles y miles de jóvenes que deberán luchar toda su vida para poder recuperarse de su deseo de consumir si es que algún día inician un tratamiento. La “marca” cerebral (huella en la memoria del consumo infantil) dirigirá los deseos y los apetitos  y orientará las conductas. Para lograr que miles y miles deseen recuperarse hay que generar un verdadero movimiento social preventivo que “marque” de otra manera el consumo o sea que vea a éste como un daño y no como un beneficio , lamentablemente, aceptado socialmente. O sea formular Ciudades Preventivas.

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