Leyes en drogas

Leyes en drogas

“…las iglesias se han  vaciado, pero los gimnasios y las discos se han llenado…”

J. Elzo (pensador  vasco).2009 Conferencia Universidad del Salvador

Elzo nos invita a  pensar el cambio de  era que estamos  viviendo. Hay un cambio de valores entre la era post-moderna actual y la ya  vieja sociedad moderna que los adultos hemos vivido. El placer es un objetivo  prioritario hoy frente al esfuerzo como valor anterior. Así también vemos como  al éxito se le contraponía la razón, al mundo de lo relativo lo absoluto, al  privilegio de lo fragmentario el universo de las totalidades, frente a lo  líquido en el amor y los vínculos lo solido, pétreo pero también rígido del  mundo ya antiguo. Mundo de la imagen versus mundo de lo leído. Lo rápido frente  a lo lento. Internet y del otro lado la carta. En el medio de todo este cambio  aparecen nuevos fenómenos: nuevos tipos de familia con mayor tendencia al  desmembramiento aunque con mayor autenticidad pero con tendencia al abandono de  los menores; crisis en los agentes de socialización tradicionales como eran los  padres y los maestros reemplazados por los medios de comunicación a través de  porta-palabras prestigiados como son ciertos lideres del mundo de la música o  del espectáculo. La madre empieza a dejar el hogar y el padre no ha entrado. A  la ausencia paterna (clave en la post-modernidad) seducido por blasones de la  cultura de consumo en la educación inicial de sus hijos se le agrega el reclamo  de la sociedad a la madre para ocupar un nuevo rol distinto al tradicional (el  trabajo por ejemplo). La cultura tecnológica que inunda los hogares es un factor  educativo mucho más fuerte que la palabra de los padres. Los “nidos” familiares  quedan vacios antes de tiempo ya no porque los hijos crecen y se van sino porque  a veces no están los padres y los chicos quedan solos con la heladera y el televisor.

En el medio de toda  esta situación educativa en crisis aparecen las drogas. Digo educativa porque el  valor de la educación es colaborar en la constitución de la eticidad del sujeto.  Esto se hace a través de palabras, contenidos; o sea transmisión de padres a  hijos y de un vínculo interactivo muy profundo y afectivo entre ellos. La  capacidad de elegir distinguiendo lo que hace bien de lo que hace mal depende de  un conjunto de transmisiones y deseos que se dan dentro de lo que llamamos la “novela familiar” que cada uno de nosotros tiene desde que nació. Cuando hay  orfandad simbólica o sea de relatos y afectos aparece con mayor fuerza lo  autodestructivo. No me cabe la menor duda que las drogas destruyen la vida de  los seres humanos, pero también debemos saber que se apoderan con mayor  facilidad de personas vulnerables. La mayor vulnerabilidad es el desamparo de  palabras en que hoy crecen muchos de nuestros hijos. Unido esto a golpes,  violencias varias, abuso infantil, etc. Así crece el consumo de drogas  especialmente en menores.

A esto se agrega una especie de desprestigio de la vida familiar y de los  roles simbòlicos de padre, madre, hijo que como dice muy sabiamente el pensador  U. Beck se reemplazan por hombre, mujer, niño. Verdadera dilución de las  diferencias generacionales cuando estas son estructurantes de los hijos. No hay  hijo si no hay un padre que al limitarlo lo reconoce. La palabra menor tiende a  ser cambiada por “chico” ya que la minoridad aludiría un mundo mayor que es  categorizado dentro de las pautas de las sociedades patriarcales y autoritarias  . En realidad mayor alude a quien se puede hacer cargo de si mismo pero al mismo  tiempo tiene la responsabilidad y el deber de hacerse cargo de los mas pequeños.

También van surgiendo  como uno de los problemas de hoy las llamadas familias nominales en donde para  los padres la educación debe ser hecha por otros actores: la escuela, la  sociedad en general. El abandono de sus hijos tiende a ser grande.

Mientras tanto nuevas  jurisprudencias sobre drogas llenan los espacios de los diarios. ¿Pasa el problema por ahí ¿. Pienso que no. Mientras tanto aumenta  incesantemente el consumo de drogas y alcohol. Desde la época de los militares  se han dado distintas jurisprudencias desde las diversas Cortes. ¿Cuando habrá  una Ley Nacional de Prevención y Asistencia de las Adicciones? Instancia legal  que obligue a los municipios, a las provincias y al Estado Nacional a ejecutar  un “plan maestro” desde cada barrio con centros de asistencia por doquier y  atendiendo al grave problema de la droga en los chicos con un marketing  preventivo que tienda a hacer participar a toda la sociedad en la confrontación  de esta epidemia. Es la verdadera gripe A de nuestra sociedad. Es la epidemia  que permanece desde hace décadas y se multiplica. Penalizar o no es solo un  aspecto del problema. En el mientras tanto el consumo aumenta. Redes protectoras  hacen falta frente al desamparo que culmina en la dosis letal. La Leycomo nos enseno el viejo filosofo Platón es “un camino para crecer”. Es la  dimensión ética  de la Ley: ayudar a crecer. E. Morín  nos decía que la peor de las barbaries de hoy, además de la tecnológica que en  sus aspectos negativos nos condena a ser siervos del objeto-maquina prestigiado,  es no poder entender la complejidad de los problemas y no abordarlos como un  conjunto, sistémicamente.

El problema de las  drogas es también sistémico. Supera el marco jurídico incluyéndolo dentro de una  perspectiva compleja de tipo educativo y de salud. Es la educación social lo que  nos alertara, de lo contrario seguirá creciendo la aceptación social del consumo  Por eso es la ética la que debe actuar; ética que es promover la vida.

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