Peste Blanca VI

“…esto es milagroso…y la droga me sacó todo” así un paciente empresario me narraba el shock del primer impacto con la sustancia y la caída final.

Viendo, con una mirada clínica, determinados personajes de los últimos escándalos mediáticos y políticos no podemos menos que pensar en la incidencia de la llamada, por nosotros, “peste blanca”. La vorágine en que viven, en donde el tabaquismo y el abuso de alcohol (siempre hay un “faso” al lado y un vaso de bebida blanca o vino al lado de ellos) son algo que siempre está a “la mano”, nos invitan a ver en estos nuevos empresarios “yuppies” del mundo latinoamericano los “elegidos” por esta epidemia. Todo en ellos es vértigo. La cocaína vende omnipotencia. Es lo que coloca a estas personas en la ilusión permanente de la transgresión de la Ley. Es la manía o hipomanía lo que cautiva con el sello de una adrenalina que es”amada “ con pasión.

Estar al lado de políticos o empresarios con nivel de decisión y además en la compañía de mujeres con fuertes “gomas” es el colmo del “planeta” que que compran con la cocaína. Si esto va acompañado por un coche de alta gama importado todas las ilusiones fetichistas de esta sociedad parecerían hallarse cumplidas.

Los lugares en donde se gestionan negocios hoy es donde también se vende, y mucho, el “polvo blanco”. La omnipotencia es la gran trampa y ésta es la proveedora de imágenes precisamente en el mundo y la cultura de la imagen. En el mundo de hoy todo parecería ser Imagen .Caras siempre jóvenes, eternidad del musculo no flácido , impactos visuales por doquier, autos , mujeres hermosas pero frígidas y solo aptas para la pasarela de los escenarios y también ellas encandiladas por los fetiches que promueve su pareja. Y fundamentalmente mucho, mucho… dinero. Aunque no sea mucho pero sí que se pueda mostrar. La envidia del otro es el objetivo. Tapar las carencias y vacíos propios también aunque éstos no sean percibidos más que por la mirada atenta de alguien que desde una cierta sabiduría de la vida sabe ver los huecos y el “pedazo de nada” que son.

La cocaína –droga de alto impacto en la sociedad argentina de hoy—vende eso como lo es transformar por un acto mágico (un “esnifar” salvador en donde la nariz suplanta al cerebro pensante) la “nada “que son en la ilusión de omnipotencia, y fundamentalmente el placer de “manipular “al mundo. El mundo es solo este ya…ya que por un pase electrónico cambia el destino de los bienes y las personas.

Pero vivir en el ya… no es vivir el hoy. El ya es la recompensa inmediata. Vivir el hoy es encontrar plenitud en cada momento. Nosotros en las terapias de adictos decimos: viví el hoy plenamente que el mañana viene solo. Así nos aseguramos en la vivencia de los encuentros humanos que nos ofrece la realidad y ejercitamos un pensamiento que nos rescata como si mismos en cada instante. El ya es vorágine, ligado habitualmente al desborde impulsivo. El hoy es el si mismo que se re-encuentra en cada instante y en un crecimiento permanente. La sabiduría estaría en encontrarse con la densidad de cada momento. La cocaína sería, por el contrario, la huida de cada momento.

DAÑO AL CEREBRO FRONTAL

El lóbulo frontal es el “plus” diferencial que nos separa de los simios y del resto de la escala zoológica. Ocupa el tercio del resto de la corteza cerebral siendo en los macacos el 11 %. Si algo hace la cocaína es suspender el funcionamiento de la corteza pre-frontal. La pérdida de la noción del Otro, la falta de empatía, la capacidad de concentración, el descontrol de los impulsos, pérdida de memoria, etc. quedan dañados por el hipo-funcionamiento de la frontalidad.

¿Qué captura a nuestros “yuppies”? : es la híper-producción de un neurotransmisor como es la dopamina (llamada la inductora de placer). La sexualidad, el deporte, un trabajo sentido como vocación, el amor comprometido por una causa quedan a un costado .La dopamina que generan estas actividades es menor que este “shock” generado por este estimulante dañino. En el “ya” todo es un “paraíso” (no solo fiscal)…pero nos quedamos miopes al futuro. Sin planes, prospectiva, sin capacidad de planificación. Pronto se cae el “castillo de naipes”. No evaluamos riesgos. En la manía todo puede ser. Pero el margen de posibilidad no tiene en cuenta la realidad porque no se evalúa y todo se desmorona.

Terminan siendo personajes impulsivos en donde el tropel de palabras los “vende” al mejor postor. No pueden escuchar y la torpeza los termina convirtiendo en autómatas del destino que quieran los otros de ellos. Si algo lesiona la cocaína es la capacidad para la toma de decisiones; siempre se elige mal. Como me decía ese paciente: “esto es milagroso “para pasar a “la droga me sacó todo “(acá se ve la pérdida de la capacidad subjetiva).

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