Valorar la Vida IV

Valorar la Vida IV

«Cuando la barbarie esta instalada en la ciudad y en las  relaciones humanas es porque ha fallado la interiorización de la ley en muchos individuos”

E. Morin.

Cuando escuché esto de boca de E. Morin en un reportaje al que concurrí  con él a un canal porteño entendí mucho más todo. El gran problema de la  antisocialidad, la barbarie y la violencia es que la sociedad no es algo externo solamente; mora en mí y desde ahí surge el vínculo y los lazos humanos.  La opinión publicada pide más leyes, más normas . Nadie se plantea que no están  fracasando los  vínculos, los lazos , base ésta de la socialización auténtica. El maestro de analistas  argentinos G. Maci que supervisa pacientes adictos que atendemos nos enseña que  la sociedad necesita estar dentro; es como si existiera una “endo-sociedad” para  que podamos convivir. Por lo tanto la noción de sociedad está vinculada a la  transmisión o sea las donaciones que establecemos cotidianamente con los más  jóvenes, especialmente. Transmisión que no solo es donación , sino que también  es sacrificio o sea dejar parte de sí (lo mejor) para entregarlo a otro.  Transmitir es ofertar . Un paciente me lo enseña; niño-joven que ha sobrevivido  en la calle en un dialogo terapéutico grupal hablamos de sus cambios en la  comunidad terapéutica y sencillamente me relata; “acá descubrí la civilización”. La calle es la barbarie. Aquí “hablamos, escuchamos, hay normas, límites,  derechos y obligaciones”. Me describe a la calle como el mundo de la  prepotencia, el grito, el pacto siniestro, la “transa”. En el boliche hay un “para-mundo” con otras leyes o una “para-ley” en donde el trago, la entrada o la  dosis puede culminar con la “transa” de una fellatio, por ejemplo. En el mundo  de la calle en estado de barbarie el que está solo no sirve; formar parte de  bandas o grupos es parte de una protección o de una forma de tener identidad. La  identidad es de la horda o sea de la masa; ya no es más individual. Así el no  hablar, el no pensar, no sentir y no confiar se transforman en los signos de la barbarie. La civilización que él encuentra en la comunidad terapéutica  es poder hablar, aprender a pensar, no temer al corazón sensible y dar crédito  al otro. Se está humanizando. La sociedad vive en él y ya es un humano en  convivencia. La sobrevivencia callejera nos remite a la decadencia simiesca. No  somos personas. Somos objetos unos contra otros. Todos contra todos. Si la  sociedad no está interiorizada es porque fallan los transmisores o sea padres y  padres sociales (docentes, autoridades, etc.). La ley interna de humanización se  transmite. Es un dialogo entre generaciones. H. Giddens en su libro “El mundo  desbocado” nos enseña que la destradicionalización es el germen de la adicción.  Tradición es transmisión. Padres sociales y biológicos a hijos. Se toma o no lo  que se brinda. Pero el problema es si ofertamos socialización o sea  humanización. Dijimos que transmisión es donación y sacrificio y esto es una  renuncia a nuestro Ego . Cuando ofertamos amor, sentido y valores a nuestros  hijos reencontramos nuestro sentido como personas pero previamente debemos “limar” nuestro egocentrismo Cuando hay mucha omnipotencia en el mundo adulto  parecería que no hay sacrificio, donación y oferta. ¿Dimitimos los adultos de  nuestra función?

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