CUESTA  ABAJO

“ …estoy cuidando a mi papá, la droga es una mierda”

( twiter de María Carambula refiriéndose a un sobrino detenido ligado al consumo abusivo de sustancias)

Muchos pacientes me recuerdan permanentemente al sobrino de María Carambula, detenido luego de participar en raids delictivos junto con un jugador de fútbol del club Huracán. Es sugestivo que María Carambula  contraponga el valor de cuidar a un familiar querido no solo por ella sino por gran parte de la población como lo es Berugo Carambula frente a su sobrino entregado al consumo de sustancias y , como no queda otra cuando no se  para de consumir, se entrega a la policía aún fugándose de ella como un camino con final determinado.

Hay situaciones de la vida , que nosotros llamamos “momentos límites” en donde sopesamos el valor de vivir y de cuidar una persona que nos dio la vida y frente a eso no entendemos o , quizás nos rebela la vida que se va   condenando  a si misma de una manera progresiva. Por ahí  eso siente María Carambula.  Cuidar a un padre en su despedida de la vida toma el valor sustancial frente a la entrega pasiva ante las drogas de otro familiar. Unos luchan por vivir mientras otras luchan por morirse. Esto también lo vivimos en el consultorio cuando vemos y sentimos como hay vidas que luchan hasta el último momento y que son un ejemplo ético y otros mientras tanto rifan cotidianamente sus días.

Observo a mi alrededor un paciente en silla de ruedas luego un “raid” por casinos, “puti-clubs” (término español importado), cocaína, alcohol. Ese “combo” lo condenó; ya depende de otros como un bebito. Perdió la locomoción. Otro ya desdentado, sucio y harapiento en su porte esconde un título universitario conseguido en épocas de sobriedad y nunca más usado. Paradojas de la melancolía vital junto con el consumo desenfrenado de alcohol y cocaína. Sigo observando y llego a un trabajador que al fin de mes no cobra nada. Su Banelco habla por él ya que está embargado por créditos no pagados, tarjetas de crédito expoliadas por “dealers”. Su familia lleva la cruz de la condena que ningún supermercado perdona. Tiene razón María Carambula “la droga es una mierda” aunque desde ciertos altares laicos es casi como un “mana” del cielo. Esta ambivalencia nos persigue: es una “mierda” pero, para muchos, es un maná.

LA DROGA COMO CONDENA

Doble vía de análisis. Por algo captura a millones. Y que van a ser los mismos que una vez presos de esa “mierda”, como realmente dicen, no saben cómo salir de esa prisión conseguida y de esa condena adquirida sin fecha de conclusión o con pena de muerte incluida o con perpetua.

Enfermedad crónica, progresiva y terminal. Si no paramos morimos o quedamos muertos en sus múltiples versiones que el poeta Alfredo Lepera y Carlos Gardel describen maravillosamente en su tango “Cuesta Abajo” : “…si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser…si  fui flojo, si fui ciego …si crucé por los caminos como un paria que el destino se empeñó en deshacer… ahora cuesta abajo en mi rodada…las ilusiones pasadas ya no las puedo arrancar”. La profundidad poética de Lepera junto a la belleza de la voz de Gardel describen estas “almas en pena “ que vagan por el mundo. Algunas llegan a centros de rehabilitación, otras duermen en las calles, otras son encontradas en volquetes como destino frio, etc, etc. Cuando en Medicina de las Adicciones se habla de enfermedad terminal no se percibe la profundidad del dolor humano que está en juego. El tango lo describe magistralmente:”..paria que el destino se empeñó en deshacer..cuesta abajo en mi rodada”.

LA TRAMPA QUE CONDENA

¿Porque captura a miles aquello que , luego, degrada  ? La drogadicción (incluimos por supuesto al alcoholismo) toma los sistemas del placer llamados sistemas de recompensa . Hambre, sed, sexo, deporte, encuentros humanos, etc, etc;  son todas actividades que dan placer y que forman la sede de la vida . He ahí la supervivencia . La dopamina  que nuestro cerebro produce por todas estas actividades es la señal del placer y por esto las intentamos repetir. Si nos dan recompensa esto se convierte en un reforzador positivo para volver a hacerlas. Si no la podemos volver  a hacer hay inquietud o ansiedad. Las drogas generan montos de dopamina , o sea de placer, muy superiores a las recompensas naturales. He aquí la trampa. Si no podemos repetir el consumo cuando estamos ya habituados aparece la abstinencia. Hueco, vacio , angustia. Asi nos vamos alienando porque aquella primera sensación de placer denominada “flash” nunca más va a aparecer con la fuerza inicial. Se va apagando pero al mismo tiempo surge la necesidad de volver a reiterarla. Juego  loco en donde se van muchas vidas. En esta carrera contra nosotros mismos vamos abandonando amigos, hijos, compañeras, etc.

¿Que pasó ¿ Las adicciones son enfermedades del placer que capturan la motivación , la memoria y comprometen la toma de decisiones. Toda esta batalla se libra en el cerebro y fundamentalmente en la vida. En el cerebro en el llamado lóbulo de las emociones (sistema límbico ) y en el centro de decisiones del hombre  superando al simio ( el lóbulo frontal). Las motivaciones ahí quedan conculcadas por el “polvo blanco”. Nada de la vida importa más que ese polvo mágico. Ya no decido bien porque mi centro de decisiones frontal está dañado en su funcionamiento y mi memoria solo responde al encendido de las drogas. Si somos memoria las drogas nos muestran que nuestra memoria quedó hipotecada. Hay una sola via de recuerdo. Todo remite a ella…la droga.

Ahí comienza nuestro  “cuesta abajo en la rodada”.

DR. JUAN ALBERTO YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES GRADIVA EN  ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

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