¿…PADRES ESTAN?

¿…PADRES ESTAN?   

                        “Los adolescentes siempre son iguales, cambiamos los adultos…” J. Barylko. El miedo a los hijos.

Todos los días vemos nuevas familias en donde no existe un vínculo lingüístico, comunicacional y afectivo que los congrega. Estoy en Chile dando conferencias, las llamo familias nominales. Viven juntos pero no hay vivencia de estar juntos. Los padres parecen estar pero no es así. Está el padre, la madre, la heladera, el televisor, etc. Es más importante el vínculo con el televisor que con los padres. La soledad los convoca para perderse en la imagen coloreada. No hay dialogo. Nadie se humaniza ahí. En otros es la heladera el único contacto. El hambre es el lazo. Lo oral, pero no la palabra. A medida que profundizo la patología de los adolescentes de hoy agotados por la violencia y el consumo de drogas y/o alcohol más me sorprende el grado de inermidad en el que se encuentran. Parecería que buscan un límite que se ha mostrado inexistente en el ámbito inicial de la crianza que es la familia. Hoy el desborde en la salida del boliche bajo la marca de una golpiza, el tomar hasta el ras ya a los quince años, las “giras” que comienzan el viernes a las dos de la mañana y que culminan el domingo al mediodía son una señal no escuchada.

PADRES AUSENTES

 ¿Dónde estamos los adultos? Sin adultos no hay adolescentes nos enseñaba el gran analista R. Erickson. Mas tarde nos decía: “Sin confrontación del adolescente con el adulto no hay crecimiento sano”. No hay confrontación porque el lugar adulto quedó como un hueco. Se busca entonces en la dura realidad un límite; hoy ese límite está en un paredón o una columna luego de un accidente, en una banda superior en fuerza que deja tendido a alguien, en un coche policial que recuerda la escenografía decadente que nos muestra el brillante programa “Policías en acción”. La sala de guardia del hospital atestado los fines de semana son los retratos fieles del Saigón actual en donde la fiesta es una desmesura y donde el exceso llega casi a estados comatosos. Fiesta o búsqueda del Límite final que es la muerte. Un grande del psicoanálisis llamado J. Lacan decía: “La ley habla a través del padre, de una palabra de mujer o desde la muerte misma (cuando lo otro no es escuchado). La “parca” está siempre ahí cuando no escuchamos o no nos hablan. Cae el mundo adulto pero no de ese  señor bigotudo que da o no da la llave como en la década del 60, cae un orden de palabras, orientaciones, confrontaciones, negociaciones, encuentros desencuentros, consensos.

El Padre no está, aunque esté. Es una función lo que está ausente. Es un padre que puede ser par o cómplice, compañero, adolescente mimetizado con él. Pero nunca el padre en su función es simétrico, ya que instala la diferencia y precisamente por eso educa. En otros casos en donde la situación es ya mucho más grave  ya parecen estar pero  es solo un agujero, un vacío. Una sombra de lo que deberían ser. Una nada que nada significa ni orienta.   El adolescente parece vivir solo.

CRECIMIENTO AUTISTA

 El adolescente parece crecer solo. Los padres se quedaron en el vestuario y entonces la vida parece ser  un juego sin árbitros en donde  el arbitrio como capricho narcisísticos es ley. El maestro de psicoanálisis argentino G. Maci dice: “ante la caída del orden simbólico familiar aparecen dobles protectores”. No hay acompañamiento simbólico en el desarrollo  y esto parecería  quedar suplantado por distintos “padrinos” que están en las esquinas, en los “transas”, en los pato-vicas o en el relacionista publico del boliche prestigiado. Esos dobles protectores más que abrirnos caminos nos introducen en un túnel. Luego esto  se traslada a otros ámbitos, colegios tomados en donde vemos la soledad de un director tocando timbre para ver si puede entrar o recibiéndolos en el bar de la esquina ya que la escuela está ocupada y también padres que se alían y aplauden la descompensación social. La función paterna aparece en nuestra sociedad devaluada ya que es una caricatura en directores, guías, consejeros, o en aquellos que están colocados en la condición de conductores. ¿Donde quedó el mundo adulto? Somos todos adolescentes. Hay  tres funciones de la vida familiar: a- nutrir de amor, palabras, orientaciones; b- darle al niño la praxis de un mundo organizado: limites, fronteras entre generaciones; educación de la voluntad y hábitos de vida y fundamentalmente que no hay ningún orden social sin jerarquías basadas no en “jinetas” sino en la transmisión de experiencias y c- trasmitirle valores, instrumentos y técnicas para el “saber vivir”. La familia es nutritiva ordenadora del mundo y transmisora de ideales y valores. Pero para que esto se dé tiene que haber adultos. Hoy en muchos lugares parece haber solo adolescentes que un lugar de adultos y que transmiten el vacío. H. Giddens, el gran sociólogo y filosofo  ingles nos enseño: “cuando cae la tradición aparece la adicción (y todos los comportamientos violentos). Tradición que es etimológicamente hablando transmisión de notas de vida ¿pero hay adultos que transmiten? Las familias nominales parecerían ser  el fruto del autismo en el cual vivimos.

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