Linchamientos Matar –nos

 ” El miedo y yo… nacimos gemelos…”

Thomas Hobbes

Quizás la crónica policial de hoy es la parte más auténtica y menos manipulable de nuestro default humanístico. Época de linchamientos, violencia y temores sociales. El delito habla por sí mismo y nos daña porque el acto destructivo y antisocial delata la pérdida de la sacralidad del Otro que es víctima de un victimario que opera como un verdadero verdugo.

La noción de Ley, parecería, hallarse en crisis y por  ende la noción  del Otro que queda en el status de inexistente. Así, siguiendo al genial Hobbes, la vida en las ciudades es “la guerra de todos contra todos”. Es el hombre en estado de naturaleza  y fuera de una existencia social. Existencia social que impone un respeto por la sacralidad del otro. Entonces, como él lo dice, el hombre se transforma en “lobo  del hombre”. El miedo gobierna en las calles. La actitud hospitalaria –base de una vida “vivible” – cede frente a la defensa y el ataque. La paranoia en lo social triunfa.

Esto aumenta en situaciones de crisis social y máxime cuando se juntan como un “combo” la crisis de los reparos familiares (las familias de estas personas está desintegrada, inexistente o ha perdido dimensión ética) y un alto consumo de drogas . Las drogas,  a su vez, alimentan la paranoia y el Imperio del Ego por sobre los otros.

El otro para las teologías o en el pensamiento laico, es siempre sagrado. Esa es la base de la cultura: no profanar al prójimo (próximo); y también de acá surge el nacimiento de la Ética a través del altruismo: tenemos el deber de reparar al otro, ayudarlo.

LA PSICOPATIA

Siempre estamos en deuda con el otro porque el otro es el testimonio mismo de la vida. Precisamente aquéllos que tienen una “ceguera” moral, las llamadas personalidades antisociales, son así porque sienten que no tienen una deuda con el otro; al contrario, piensan que el otro es deudor, por eso hay que ultrajarlo, violarlo, secuestrarlo, matarlo, usufructuar lo máximo de él. El otro para el psicópata es solo un objeto de venganza y saqueo. Pululan por doquier las personalidades antisociales que son  quizás la caricatura de nuestro tiempo. El consumo de drogas alimentan la barbarie y agregan a la psicopatía una dosis mayor de letalidad.

En una cultura de actos como la actual parecería que todo lo que quiero lo quiero ya. Un poeta popular como Luca Prodan puede llegar , entonces, a ser el testimonio de una época, máxime cuando su propia vida se jugó en su testimonio mismo. Estamos en épocas contradictorias en donde muchos «no sabemos lo que queremos pero lo queremos ya». Es una mezcla de pérdida del sentido, de la direccionalidad  (el «No future» que testimoniaban los Sex Pistols en sus temas de rock y que también testimoniaron con su propia vida); pero al mismo momento todo lo quiero «ya». Estos dos fenómenos son complementarios; al no creer que hay futuro todo debe ser inmediato. Si hay futuro, modero y modulo mis actos y mi voluntad para conseguir ciertos objetivos.

Nos cuesta esperar, frustrarnos, aceptar la realidad. La espera debería surgir ya que  la realidad no depende de mí, vivo con otros. Con-vivo y el otro es mi Ley, mi límite, mi resistencia. Aceptar esto es crecer. Pero en realidad la cultura estimula mi egolatría, mi individualismo. Ha desaparecido casi la noción de bien común que, al decir de Aristóteles, es el bien para todos.

El individualismo me lleva a la negación del otro; para imponer mis actos debo apelar a la descarga impulsiva, incluso matando. No es la acción que mencionaba Goethe: «la acción es la fiesta del hombre». Acá, en Goethe, la acción recrea la vida. Ahora el acto impulsivo que mencionábamos destruye la vida.

HIJO- PADRE- HERMANO

En muchos aspectos nuestra sociedad tiene aspectos parricidas, filicidas y fratricidas. Matar al Otro tanto en la dimensión de autoridad símil de la función paterna (parricidio); o al Otro como hermano en esa fraternidad que deberíamos ser y no podemos ser (fratricidio) o al mismo tiempo matar al Otro en la figura de un hijo al que abandonamos y lo sumimos en el mayor de los desamparos (filicidio).

Estos  delitos son los máximos que existen desde la misma existencia de la humanidad. El hijo, el hermano y el Padre son incluso la base misma de la Ley. Tanto el psicoanálisis como las distintas reflexiones teológicas nos hablan de Edipo matando a su padre y cómo luego se vacía sus ojos como castigo y de Caín matando a su hermano.  Son los dos crímenes más horrendos y base de la vida cultural. Los dos (Edipo y Caín) remiten a la ley máxima del no matarás, porque todo otro es un hermano y testimonio vivo de la vida y la norma representada por el padre.

 Cuidar la vida es la máxima, el padre y el hermano y el hijo simbolizan el modelo de todo Otro. Aquí la tragedia griega o el relato bíblico nos pueden enseñar mucho para desentrañar lo que sucede todos los días. El tema es no tapar situaciones y perdernos en noticias insustanciales.

Dr. Juan Alberto Yaría

Director Instituto de Rehabilitación GRADIVA-adicciones

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