Drogarnos en familia

“…somos criaturas primariamente amorosas y secundariamente maltratantes…”

Maturana, R. (Chile) Terapeuta Familiar

El maestro Maturana sigue diciendo que  el maltrato sucede cuando el Poder (educación, valores sociales, cultura, normas, etc.)  nos bloquea el amor y asi enfermamos y hacemos enfermar. El maltrato, hoy, en mi consideración es drogarnos. Maltrato a nuestra vida incipiente, a nuestros órganos comenzando por el cerebro. No es el placer lo que se busca con la droga es el daño lo que se consigue. Este daño una vez instalado se convierte en un tirano difícil de sacar. Ahí los sistemas cerebrales alterados de recompensa  y de la memoria adictiva se convierten en tenaces defensores de la muerte con la promesa de un placer ya nunca más alcanzado.

Dijimos varias veces que la familia es el lugar primario de la educación y que la escuela es solo instrucción o en todo caso la educación que se puede instalar en ella es un segundo paso que completa a la familia. Hoy todo lo esperamos de la escuela. Esta tiene sus fallas, sus huelgas, sus falencias… y además los maestros y profesores  no son los padres de los chicos.

EL ABANDONO COMO EXPERIENCIA PRIMORDIAL

La tareas clínica nos confronta con el dolor familiar. Lugar de amor que se transforma en maltrato. Maltrato que no es pegar solamente; es abandono, olvido. El olvido de un hijo es la peor de las memorias. Es pertinaz y tenazmente productor de melancolía, resentimiento y venganza (habitualmente contra uno mismo). ¿Dónde estás papá? ….me dicen muchos jóvenes. La falla de la figura del Padre hoy es muy clave. Madres dolidas, trabajadoras incansables siendo la plaza o la esquina el refugio de un hogar (¡¡¡¿qué es esto hoy?¡¡¡) que ya no existe. La plaza y la esquina es la “tribu” que reemplaza a las funciones deficientemente instaladas.

Les pregunto; ¿Qué hacen ahí tantas horas? , y ahí me dicen :” …fumo y otras yerbas más  , mate, skate , futbol”. ¿Cuántas horas estás?..  “… y me levanto a las 3 de la tarde  y voy a la plaza hasta las 8 de la noche , ceno solo mientras mi hermano está en su habituación y mi mamá chatea y luego vuelvo a la plaza hasta las 6 de la mañana”. Ruta habitual de muchos chicos (con edades de 14 -15 años) del conurbano y de barrios   en donde la experiencia del trabajo y del estudio está muy lejana. Familias nominales…están pero la heladera llena o vacía es el único vinculo. No hay lenguaje. Si no hay palabras y gestos la vida pierde sentido.  Hay familias en que cada uno está en “su” droga .Unos aislados en su pieza con la televisión, otros chateando con extraños y enojándose con otros en un mundo solo virtual  que no son los más cercanos y , mientras tanto, algún hijo en las calles usando sustancias.

En otras familias es la droga el único ligamen entre todos. Padres en la calle luego de una experiencia crónica de consumo .Algunos son “trapitos” siendo también las plazas el refugio o se refugiaron en sus madres siendo adultos. El abandono lleva a esto. Me asombra como en profesionales, o personas aventajadas por actividades en la vida, la experiencia crónica de la droga los lleva al abandono.  No solo abandono de sí mismo (primero  y fundamental) sino abandono de hijos, pertenencias, etc. La limosna diaria es el cotejo también cotidiano con el “dealer”  que es el  “quitapenas” y a la vez el victimario de sus vidas. Los hijos lo buscan entre coches y umbrales de edificios y parroquias. El modelo identificatorio que es lo que los padres transmitimos, querámoslo o no, a nuestros hijos parece ser  la droga. Si no hay palabras, normas y valores  hoy se transmitiría   que los vacios se suturan y llenan con sustancias.

DROGAS EN FAMILIA

Entonces vemos que varios consumen drogas. Hermanos. Hijos muertos por sobredosis. Experiencias del dolor muy profundos. Presos otros por entrar en contacto con bandas o ser “perejiles “de los distintos “Patrones del Mal” que ya existen en nuestros barrios. Los llamo en términos analíticos “Amos de la Muerte” o sea mensajeros de la “catatonía “social (termino psiquiátrico que anuncia la peor de la esquizofrenias en donde la abulia y la desconexión es máxima). Nuestra tarea clínica hoy fluctúa entre la ayuda a familias desintegradas y/o nominales. Muchos ya no están (el abandono y la pertinaz memoria del mismo es clave) y la desintegración de lo que lo quedó es grande.

L as Comunidades Terapéuticas se transforman  , hoy, en verdaderas casas de vida o sea en  refugios frente a la barbarie que instalan las sustancias , el odio y la venganzas contra sí mismo tratando de instalar la civilización de la palabra y de los gestos vinculantes con el orden del amor.

La inteligencia terapéutica y la artesanía que debemos utilizar con las familias es la del amor que repara. Vencer las fronteras del odio contra sí mismo y contra la vida que generan todos los dolores instalados en varios años  de un  vivir errático. Instalar una esperanza, reconstituir el papel de  la palabra, llorar…llorar mucho, reconocer, perdonar…perdonar muchas veces y también perdonarnos. Todo con la virtud generosa y hoy devaluada de la  empatía…mucha empatía…que es poder ponerse en el lugar del otro y devolverle una palabra de sentido y con un proyecto que permita edificar un futuro. Para todo esto necesitamos que comprendan que deben bloquear todo consumo de drogas porque desde ahí vuelve el abandono mortífero de sí mismos y de todo lo que pudieron y puedan  generar.

DR. JUAN ALBEDRTO YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES –GRADIVA –EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

 

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