Hijos de nadie.

                            “El nomadismo es un intento de encuentro con el gran Otro” M. Maffesoli. El nomadismo.

Las historias de vida nos ayudan a entender ciertos fenómenos en donde la vida pide vivir. La esperanza se construye como una vida que puja por vivir , como nos lo enseñó el gran maestro francés E. Morin. Jorge era uno de los tantos jóvenes que merodean los barrios cobrando peaje, viviendo de la limosna también y organizando pequeños robos en el vecindario. Nació en 1980. No conoció a su padre. Su madre prácticamente lo abandonó aun viviendo con ella y con siete hermanos más de distinto padre. Un padrastro lo golpeaba luego de las habituales borracheras. Recuerdo cuando me contaba un suceso enormemente traumático; su padre volvió del bar confuso y violento y lo colocó, teniendo Jorge 9 años, bajo una ducha fría en invierno y lo golpeó con saña con una manguera. La rabia contra el padre se transformó en un sueño de vida nómade. Al fin de cuentas el hombre cuando nace necesita echar raíces y luego lanzarse a la aventura de vivir.

 Él no pudo echar raíces porque el desvalimiento, el desamparo y la falta de reconocimiento con violencia lo lanzaron a formar parte de los nuevos nómades de este siglo. La aventura del vivir sin haber habitado una situación de reconocimiento lo lanza al desierto, al éxodo de la nada siendo todavía nadie. Al fin de cuentas los indios guaranies soñaban con una tierra “sin mal” y salían a buscarla en su nomadismo. Para Jorge el “mal” estaba en la casa. El bien fantaseado estaba según un relato barrial en un tren idealizado que llevaba al centro, desde su Moreno natal. El centro para los pares, también golpeados y no reconocidos en su humanidad era Caballito-Primera Junta. Va hacia allí como un “extranjero sin valijas” con una ilusión que era también rabia hacia sí y hacia los otros que debían ser muy parecidos a ese intruso golpeador o a la madre abandónica. Un verdulero de la estación Caballito lo acoge y se convierte en un changarín que lleva de un lado a otro mercaderías a cambio de comida. Un portero del barrio le brinda un zaguán para dormir. Desde los diez años la calle lo gana. Pegamentos, alcohol, marihuana. Empieza ya la carrera del joven crónico: comisaría, institutos, hogares, etc. De todos lados se fuga y el deterioro del consumo avanza. Lo conozco en el 2000. solo quiere golpear o matarse.

EL CAMINO DEL CAMBIO

 En varias oportunidades en una comunidad terapéutica intenta suicidarse con objetos cortantes, sabanas e incluso ahorcarse con su propio calzoncillo. Era un paciente casi terminal, pero poco a poco se relaciona con el grupo de profesionales y con compañeros y su cambio es evidente. Especialmente con un psicólogo que siempre lo salvó de sus autodestrucciones. Al cumplir 21 años y vencer el plazo de la beca de una institución pública de la minoridad tiene que irse. De vuelta a la calle y a las drogas. Termina en la cárcel. Son varios años en donde vaga de hospitales públicos a comisarías, juzgados y por último la cárcel.  Pero la experiencia vivida en la comunidad terapéutica que debió abandonar a los 21 años lo marcó. Se transformó en un sueño de un proyecto de vida distinto. Desde la cárcel llamaba al terapeuta que lo salvo varias veces de la muerte. Era la imagen de padre buscada durante tanto tiempo y que más que golpear reparaba, contenía y constituía. Pide entonces hablar con el Juez de la causa (otra figura paterna sustituta) quien le da la posibilidad de vivir en una Iglesia y colaborar con un sacerdote (otra vez la función paterna). Hoy a los 26 años Jorge trabaja y va ser papá y empezó un tratamiento con aquel psicólogo que lo habilitó para vivir y lo reconoció como persona. Pasó de ser nadie a ser alguien. Los avatares de la vida lo llevaron construir un matrimonio y una pareja. Estudió para ser operador terapéutico y hoy trabaja en un centro de la Provincia de Buenos Aires. Este hijo de nadie se encontró como un alguien . Hubo algunos (juez, terapeutas, instituciones humanizadoras, una mujer, un hijo ) que como figuras significativas lo ayudaron al encuentro con el ser alguien. De ser nadie  a ser alguien a través de algunos, he aquí el camino de la vida.

Dr. Juan Alberto Yaria.

Director del Instituto de Estudios superiores GRADIVA  de adicciones y patologías del desvalimiento social

Compartir