SER PADRE

SER PADRE

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Ser es cancelar la nada. Afirma una potencia que transforma. Ser Padre es mucho más todavía porque instala a la cultura en ese otro que es nuestro hijo y al transformarlo en persona por el acto de la palabra y la nominación lo ubica en la historia. Darle un nombre y apellido, generarlo con la fuerza del paquete seminal junto a la potencia de la maternidad se unen a la ubicación dentro de un orden parental en donde al ser hijo le da derechos y deberes. Padre biológico por la potencia del “padrillo” en el campo de lo biológico. Pero la paternidad no se agota en eso. Muchos fueron solo eso: padres biológicos. También ni siquiera nominaron su función genésica o sea no le dieron nombre y prohijaron legalmente a alguien. Abandono no sin consecuencias por supuesto; campo fértil para futuras venganzas en otros padres y adultos sustitutos que encontrará a lo largo de su decurso vital (la delincuencia juvenil y los trastornos de conducta abrevan en estas historias de no prohijamiento legal inicial). Todo esto unido al peor de los desamparos que es el simbólico: no hablar, no orientar a un hijo se transforma en el desierto de la desesperanza y la desesperación.

La paternidad es además como potencia del ser desde la nada a la creación una transmisión y una donación. Somos padres en la medida que transmitimos, donamos nuestro ser. Morimos un poco en nuestro Ego idolátrico para trascender en el hijo que es nuestra obra para luego ser en su independencia el autor de su propia vida pero nunca dejando de reconocer ese antecedente que lo constituyó como tal. Donamos emblemas, palabras, sentidos, una historia que al ser la de nuestros ancestros es carga y cruz pero también es referencia, dirección y salvación. El drama de hoy es que al crecer muchos en la” intemperie” sin ancestros no tienen contra quien rebelarse y el masoquismo y la autodestrucción están ahí. Si no hay un orden simbólico previo no hay rebelión posible. La paternidad al ser donación es sacrificio. El pago a ese sacrificio es el reconocimiento. El abrazo afectivo del hijo, la sonrisa, el orgullo del propio apellido pronunciados son el mayor de los placeres del hombre: el placer en lo simbólico .El placer que depara la paternidad. El padre hace al hijo y el hijo hace al padre. Tarea mutua de reconocimientos. La oferta de padre crea el amor filial .El padre que no se oferta no genera empatía. El hijo a su vez con su respuesta incluso agresiva llama al Otro a ser Padre.

RIVALIDAD Y ALIANZA

Siempre se menciona la paternidad desde el signo de la rivalidad entre padres e hijos. La rivalidad es un momento necesario para la escucha, la diferenciación e incluso la aceptación por parte del hijo de ciertas leyes de la sexualidad que se aprenden ese circuito cercano entre padres e hijos (no al incesto por ejemplo y si a todo aquello que lleve a la independencia exogámica). Rivalidad que a veces resurge cuando el padre debe dejar el lugar al hijo pero que cede cuando comprende que se rejuvenece al permitir y dejar que el “árbol tribute sus frutos “en un decir poético. Al anunciar el hijo la propia muerte del padre por el paso del tiempo éste trasciende en la obra del hijo en donde se ven señales mejoradas y más perfectas de aquello que él sembró. Pero el Padre es una nueva alianza; no solo es rivalidad. La cultura se asienta en la transmisión generacional o sea aquello que sucede entre abuelos, padres e hijos. Si nuestros padres fallan groseramente en su función la vida y la cultura, con suerte, nos deparará “padres sustitutos” que permitirán que ese “animalito analfabeto” que somos al nacer se transforme en persona (maestros de la vida, amigos, vecinos, etc.). No podemos crecer sin modelos. Ahí detrás del modelo se transparenta la ética y la escala de valores. Porque la paternidad no solo es prohijamiento legal, biológico, transmisión, donación y sacrificio sino que fundamentalmente es adopción. Para los antiguos y el saber clásico Padre era aquel que adoptaba; el que hacia suyo a “alguien” que era” nadie” hasta ese momento y lo ayudaba, precisamente a ser alguien. La virtud del padre que adopta es transmitir la Palabra y ahì destituye los fetiches y muestra que la vida pasa por los afectos, las vivencias, los deberes y derechos compartidos. Que la vida es poesía y no solo objeto prestigiado por la sociedad de consumo y del marketing.

ENSEÑANZAS DE LOS PACIENTES

La clínica de jóvenes y el consultorio nos muestra todos los días a Padres irascibles, violentos, mesiánicos, demagogos, ausentes, incapaces de separar al hijo de la madre, débiles,

Ahogados en sus síntomas o adicciones en muchos casos,

Abandonadores, Inmaduros y compitiendo con sus hijos .Pero paradójicamente éstos una vez instalados en un tratamiento, luego del paso por las drogas o el delito, encuentran en la palabra de un” padre sustituto” (habitualmente alguien del equipo terapéutico) un conjunto de palabras, sentidos y orientaciones que precisamente estaba buscando detrás de todas sus dolencias. Los síntomas eran un llamado al Padre. Lo mismo sucede con los Padres que se reencuentran a sí mismos. En suma, la Paternidad es màs que una función psicológica y cultural ya que interviene en el progreso espiritual de la humanidad. Es la primacía de la palabra frente al fetiche que encubre el vacio.

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