Valorar la vida VI

Valorar la vida VI

“En  lo que hace a la familia hay que rehabilitar de alguna manera la Ley del Padre;  el drogadicto juvenil proviene de todos los medios sociales, pero si existe un  común denominador es la ausencia del padre como detonante”

C. Olievenstein

Mas adelante nos dice: “… la mejor prevención es la que  se puede hacer en el seno de una familia que transmite valores verdaderos,  ternura… el padre no necesita ser sádico para prohibir, no tiene por que ser  el amigo de su hijo…”

La drogadependencia hoy es definida como un “apetito de  muerte.” Un suicidio programado. Suicidio que delata venganza contra sí mismo y  que pone también en riesgo a otros.

¿Qué vemos todos  los días en el consultorio?.Madres solas, padres inexistentes, perdidos,  ausentes, inhallables, nunca vistos, golpeadores, paranoicos, algunos otros  abusadores; esta escena se repite. Pero siempre hay un padre concreto que no  puede representar valores de salud y transmitir notas de vida. La sideración de  la figura del padre resultar una nota clave de estos años. Así crece el apetito  de muerte. Todo unido a un gran desmembramiento familiar, incluso sin tíos,  primos, en muchos casos abuelos que todos ellos podrían operar como paternidad  sustituta. Pareció acabarse la familia extensa. Ni hablemos de los barrios; en  algunos salír a la calle es enfrentarse a una oferta puerta a puerta de drogas.

Sociedad desmembrada. Sociedad sin transmisores. En todo  esto la figura del padre es fundamental. Tienen padre biológico; pero el  fenómeno de la paternidad es una adopción. El padre no es un semental (de  semen). Padre es quien adopta a un hijo. Madre cierta es… – decían los  antiguos – Padre incierto es… porque precisamente es padre el que adopta, hace  suyo a un infante y le transmite notas de vida.

Es diferente la paternidad como procreación (prohijar  biológicamente) de la progenitura que es darle a alguien un lugar en el mundo,  no solo un apellido; sino una historia. Es un modo de transmisión. Ceder notas  de vida al hijo. Por eso la paternidad es ocupación constante, no sólo  preocupación y  con la permanente  sensación de la aceptación o del rechazo por parte del hijo. Situación ésta  necesaria para el crecimiento como lo es la rivalidad generacional. Sin  rivalidad no hay cultura. El drama de muchos chicos es que no hay oferta de  paternidad. El vagabundeo por las calles reemplaza a la orientación. La banda o  la tribu a la misma familia. Esta escena adolescente de venganza a través de la  inserción en tribus, nació en horas y horas de vacío en la infancia. Vacío de  padres y de contención . Luego viene en la adolescencia la venganza. Venganza  hacia sí, quizá como dice el maestro de analistas G. Maci “venganza por haber  nacido y de haber nacido” y venganza hacia otros como sustitución y  desplazamiento de los padres que lo dejaron “huérfano”.

Aunque es una orfandad muy especial porque es con padres,  televisor, internet, cyber, etc.

Así se genera una vida no valorada, una muerte precoz que  tiene en ese “elixir venenoso” que es la droga y que es paradójicamente “prestigiada” por una sociedad confundida que encuentra en  su dosis  diaria la huída que lo precipita en el vacío .

Conmover esto implica un acto masivo de toma de conciencia  ya que es muy grande numéricamente el problema. Por eso hoy no solo hay que  tratar personas y familias, sino ciudades. Organizar ciudades preventivas. Recrear paternidades sustitutas de tipo  social e instituciones contenedoras.

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