NO HAY DROGADOS FELICES

“… no hay drogados felices”.

C. Olivenstein . Maestro francés en adicciones

Hoy miles de argentinos  necesitan consumir drogas y alcohol. Buscaron la felicidad química y en el presente de sus vidas  están sujetos a una compulsión a la búsqueda de sustancias aún sabiendo que los  daña. Todos   los días quiere dejar de consumir pero las múltiples recaídas son la respuesta de un sujeto abolido en su libertad. Vacios que surgen  por   abstinencias de sustancias que se quieren superar de miles de maneras  hasta  llegar a la reiteración de lo mismo. Quedamos condenados a lo mismo. Vida sin variación. Monotonía. Depender de las  drogas es el paso final hacia el inicio de una cadena de errores en donde nuestra vida queda sometida al azar. Organos que explotan y se deterioran  ante tanta tensión y vaso –constricción (infartos, accidentes cerebro-vasculares, hemorragias intestinales, etc.). Estos errores tienen como consecuencia que nuestra vida empieza a surgir desde el horizonte de una condena.

 Así van surgiendo los  condenados al fracaso.  Siempre me entusiasmó estudiar la compulsión de muchos pacientes adictos sometidos  a repetir el error. Sometidos es una palabra que anuncia con toda su fuerza la caída de la voluntad y el automatismo  como único horizonte vital.  El maestro de la psiquiatría P.Pinel (1745-1826) al estudiar a los toxicómanos  mostraba, en los inicios del conocimiento científico sobre el tema,  que es la voluntad (sede de las decisiones libres) la que queda anulada en estos pacientes.  O sea no hay libertad o ésta queda muy comprometida. Su  vida entonces  se transforma en  un espacio continuo de desaciertos y decisiones equivocadas. Eligen lo peor para ellos y su familia e incluso ponen en riesgo su empleo y se hunden financieramente.

LOS CONDENADOS AL FRACASO

 El análisis psicológico, especialmente el psicoanalítico, y las neurociencias hoy comprenden esto de una manera conjunta.  En el psicoanálisis la multitud de decisiones equivocadas que llevan a la mortificación personal imponen la vigencia en nuestras vidas del Dios Thanatos (divinidad griega representativa de lo mortal y la destructividad), en este caso dirigida hacia nosotros mismos siendo éste el mensajero apocalíptico de la autodestrucción  y la venganza contra sí mismo. En  la lucha entre Eros y Thanatos; amor que reúne y muerte que disuelve, parecería vencer la muerte.

La neurociencia nos ayuda a entender este fenómeno de “la condena al fracaso” en lo que se llama la teoría de la toma de decisiones. Este es un proceso complejo en donde participan dos grandes estructuras cerebrales: el cerebro límbico y el cerebro frontal. El cerebro límbico es también llamado cerebro emocional y está ligado al control de la presión  arterial, respiración, ritmo cardíaco, etc. La unión entre lo antiguo (cerebro emocional) y lo nuevo (cerebro frontal) garantiza un a toma de decisiones lo más certera posible y acotada al principio de realidad. Cuando por stress crónico o por drogas el frontal queda suspendido parcialmente en su función parecería que el sujeto se condena a sí mismo.  El lóbulo  frontal  es el eje de la planificación, la espera, el futuro y asiento de la moral. La imagen y la vigencia del Otro como prójimo es gracias a la vigencia de esta estructura que nos separa de los simios y monos superiores; de lo contrario estamos condenados a vivir el mundo como un presente perpetuo y en donde el Otro es solo un obstáculo a eliminar. Es la lucha entre el Hombre y la Bestia (Mr.Jekill y Mr. Hyde) magistralmente relatada por Robert Louis Stevenson (escritor que confesó su adicción).

CEREBRO Y REALIDAD

Nuestro  espacio de libertad es nuestra capacidad para tomar decisiones. D onde hay drogas, compulsiones y stress crónico nuestra capacidad cerebral parecería que queda limitada. A.Leshner (ex Director del Nida de USA y neurocientìfico de nota ) nos enseña que cuando una persona depende de las drogas su cerebro cambia y por ende la toma de decisiones. Somos nuestro cerebro, desde un cierto punto de vista por supuesto no exclusivo. El dialogo frontal-límbico es el margen mínimo para equivocarnos lo menos posible y apostar al crecimiento en nuestras vidas .

Muchos autores dicen que el cuidado del cerebro expresado en el dialogo entre el cerebro emocional y el màs racional y evolucionado fundamenta la verdadera inteligencia que es la emocional. En esta se unen la empatìa (sintonizar con el otro como diferente y poder sentirlo y escucharlo) con la intuición y el juicio certero. Surge asì un análisis de la realidad que destierra la vigencia de la omnipotencia (forma de desmentir lo que las circunstancias nos muestran ). Asumir la realidad es una función cerebral y también de asunción psicológica de lo que es màs allà de mis apetitos y de mi Ego. En el adicto esto no se da y “nublado” el frontal se impone nuestro parecer pero no la realidad. Entonces estamos “condenados al fracaso”.

JUAN Y SU CONDENA

Baruch Spinoza , filosofo del siglo XVII y uno de los grandes racionalistas junto con Descartes, decía que “la libertad surgía solo desde el conocimiento de nuestras determinaciones”. Somos   libres si únicamente aceptamos nuestros condicionamientos:”…existen leyes de la naturaleza a los que los hombres estamos sujetos” , nos decía el gran pensador. En nuestro caso podemos decir que podemos ser libres si aceptamos y respetamos nuestra condición cerebral; de lo contrario estamos condenados “al fracaso” como vemos en muchas historias de adictos.

Juan en un acceso de violencia paranoica , típico de la intoxicación con cocaína, ataca a su pareja en un hotel de los suburbios . Ambos en un estado critico se golpean . El cree haber matado a su pareja. Espera la condena  ante su acto destructivo. La mujer se salva. Pide que el Juez reconozca su pérdida de libertad y lo mande a una institución de recuperación de adictos. Las autoridades policiales y judiciales no lo entienden ya que  podría hacer un tratamiento ambulatorio pero estos no pueden comprender  que está sometido a una compulsión y “no puede parar” . El pedido al Juez es una demanda de racionalidad ante tanta irracionalidad. Hoy se recupera en una comunidad terapéutica. Va intentando superar la condena al fracaso.

DR.JUAN ALBERTO YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES GRADIVA

EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

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