MORIR ANTES

MORIR ANTES

“Somos una acumulación de células vivas que nacen crecen y van a morir…desintoxicar es dar tiempo a que la célula se recupere lentamente…para recuperar al cerebro luego de la experiencia de la dependencia a sustancias hacen falta por lo menos dos años luego del trauma para las neuronas de la exposición a las drogas…”

Dr. Javier Aizpiri Psiquiatra. Especialista en adicciones.

Bilbao (conferencia dada en GRADIVA)

El tiempo de morir está unido a la incertidumbre . La hora final es  incierta, pero quizás es lo único cierto : ocurrirá indefectiblemente. Me apasiona estudiar en jóvenes el intento pertinaz y compulsivo de anticipar el fìn. El adicto parece desafiar continuamente a la muerte para encontrarla a veces de una manera impensada; la tragedia de un accidente, el infarto cerebral, la vida vegetativa de aquel que en una sobredosis  perdió zonas vitales para la conciencia, la memoria, la atención y la comprensión de la realidad. La muerte en el adicto lo circunda, primero como desafío, luego como tragedia pero siempre como anticipación.

Nuestras células están preparadas para nacer, desarrollarse y morir. Somos en el fondo desde lo biológico un sistema “multimillonario” de células que trabajan en un menú principal que son los distintos sistemas orgánicos: renal, cardio-vascular, óseo, digestivo, endocrino, inmunológico, muscular, respiratorio, nervioso. El consumo de drogas, ya no hay dudas científicas, envejece al organismo y participa en la muerte celular. Anticipa la muerte de las células. Activa los llamados “gerontogenes” antes de tiempo y oxida a la vez los distintos sistemas. Una pedagogía de la calidad de vida trata de enlentecer la oxidación del organismo (o sea su envejecimiento prematuro) : alimentación equilibrada, actividad física, lucha contra el stress, descanso, etc. El adicto mientras tanto es un “fanático” de la oxidación de las células con nicotina, alcohol, y drogas en general.

Estudiando centenares de historiales clínicos de jóvenes consumidores voy a darles en sucesivas notas distintas formas de morirse pero también de rescatarse cuando hay intervenciones terapéuticas determinadas tanto por parte del paciente como de sus familiares. Son muchachos que atendí y que luego muchos afortunadamente tomaron el “colectivo” de la vida ; proceso terapéutico. Este continente celular tan maravillosamente descripto por J. Aizpiri trasciende lo puramente biológico; pensamos como personas , sentimos, tenemos una historia dramática que se anuda en la infancia y que de no entenderla; con drogas mediante , se puede transformar en tragedia.

Historia 1 : la vida parece ser una desmesura en algunos pacientes. Jorge un trabajador calificado había pasado por una debacle financiera ( fruto también de una depresión previa) en donde prácticamente entregó sus bienes a un grupo de financistas estafadores. Todo ocurre como escenario de la otra debacle del 2001 en donde las estafas , las defraudaciones y las quiebras surgían por doquier. Pero su ansiedad con su depresión previa lo llevó a querer hacer negocios rápidos. La depresión aumenta. Se transforma ya en un chofer empleado y ahí descubre “el milagro” ( así lo describe) de la cocaína. Rápidamente entra en  “marchas de consumo” ; entonces ya pierde todo. Hijos y matrimonio. Queda hipotecada su casa. Llegó casi sin memoria al centro de rehabilitación y también sin proyecto.

Pero socialmente hoy la “desmesura” parece tener un alto índice de prestigio social. En el alcohol se lo ve claro. “Tomate un vinito” que es el mejor “quitapenas” según la llamada “sabiduría” popular. El consumo de alcohol en menores subió enormemente en los últimos y los intentos de prevenirlos son muy débiles o se aprecian poco. Hay un elogio a la desmesura. Todo paciente es , desde mi punto de vista, también una caricatura de un modo de vivir social con signos de alienación.

Hoy Jorge està recuperando la memoria de su vida que lo llevó casi a la tragedia y está tratando de construir un proyecto de vida.

Historia 2: me ve hace unos meses un joven con sus padres que ha saqueado su propia casa. Para conseguir drogas vendió televisores, muebles ,etc. Su vida es una aceleración continua para conseguir ese pote alucinatorio llamado cocaína a la cual èl describe casi como si fuera una persona: “ esto es milagroso” al describir el primer encuentro con la sustancia para luego como un amante despechado dará en la entrevista :” la droga me sacó todo”. Luego me dirá : “…he arriesgado mi vida, me metí en una villa , ahí me pegaron un tiro…”.La droga en èl tiene un doble atributo : flash totalizador omnipotente y vacío de muerte. En su vida apresurada olvidó algo que es central; antes de empezar a consumir era un estudiante aventajado y un futbolista “promesa” de uno de los mejores equipos capitalinos. ¿Qué pasó ¿ Su amigo- padre quedó hemipléjico y con problemas cognitivos serios luego de un accidente cerebro-vascular. Ahí en ese dolor aparece la droga-sustancia –persona que atrapa rápidamente sus sistemas neuroquímicos .

Debemos reflexionar si en esta sociedad hay una enseñanza social del dolor, el duelo , las pérdidas . Perdimos nociòn de las palabras y los encuentros que permiten transitar el dolor para que el daño sea el menor posible e incluso poder crecer como personas desde la aceptación de lo que ya no puede ser de otra manera. Nuestra sociedad ofrece una química para todo. Esta devaluada la palabra.

Edificar ciudades preventivas que es lo que proponemos desde estas columnas es también una cultura de la salud mental tan devaluada, también, hoy. Esta cultura de la salud mental debe ayudar a la comunidad frente a la desmesura promovida y el dolor narcotizado. Tramitar socialmente desde las escuelas y las familias un “cultivo” de la palabra , los encuentros . Solo una posibilidad humana nos puede rescatar de una sociedad química.

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