Fiestas (I)

Fiestas (I)

“Veo una masa innumerable de hombres iguales que rondan sin reposo procurándose pequeños y vulgares placeres para colmar sus almas, cada uno de ellos , apartado, es como un extranjero en el destino de los otros; por encima de ellos se erige un poder inme3nso y tutelar que se encarga de asegurar sus goces,.Este poder es absoluto, detallista , regular, previsor y suave…que irremediablemente fija a los hombres en la infancia…pero no les quita la pena de vivir y la confusión del pensar…”

A. de Tocqueville .(1845) La democracia en América.

Estamos en las fiestas. El gran A. Tocqueville avisó este tiempo en donde un Poder anónimo nos asegura placeres que nos condenan a ser siempre infantiles. Las fiestas tendrían que ser un lugar de encuentro con lo profundo de los vínculos y del recuerdo nostálgico y/o melancólico por los que ya se fueron y un deseo puesto en el por-venir. Instante que se percibe al tiempo como un fugitivo siempre presente y evanescente fugaz. Pero hoy es también un lugar de lo macabro. Basta ir a las guardias de los principales hospitales los fines de semana o a los patios de las comisarías para observar la otra Argentina profunda. Hasta ahí casi no llegan los programas de investigación para observar cómo desde allí comienzan o se están desarrollando existencias frustradas y crónicas en un hábito compulsivo hacia la dependencia  química.

Fin de curso, fines de año, festejos varios. ¿Es fiesta lo que se vive en la era post-social actual? En la antigüedad las bebidas espirituosas (así se llamaba al alcohol) se ingerían para alimentar la danza, la comida y el encuentro humano que entonces era la clave de la reunión. Hoy la ingesta es desmedida sin encuentros e incluso bailando solos. La fiesta parece, más que un encuentro, un olvido. Una suspensión de un tiempo mortificante . En la antigüedad la fiesta era un descanso ante los negocios. El ocio reemplazaba al negocio. Hoy es, o parece ser, el triunfo ante la mortificación. La mortificación- vivir con la muerte y su pesadumbre en la cabeza- reclama un momento de libaciones y de olvido.

Los olvidos tienen nombres químicos reclamados cada vez más fuertes: tequila, mezclas de bebidas, éxtasis, GHB, ketamina, popper, cocaína. Verdaderas bombas en el cerebro y en todos los sistemas orgánicos. Por unas horas me olvido de mi mortificación. Un Yo alegre y complaciente se instala en mí. La resaca me traerá depresión orgánica, corporal. Tomaré entonces algo para dormir o seguiré estimulándome.

Detrás de todo esto hay grandes organizaciones comerciales del ocio, tiempo libre y de la venta de sustancias legales e ilegales. En la era hiper lúcida de la ciencia y la tecnología el hombre propuesto de los fines de semana es el hipnotizado por el tequila y el éxtasis. Un sonámbulo que el lunes será un fiel representante de la sociedad técnica. Material de descarte luego de los cuarenta con su primer infarto, daños hepáticos y ataques de violencia o daños cognitivos e intelectuales por el uso continuo de sustancias.

Lo que asombra es la desmesura, tomar e ingerir hasta el ras. Límite que es sobrepasado porque nadie puede manejar omnipotentemente el cuerpo. En muchos aspectos nuestro cuerpo nos es ajeno, no sabemos cuando y cómo va a reaccionar. La sobredosis no es una cuestión de cantidad, depende de factores cualitativos: estado de ánimo y de nuestro organismo. Pero cuando se toma se alimenta la omnipotencia. Ingerir sustancias es alimentar la omnipotencia que es un Yo artificial. La omnipotencia es anestesiante, no nos hace sentir los dolores, los signos corporales. Muchos, nos dicen los médicos que trabajan en las megadiscos capitalinas, se mueren sin darse cuenta. Se habían anestesiado con las distintas drogas que ni sintieron ni escucharon el infarto.

Desmesura, amiga y compañera del exceso. La salud es amiga, mientras tanto, del límite. Hasta dónde puedo llegar. Cuáles son mis posibilidades. Se ha olvidado el encuentro humano en la era post-social actual. Las grandes organizaciones comerciales lucran con este dolor de sentido de la vida y lo sobornan cobrando las dosis del olvido de la mortificación.

Compartir