BARRAS BRAVAS Y “PATRONES”

“…la venganza es el comportamiento adecuado y besá siempre con los ojos abiertos”

vida de Pablo Escobar  

Daniel es abogado. No ejercía su profesión. Solo lo hizo  para sacar a su padre preso por narcotráfico en Italia. Lo conocí en una de sus tantas intoxicaciones por cocaína. No pudo tratarse porque solo buscaba una desintoxicación. Tratarse implica una revisión de nuestros argumentos existenciales. Desintoxicarse es sólo renovar el crédito para seguir consumiendo. No hay cambio deseado ni posible.

Su vida era un dolor permanente por la perseverancia que sentía en sus entrañas por la destrucción permanente de su padre. Este llevaba cargas desde Bs. As. a Europa . Hasta que sus “amigos” se abrieron y así terminó con  una pena  en una cárcel cercana a Roma. Los contactos de Daniel en el mundo del Derecho en Europa y también del hampa permitieron que  su padre purgara su condena en Argentina . Su título de abogado siempre lo usó para salvar al padre.

Su otra profesión era ser “barra brava”. Fiel al padre, que como modelo de vida le dictaba las distintas variedades del anti-modelo que debía ser, su vida era un largo itinerario basado en este guión existencial. Un club importante lo convocaba todas las semanas aunque en realidad  todos los días participaba de esta agonía de su vida. Era un verdadero “Patrón” de su grupo . Además como abogado  su presencia servía para sacar compañeros de comisaria y hablar con dirigentes o políticos para las distintas tareas que había que realizar.

La cocaína fue su compañera “mortífera” de esta novela existencial en donde operaba como el salvador del padre y su vez en el más fiel seguidor. Su otro placer era ejercer un dominio sobre un conjunto de “nadies” que le respondían ciegamente para las distintas tareas de la “barra”. Los “nadies” son esa formación social de expulsados de la familia , la escuela , el trabajo que ven en “el trapo”(club)  que defienden semana a semana un “leit motiv” para sus vidas. El “trapo” y el “Patrón” hasta morir y  dueño, éste,  también de la “merca”; elixir del descontrol con el Jefe como protector. El lema “aguante los trapos” eran sus gritos de guerra. Verdadero delirio colectivo y motor de cualquier venganza.

 Miles de personas viven en lo que llamo túneles, refugios en donde la nada habla de seres vacíos y que se sienten “nadie”. Hoy, nos referiremos a las «barras bravas», profesión buscada en los paraísos del vacío de identidad de miles en los barrios. Estas son solo el eslabón final de una conjunción de poderes delictivos y de coacción y presión con distintos Jefes y Patrones con un alto consumo de sustancias y como una de las vías de la distribución .La cancha y el espectáculo dominical  es solo una de las tareas .

LOS GERENCIADORES

Hay dos tipos de agrupamientos: a) los gerenciadores o los que aspiran a serlo de estas «barras» y su sequito de consulta, asesores y contactos y b) la mano de obra fanatizada que pertenece a sectores «invisibles» y  excluidos (sociales, afectivos, familiares) compuestos habitualmente por adolescentes con crisis de tutelas y orientaciones sociales y familiares.

El sector gerenciador de las barras habitualmente tiene dos tipos de liderazgo. Uno está compuesto por «delincuentes de cuello blanco»; personalidades disociadas que pueden llevar dos vidas que no son para ellos  contradictorias. Nos encontramos así con abogados, médicos, contadores, etc.; o sea profesionales universitarios que mutan su vida los fines de semana pero siempre con claros fines antisociales matizados por la venganza y la violencia.

El otro sector gerenciador son líderes que han llegado a esa posición a través del ejercicio del poder en su versión mortífera para así llegar a situaciones de mando. Ahí «la culata» es fundamental, así como la «amenaza» en el momento justo a las tropas de ocupación a los fines de disciplinarlos para alistarlos  frente a los enemigos que son los «otros»(clubes rivales, grupos  determinados, etc.).

Los dos tipos de gerentes tienen una red de contactos internos (de cada club) como externos (lideres locales,»dealers») que les aseguran un combustible económico y químico que permitan saciar la sed de venganza como también la necesidad de sentirse vivos (que para ellos es sentirse «duros» con sustancias). También a esto último lo llaman sentirse «puestos»;así funcionan los premios para los súbditos.

LOS FANATICOS

Luego en un segundo plano está la mano de obra fanatizada que son jóvenes con escasa escolarización , precarizados laborales, sin seguridad social y con falta de información y formación sobre calidad de vida (alimentación deficiente y pobre en vitaminas y proteínas y alta en grasas, así como uso de tóxicos en forma cotidiana como alcohol y drogas); y básicamente desfamiliarizados y con escasa contención y lazos sociales. Son la masa de los llamados por hoy «jóvenes invisibles» como reflejo de la crisis de identidad y de pertenencia a sectores culturales que los puedan humanizar en su desarrollo. Acá fallan todos los factores humanizantes; o sea todos los hechos educativos múltiples (familia, escuela, circuitos culturales, etc.) que nos convierten en seres de convivencia. Es que encontramos una creciente disociación entre las instituciones y los espacios juveniles. Para estos «jóvenes invisibles» hay solo pocos territorios claves: la ocupación de la calle, el club, la esquina y sólo pocos emblemas a defender y uno de ellos es el «manto sagrado» que los identifica: la bandera del club que funciona como grito de guerra o como prenda de armisticio.

La «barra brava» es un túnel hoy muy prestigiado en nuestra sociedad con muchos gerenciadores como Daniel .

Dr. Juan Alberto Yaría

Director GRADIVA-Rehabilitación en adicciones

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