El odio y Francisco

“Necesitamos una alfabetización emocional»

Dalai Lama.

La realidad de todos los días nos muestra al odio como actor central. Habla nuestro Papa del amor y todo parece estremecerse. Rápidamente es denigrado su mensaje. Desde “medioeval” hasta retrógrado se le dice desde el “pulpito” del racionalismo y la supuesta “progresía”. Pienso que hemos perdido, quizás, la dimensión espiritual de la existencia en donde el amor o sea lo que une y re-une es lo que nos rescata del odio y la destructividad .Al fin de cuentas desde los griegos sabemos que dos dioses nos disputan: el Amor y el Odio. El odio parece abrevar en la anti-humano. El amor es lo que nos hace trascender del ombligo de nuestro Ego. Este suma y multiplica mientras que el otro resta y divide.

Odios en las canchas donde “barras bravas “ se disputan el territorio .En las parejas con conflictos, mientras tanto, la violencia y ese amor frustrado que se transforma en odio se transforma en espectáculo a la vista de los demás especialmente frente a los hijos e incluso en escenas callejeras. También el odio participa de los crímenes más violentos hasta el insulto más grosero en tribunas adultas en donde el otro es denigrado, descalificado, violentado.

Parecería ser el aniquilamiento del otro lo que busca el que odia. Es una pasión que enceguece y oscurece nuestra conciencia. Siempre la luz esta del lado de la conciencia y del reconocimiento del otro; tanto en la Biblia (Dios “hizo la luz” que no solo debe entenderse en lo visible sino como la luz interior que permite “ver” mejor al otro) como en la sabiduría oriental budista en donde la oscuridad de la conciencia esta siempre ligada a lo siniestro. Incluso los maestros orientales enseñan que el odio “envenena”. El odio trae mas odio; de ahí la respuesta de Ghandi como paradigma de la licuación del odio a través de la no-violencia.

En nuestro país el odio “venenoso” surge en distintas escenas de violencia, ira, orgullo, envidia, imposibilidad de pensar y, fundamentalmente de resentimiento. Nos estamos transformando en una sociedad de sordos y ante esto surge la paranoia como el único discurso posible: la aniquilación del otro. Odio y paranoia, a su vez, alimentan permanentemente el resentimiento que parece ser el motor vengativo por excelencia. Venganza, resentimiento, odio y paranoia: verdaderos venenos. La envidia complementa esta escena en donde la muerte del otro parece ser clave, aunque, así también morimos nosotros.

VIOLENCIA Y RESENTIMIENTO

El odio se expresa fácticamente en la escena social como la violencia que es la cesación máxima de la ley que sería el reconocimiento del otro. Solo surge un tropel de actos reivindicativos que no son más que una venganza que siempre se alimenta a sí misma. Entonces no pensamos. Parecería que el líder que más grita, amenaza o clama venganza es el más prestigiado. Por momentos el canibalismo como anti-valor se entroniza como lo único vigente. Nos vamos transformando en caníbales.

El odio-violencia-resentimiento es también adictivo; una vez que se libera y no acude el pensamiento, la razón y el amor para contrapesarlo reina indómito arrasando con todo lo que encuentra afuera y adentro (daños a nuestro sistema de defensas inmunológico, la función endocrina y todo nuestro sistema cardio-circulatorio). Incluso se bloquea el lóbulo frontal del cerebro, que es el sesgo diferencial con los animales; como también sucede con las drogas.

También es epidémico el odio; se contagia como pasa con el drogarse, ya que surge como la única respuesta posible socialmente ante un conflicto humano y social. Al mismo tiempo se aprende de padres a hijos, de padres sociales a ciudadanos que pierden su condición de tales y son masa. El aprendizaje abreva en el suelo cenagoso e inseguro de la anomia que es la “anemia” de normas y valores que surgen en las crisis sociales.

ODIO Y OBEDIENCIA AUTOMATICA

La anomia fomenta la masificación y esta la tendencia a la obediencia automática: el vandalismo suplanta al dialogo y la orden de aniquilar es de obediencia debida. No hay critica porque esta requiere criterio y el criterio es un atributo de una cierta interioridad. En la obediencia automática al Fhürer (quiere decir líder) la libertad cede ante el seguimiento fanático. El fanatismo reina sobre el pensamiento. La interioridad se pierde y el hombre es pura exterioridad bajo una consigna paranoica y vengativa.

Recuperarnos de las emociones destructivas como el odio es recuperar la humanidad. Así, hoy, estamos “envenenados”. En los cuentos orientales se dice que el pavo real es el único animal que puede comer una planta venenosa y embellecer su plumaje sin morirse. En lo humano son los sabios, los santos y las mentes lúcidas los que superan el odio e inauguran la vía del dialogo, o sea del amor. Francisco quizás nos recuerda nuestro destino de humanos.                                   

Dr. Juan Alberto Yaría

Director del Instituto GRADIVA en Adicciones y Patologías del Desvalimiento Social

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