El odio como “veneno” social

“…a cada jugador de  Instituto de Còrdoba le vamos a poner una bala si no gana “(crónica periodística sobre un grupo de hinchas cordobeses )

El odio parece ser la escala final de la megalomanía del Yo.  Desde este altar supremo no existe màs certeza que la mia. Asì decretamos la cesación del otro . El odio surge asi como parte de esta amputación del diferente de mi horizonte. De ahì al exterminio hay solo un paso. El delirio vengativo como una certeza inconmovible suplanta a cualquier otra cosa.

La realidad argentina de todos los días nos muestra al odio como actor central. Desde los crímenes más violentos hasta el insulto más grosero en tribunas adultas en donde el otro es denigrado, descalificado, violentado. El fútbol es una escena privilegiada entre “barras bravas” , muertos en refriegas de grupos antagónicos o amenazas de vida a dirigentes (este fin de semana corre riesgo de vida el vicepresidente de Independiente a mano de la furia de ciertos hinchas). El precio de la no violencia en los clubes  o de una paz relativa se cotiza muy alto en dinero.

La política es otro territorio en donde el Poder erotizado justifica toda tropelía. Estas pasiones destructivas también  se observan en el delito con el ensañamiento con el otro culminando en muchos casos con violaciones hasta el saqueo de las pertenencias y  los bienes ajenos privados y/o públicos .

 El odio culmina en  el aniquilamiento del otro . Es una pasión que enceguece y oscurece nuestra conciencia. Siempre la luz esta del lado de la conciencia y del reconocimiento del otro; tanto en la Biblia (Dios “hizo la luz” que no solo debe entenderse en lo visible sino como la luz interior que permite “ver” mejor al otro) como en la sabiduría oriental budista en donde la oscuridad de la conciencia esta siempre ligada a lo siniestro. Incluso los maestros orientales enseñan que el odio “envenena”. El odio trae mas odio; de ahí la respuesta de Ghandi como paradigma de la licuación del odio a través de la no-violencia.

LA PARANOIA

En nuestro país el odio venenoso surge en distintas escenas de violencia, ira, orgullo, envidia, imposibilidad de pensar y, fundamentalmente de resentimiento. Nos estamos transformando en una sociedad de sordos y ante esto surge la paranoia como el único discurso posible: la aniquilación del otro. Aquí vale recordar la sentencia talmúdica: “…si no oyes no hay Dios, eres tu mismo Dios”.

El odio se expresa fácticamente en la escena social como la violencia que es la cesación máxima de la ley que es el reconocimiento del otro. Solo surge un tropel de actos reivindicativos que no son mas que una venganza que siempre se alimenta a sí misma. Entonces no pensamos. Parecería que el líder que más grita, amenaza o clama venganza es el mas prestigiado. Nos transformamos en caníbales.

El  odio-violencia-resentimiento es también adictivo; una vez que se libera y no acude el pensamiento, la razón y el amor para contrapesarlo reina indómito arrasando con todo lo que encuentra afuera y adentro (daños a nuestro sistema de defensas inmunológico, la función endocrina y todo nuestro sistema cardio-circulatorio). Incluso se bloquea el lóbulo frontal del cerebro, que es el sesgo diferencial con los animales; como también sucede con las drogas.

LA VENGANZA

También es epidémico el odio; se contagia como pasa con el drogarse, ya que surge como la única respuesta posible socialmente ante un conflicto humano y social. Al mismo tiempo se aprende de padres a hijos, de padres sociales a ciudadanos que pierden su condición de tales y son masa. El aprendizaje abreva en el suelo cenagoso e inseguro de la anomia que es la “anemia” de normas y valores que surgen en las crisis sociales. El nutriente de este terreno anòmico es  la venganza como refugio clásico del odio  y el motor justificador de cualquier daño .

La anomia fomenta la masificación y èsta la tendencia a la obediencia automática: el vandalismo suplanta al dialogo y la orden de aniquilar es de obediencia debida. Ahì opera el cerebro “automàtico” ya  no hay critica porque esta requiere criterio y el criterio es un atributo de una cierta interioridad. La crìtica deriva de la mismidad. Nuestra mismidad es nuestro mayor tesoro y el refugio clave de nuestra libertad. En la obediencia automática al Fhürer , que quiere decir líder,  la libertad cede ante el seguimiento fanático. El fanatismo reina sobre el pensamiento. La interioridad se pierde y el hombre es pura exterioridad bajo una consigna paranoica y vengativa.

Recuperarnos de las emociones destructivas como el odio es recuperar la humanidad. Así, hoy, estamos “envenenados”. En los cuentos orientales se dice que el pavo real es el único animal que puede comer una planta venenosa y embellecer su plumaje sin morirse. En lo humano son los sabios, los santos y las mentes lúcidas los que  superan el odio e inauguran la vía del dialogo, o sea del amor. Recuperar la humanización es pasar del exterminio del diferente al dialogo, el concenso, la confrontaciòn dialéctica y la negociación.            

Dr. Juan Alberto Yaría

Director del Instituto de Estudios Superiores GRADIVA en Adicciones y Patologìas del Desvalimiento Social

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