Peste Blanca III

«…olvidamos por un momento penas pero a costa de negar nuestra condición miserable”

“Phantastica” – 1924.L.Lewin neuro-farmacologo

La peste “blanca”, forma popular de mencionar una epidemia y pandemia, ataca hoy todos los estratos sociales. Desde los “barras bravas” que buscan en la “blanca” un refuerzo extra para la euforia artificial y la violencia sin culpa por lo que realizarán hasta en los boliches donde hay muchos a la búsqueda de pastillas estimulantes; todos ellos alaban el “secreto” poder de aquello que ansían pero que también saben que los condena. Amor ambivalente a las sustancias. Se odia aquello que se busca. A millones de usuarios les pasa esto. Drama del compulsivo: ama aquello que, a la vez, odia. Esa ambivalencia alarma y deteriora lo mejor que tenemos que es la voluntad. Ya el gran maestro de la psiquiatría Ch.Pinel sentenció que el adicto era impotente ante su síntoma compulsivo. Todos los días quería no hacer aquello que hacía. A medida que progresaba en su camino hacia la dependencia veía alejarse su capacidad volitiva. Era un observador de su propia decadencia. No podía hacer nada; ya sus “brazos “no respondían. Es como un auto que ya se quedó sin los frenos y embrague. Solo acelera. Mientras tanto en el automatismo de la pérdida de la libertad, sea ya, en los pasillos de las villas o en las esquinas de un barrio los humos del Paco estimulan un mundo de excitación que no durará más que 20 minutos. Hasta volver a empezar para terminar cada vez más rápido.

Historia, toda ésta, también económica. Estamos analizando los capítulos de esta peste que hoy llena sanatorios e incluso pone en cuestión a los médicos clínicos y en general a todas las especialidades médicas. Los pacientes no delatan ni cuentan enfermedades causadas por el consumo. Desde infartos hasta accidentes; incluidos los cardiovasculares y cerebrales.

LUCHA DE INTERESES

Siempre hubo una lucha de intereses en derredor del uso de cocaína. No todo pasa por los intereses de países productores y de bancos asociados a ellos. Esta es historia reciente. Ha habido desde los principios del siglo XX y finales del siglo XIX una lucha entre los descubrimientos científicos y , por otra parte, intereses de laboratorios en la comercialización del clorhidrato de cocaína. La palabra “merca” con la cual se alude a la cocaína viene históricamente del laboratorio Merck que en Alemania producía el hidrocloruro de cocaína para el resto del mundo. En pocos años la cantidad de cocaína importada se multiplicó por siete y bajó el precio a la mitad. Hasta 1894 cuando se descubre la aspirina eran la cocaína y la morfina los medicamentos para calmar el dolor y el malestar. Así comienza una epidemia prescripta médicamente y con fuertes interés de laboratorios y de empresas comerciales. Al mismo tiempo se van describiendo los daños de todo esto. Que al principio no son escuchados.

En USA mientras tanto Parke Davis vendía cigarrillos y puros con hojas de coca. Se empezó a usar indiscriminadamente jarabes, tabletas, elixires, ungüentos y supositorios con derivados de las hojas de coca. El vino Mariani hacía furor en Europa y su inventor tenía la fórmula en donde el vino dulce de Burdeos era macerado con hojas de coca. Se lo recomendaba como cura a la malaria, la anemia y la influenza. Pio XI y León XIII le dan a Mariani el título de Benefactor de la Humanidad. Mientras tanto Anatole France, E. Zola, Julio Verne entre otros grandes escritores cantaban loas a este vino al que uno de ellos llamó “elixir de la vida”. En Atlanta (USA) el farmacéutico J.Pemberton en 1886 creó la Coca –Cola en donde las hojas de coca, la cafeína y la nuez de cola eran un refresco que hacia sensación. Pero pronto todo esto cae. Los estudios de los daños de la cocaína son incontrastables. Coca –Cola en 1904 cambia la fórmula sacando las hojas de coca en la producción de esta bebida.

LOS DAÑOS Y LA CIENCIA

A.Erlenmeyer, aquel que había acusado al primer Freud por sus trabajos sobre la Coca, celebre psiquiatra alemán de fines del s.XIX y principios del XX describe los signos de abstinencia: apatía, depresión y ansiedad. El farmacólogo berlinés L. Lewin desarrolla lo que llama la “escalada adictiva” en donde se buscan dosis más altas en el consumo para, ya, escapar de la abstinencia .Distingue magistralmente el uso religioso enmarcado en rituales en la América Andina y bajo la supervisión del “chaman” de la tribu y la democratización perversa y secularizada para cambiar el estado de ánimo y desafiar el cansancio que se quería hacer en el mundo occidental. Describe el síndrome de dependencia tal cual hoy se lo conoce y los “delirium tremens” (sensaciones anormales, alucinaciones en la piel que pueden llevar a intentos de suicidio) y convulsiones. Mientras tanto en USA se describe la demencia por cocaína. El gremio médico y de dentistas a principios de siglo XX y hasta la década del 50 en USA representaba el tercio de los pacientes adictos a estimulantes. Así sucesivamente se van mostrando los daños a la Salud Pública que hoy persisten y están aumentados. Erlenmeyer lo decía con la franqueza de los científicos:”…los genios que habían invocado para ayudarles se transformaron en furias que traían desgracias y desastres”. Sobre esta base empiezan a aparecer legislaciones restrictivas.

DR. JUAN ALBERTO YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES GRADIVA EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

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