El Miedo a la Libertad

» La rutina autodestructiva degrada pero también protege».

 R. Elnnet.Hoy gran parte de la población mundial utiliza drogas legales e ilegales. Solamente en nuestro país el 10% de la población adulta abusa del alcohol, el 60% de los menores también lo hace el fin de semana. Más del 10% de la población adulta utiliza o utilizó drogas ilegales en su vida, y el consumo de estas drogas en menores es un dato preocupante, por ejemplo el consumo de marihuana. En el mundo (datos publicados el 12 de agosto) la BBC Mundo publica que del 3 al 4% de la población mundial usa continuamente drogas y que la cocaína y la heroína siguen siendo las drogas que representan un mayor costo para la salud (gastos en internaciones, pérdidas laborales, daños en los hijos, separaciones cruentas, accidentología, etc.).

¿Es placer lo que se busca? Mi experiencia de 40 años en tratar adictos me dice lo contrario. En un primer momento todos los estupefacientes actúan sobre un sistema biológico muy complejo que es un tramado de neuronas y de transmisores químicos existentes en la subcorteza cerebral. Existen ahí centros del placer que originan una primera sensación que el consumidor la vive como un flash (instante máximo de placer). Esto queda impreso en la memoria cerebral y el futuro paciente busca reiterar esa sensación a través de una nueva ingesta. A medida que lo va repitiendo, aquella vieja sensación ya no retorna, el placer le es esquivo y queda preso y esclavo de la abstinencia (angustia ante la falta de la droga) y de la necesidad cada vez más imperiosa de tener más sustancia. Pero la paradoja es que ya no puede no hacerlo. Es un esclavo, porque precisamente una de las características de las drogas es que alteran en el usuario la capacidad de autoadministración, o sea sobornan y someten la libertad del ser humano. Así se llega a una actuación paradójica y que todavía hoy a mí me llama al asombro: «el drogado no sufre su mal, lo disfruta» (frase genial del terapeuta húngaro S. Rado); el paciente odia lo que hace, pero no puede no hacerlo como dije antes y S. Freud nos enseña: » es precisamente la sensación inmediata de placer lo que genera el peligro y nocividad de las drogas».

Un paciente hace un tiempo me lo relataba contándome una recaída. Durante casi diez años consumió cocaína, estaba cambiando, había logrado vivir un año sin consumir luego de pérdidas muy severas (causas penales, deterioro en su vida familiar, pérdida de trabajo, estudio). Lo más difícil para un consumidor que se está rehabilitando no es dejar las sustancias (siempre y cuando esté en un marco terapéutico contenedor) sino asumir un cambio de vida. Ahí reaparece el miedo a ser libre, aquello que E. Fromm retrató magistralmente en su obra maestra » El Miedo a la Libertad».

LA BUSQUEDA DE REFUGIOS ENLOQUECEDORES

El hombre de hoy parecería buscar refugios enloquecedores, «cárceles» masoquistas, dependencias embriagantes, perderse en la muchedumbre, lo masivo y en lo que hacen o dicen los demás antes que asumir un destino personal, una opción, una apuesta, un desafío, hasta una equivocación. La droga es eso, un refugio masoquista que lo priva y lo «salva» al hombre de ejercitar su libertad. Entonces el paciente queda preso de compulsiones (compulsión es el versus de la libertad); éstas generan angustias pero es un libreto conocido y aquí está lo «salvífico».

La enfermedad para millones de seres humanos es un refugio masoquista. ¿Qué es la vida para muchos? Una maldición. Sobre esto, una versión comentada de «La Odisea» de un filósofo alemán L. Feuchtwanger nos ilustra enormemente y nos dice que muchos marineros transformados en cerdos por los encantos de Circe estaban contentos por su nueva condición y se resistieron desesperadamente a los intentos de Odiseo por romper el hechizo y devolverles la forma humana. Preferían seguir siendo cerdos a ser humanos. Cuando Odiseo logra atrapar a un cerdo y transformarlo por una hierba milagrosa en hombre, éste llamado Elpenor en absoluto agradecido por volver a su forma anterior, ataca su liberación y le dice a Odiseo: «¿Otra vez has vuelto a exponer nuestros cuerpos al peligro y a obligar a nuestros corazones a tomar nuevas decisiones? Yo estaba tan contento, podía revolcarme en el fango, estaba libre de dudas y razonamientos; ¿A qué viniste? ¿A arrojarme de nuevo a mi odiosa vida anterior?».

Creo que por esto hay millones de personas que viven una existencia esclava pero previsiblemente masoquista. ¿Preparamos a nuestros hijos y ciudadanos a ejercitar la libertad? 

                                                                     Dr. Juan Alberto Yaría

Director del Instituto de ESTUDIOS SUPERIORES EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

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