DICIEMBRE – VERTIGO  Y  HUIDAS

“… HAY UN LAZO ESTRECHO ENTRE LA ACELERACIÓN Y UNA HUMANIDAD CADA VEZ MÁS POBRE INTERIORMENTE “

G.Marcel. Filosofo francés .Diario Metafísico

Diciembre y sus ritmos vertiginosos en la calle, en los consultorios y en las clínicas de rehabilitación amparan mis reflexiones. Es, quizás una forma de salir del vértigo que  como toda conducta masiva parece arrastrarnos, lo que motiva este artículo. El mismo Marcel llega a decir  que es, un llamado por él  pensamiento segundo, lo que nos va a rescatar de lo impulsivo e inmediato.

   Las consultas aumentan  y las peleas también. No nos escuchamos dentro y fuera de los consultorios. En el medio o en  el centro de todo esto están las drogas  que parecen  ser el “combustible” necesario para sostener estas “locuras” en donde el otro y el Otro (el Dios del lenguaje  como decían los griegos) está ausente.

Muchos son “cocainizados” sin cocaína. La adrenalina buscada y sostenida fervientemente es lo necesario para no escuchar. A veces me pregunto cómo  llegan a conciliar el sueño estas personas. El vino y los sedantes conseguidos, sin ningún problema, hacen ahí su juego. La vida parece ser una eterna lucha sostenida por la Voluntad de Poder para destrozar al otro. Precisamente el gran filósofo alemán K. Jaspers nos enseñó que había dos utopías imposibles; una era la vida sin luchas y la otra la guerra perpetua centrada en la voluntad de dominio. El adicto vive entre estos límites; la vida sin lucha culmina en la búsqueda de un narcótico que lo sumerja en un planeta de placer puro y alejado de todo conflicto (opiáceos) y, por otra parte, la guerra perpetua la  asegura la cocaína y sus sucedáneos.

La aceleración parece ser la nota clave en nuestras interacciones sociales. Parejas que se rompen. Golpes en los espacios públicos. Aumenta el consumo de alcohol y de drogas. ¿Hay una decadencia del Lenguaje en nuestra sociedad  ¿ .Si esto fuera así no nos podernos escuchar  y por ende  tratarnos y no des-tratarnos o maltratarnos como habitualmente se ve.  La aceleración la interpretamos  como  un signo de la huida. Huir es fundamental en el que vive en vértigo. Además no tiene atención  porque en este estado no se puede “prestar atención” con todo lo esto significa antropológicamente. La atención no es  solo una demanda hacia el objeto sino que es también una forma en que el otro y lo otro se conecte con nuestra subjetividad  y por ende con nuestra historia, como maravillosamente lo enseño P. Ricoeur .

DOBLE VACIO

Aceleración y huida van unidos y estos al vacio. Doble vacio ; por un lado no hay Otro ni otros y al mismo tiempo se huye despavoridamente  de la angustia de enfrentarnos con nuestro si mismo . la parte más profunda de nuestro ser. Huimos también, entonces,  de nosotros mismos. En la noche se desatan estos dilemas  y ahí el alcohol , las drogas y la “resaca” permiten huir , otra vez , de la voz de la conciencia (resumen del día, del año y de nuestras vidas). Solo la droga como mensajero  de un Si mismo alienado está y es buscada con apuro y deseo ferviente .

Así” vivir y huir parecen ser la misma cosa” como nos enseñara magistralmente M. Picard en su libro “ La huida de Dios”. Tratar a un cocainómano y a los “cocainizados sin cocaína” (productos industrializados de esta era del vacío) es  intentar lograr que recupere su capacidad para pensar.  Debe enfrentarse a las tentaciones que tan maravillosamente describiera Homero en la Odisea que son las tentaciones de los “cantos de sirena” . Esta vez estos “cantos” están industrializados. La huída en esta sociedad se ha masificado y se vive de ella desde el negocio de lo que debe multiplicarse todos los días siguiendo las leyes del capitalismo avanzado. El marketing  “de la venta de  pececitos de colores” es un aliado de todo esto.   Este marketing  fomenta  verdaderas alucinaciones colectivas que garantizan la normalidad de lo que se hace (botellas, casinos, boliches con sectores VIP que funcionan como verdaderos ideales ,  drogas diversas, fiestas privadas con una “parafernalia “ asegurada en quintas o zonas especiales, negocios de la desesperación y el goce sin límites , espacios de violencia gratuita y refugios del anonimato que permite que nadie nos identifique como son las “barras bravas” y los  grupos de choque con “capuchas” incluidas). “ La huida está tan adherida a él que la considera como normal y no excepcional”; nos enseña M.Picard.  El olvido de nosotros mismos queda, asi, por un tiempo  asegurado. La abstinencia nos hará volver porque ya hay estructuras cerebrales comprometidas en la reiteración de conductas.

EL CAPITALISMO DEL GOCE SIN LÍMITES

La cocaína y sus sucedáneos forman parte de la industria de la huida. Congrega desde abandonados por sus padres  y “desclasados” de afecto, los aventureros de la noche que desafían incluso  los limites corporales, los desesperados en la incertidumbre que a todos nos limita y que caminan sin fe ni esperanza; y también por los esclavos o sea los que ya perdiendo el dominio de si no pueden hacer otra cosa. Lo hacen por obligación y se odian a si mismo todos los días mientras consumen.

Este contexto social y espiritual rodea al consumo masivo de estimulantes  en nuestra sociedad. Aceleración, vacio, aburrimiento, huida. Todo industrializado en un ritmo de explotación y con miles de explotados.  Caída del lenguaje. Ausencia del otro. Soledad con desesperación que se narcotiza. Fiesta permanente en un entorno en donde todos nos vamos liquidando. Todo esto sostiene –pareciera-al capitalismo del goce sin límites; verdadero cementerio de los inocentes.

DR. JUAN ALBERTO YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES –GRADIVA- EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

 

 

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