EL mundo de la Cocaina

“Somos la generación del aquí y ahora, pasa todo muy rápido y un momento ya fue” Adrián Suar comentario acerca de la muerte de Juan Castro, Revista Noticias.

Somos el país que màs consume cocaina de Amèrica del Sur . No me apasionan en este momento de mi vida las estadísticas sino en analizar que significa en nosotros este modo de vivir. Cocaina es igual a excitación desde la desmentida de una realidad habitualmente frustrante o dolorosa y entonces mágicamente nos transportamos a un mundo en donde lo imposible rápidamente “creemos” que se hace posible. Los que  tratamos todos los días pacientes adictos y especialmente a la cocaína y a la pasta base entendemos la multitud de personajes y las historias trágicas que  la novela televisiva “El tiempo no para” narraba genialmente, hace unos pocos años,  en una sucesión desenfrenada de  escenas  el vértigo y tambien ,porque no, un retrato de cómo vivimos en nuestra sociedad si no tenemos la sabiduría de ejercitar la conciencia ante un panorama alienante y separarnos inteligentemente de este modo de existir.  En aquel momento la visión y comprensión de esta serie televisiva argentina me parecía un retrato fiel de lo que vivía todos los días en mi consultorio atendiendo pacientes  alienados en el vértigo y el olvido de si que les proporcionaba la cocaína  e incluso la mayoría de los personajes eran consumidores habituales de esta droga.

Nuestra época se caracteriza por la rapidez , con la peculiaridad  que a veces èsta nos lleva tambièn a nosotros. Ahí empezamos a estar alienados o sea extranjeros de nosotros mismos. De la rapidez pasamos tambièn a la aceleración en donde ya hay un desorden simbólico o sea un desajuste con la realidad que se nota claramente como una perdida de sentido de la realidad . A mayor vértigo mayor locura . La locura no seria solo un déficit intectual, afectivo o cognitivo en el contacto con el mundo. Es, fundamentalmente una ruptura de lazos (eso es fundamentalmente la ruptura de lo simbólico). Nos vamos quedando solos precisamente porque hemos elegido omnipotentemente la residencia en una “localidad alucinatoria “ en lugar de vivir el conflicto de la lucha cotidiana con el otro y los otros. El reaseguro del la aceleración es la omnipotencia en donde “nos vamos creyendo “ la propia alucinación en la cual vamos viviendo. De ahí al topetazo con la realidad hay solo un paso.

LA COCAINA NOS “COME”

 En esta época llamada post-moderna y también post-social por la “liquidación” del otro como prójimo –próximo (el otro parecería no existir o solo para ser burlado, transgredido o usado) el tiempo adquiere una dimensión cataclismica y explosiva. Ni siquiera se respeta a la cronología, el tiempo del reloj se acelera por el frenesí de la ansiedad que marca un rigor temporal distinto como es el del impulso. Así se hace cierta la máxima de los griegos  en donde el Dios Cronos (el Dios del tiempo) se comía a sus hijos.  En la novela, a la cual nos referimos, cada  uno de los personajes va cayendo devorado por sus actos que son propuestos por la vorágine que se les impone. El tiempo interno, el tiempo subjetivo no existe. El pensar queda suspendido. El impulso manda. La pregunta no existe ya que en toda pregunta hay una apelación al otro y a la mismidad más profunda para sacar conclusiones que nunca son concluyentes sino abiertas a lo que los otros también nos digan. Todo es una respuesta marcada desde la cultura del “ombligo”; hago “esto o aquello” porque me da la gana. Así surge la violencia ante la dura realidad que a veces nos dice  no o  la paranoia que surge como venganza frente a la adversidad de los hechos; todo esto intenta  suplantar al tiempo de la espera y la reflexión. El tiempo como vértigo  se “come a sus hijos” como en la mitología griega y en la novela, lo cual  resulta ser un retrato fiel de la vida cotidiana en ciertos ámbitos.

El tiempo que no para es el tiempo del impulso que  necesita “combustibles” o sea una adrenalina supletoria que proporcione un mundo alucinado que deriva para suplantar la adversidad constante que implica el vivir.

Ese combustible es la droga estimulante en esta sociedad. Los últimos datos oficiales hablan del aumento de las drogas estimulantes “artificiales”; la pasta base creció en 4 años un 300 %, los solventes, hidrocarburos e inhalantes un 250 %, la cocaína aumenta en su consumo del 2,1 al 2,9 % de la población escolarizado y las pastillas estimulantes (anfetaminas, éxtasis por ejemplo) también subieron llegando al 2,8 % de la población estudiada. Es bueno recordar que la pasta base ya no es patrimonio de clases desposeídas, ya que comienza a observarse un consumo en otros sectores sociales. Pensemos si se hubieran realizado estos estudios en población no escolarizada. Probablemente todo los datos serían más altos. El estimulante (como en la novela en donde la droga esta naturalizada como algo habitual) es el supletorio que complementa la vorágine. Agrega más vorágine y precipita a los personajes al vacío.

¿Cómo SALIR DEL TUNEL?

Jean Cocteau en su libro Opio nos dice “la droga es la única manera de saltar del túnel de la vida”. La vida como túnel, como oscuridad sin luz ni sentido. Ese tiempo cataclismico marcada por un “combustible” prestigiado socialmente surge desde la nada de sentido. No hay luz. Pero es, por lo menos,  un salto. Un intento alucinado de crear otro mundo aunque sea por un instante. Instante cada vez más pequeño ya que la abstinencia de la droga, la falta de ella en nuestro cuerpo y mente nos devuelve al túnel.

El “combustible” elegido les permite por un instante la omnipotencia de atravesar todos los limites. Ir a mil se transforma en un fin en sí mismo.

La droga así seduce, se transforma en un modo de dominio en un mundo de Poder, como nos enseña el maestro en psicoanálisis Guillermo Maci. Quedamos sometidos al vértigo para salir del túnel (vida a la cual no le hemos encontrado ideales superiores al “ombligo”) y sujetos al “combustible” mortífero de nuestras neuronas y nuestra mente como son las drogas.

Todo sea por comprar por un” ratito” un mundo alucinatorio que nos permita, también “por un ratito”, salir del túnel. Quedamos presos del tiempo que no para. Es el nuevo campo de concentración en la sociedad post-moderna. Es el tiempo del ya, del impulso; ahí somos nadie o somos nada. Nos aseguramos, eso si, el vacio y además nos convertimos en fundamentalistas y propagandistas de la nada . Testimonio solo “hacia afuera” mientras que “hacia adentro” es un arrepentimiento diario en un mundo en donde ya no encontramos salidas. Es que nos hemos quedado sin Voluntad que como decía en sus primeros estudios , allà por el siglo XIX  P.Pinel,  es lo primero que destruye el drogarse.

Dr. Juan Alberto Yaria.

Director del Instituto de ESTUDIOS SUPERIORES GRADIVA EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL

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