SOMOS DE “MECHA CORTA”

“Dr. soy de “mecha corta” (relato de un paciente en sus múltiples recaídas)

 Así hay miles hoy en nuestros barrios. La escuela quedó lejos. La familia, si existe, es “anémica” de normas y presencias  o está ella misma “desvencijada” por el consumo o el delito. Este joven apasionado por las drogas me refiere con dolor pero al mismo tiempo con un cierto dejo de prestigio  que es  de “mecha corta”. No piensa y explota enseguida. Adicto, también él a un personaje  tipo  “Tony Montana” (1983-interpretada por Al Pacino- en la película” Scarface” o” cara cortada”) de los suburbios. Esta película  es  “devorada” en estos ámbitos sociales y el personaje de Pacino modela existencias alienadas. El joven me narra sus peripecias heroicas en donde el Paco es solo un mero combustible para el descontrol. Dolor porque es solo desde  un  entorno terapéutico (compañeros que están en otra etapa de rehabilitación, médicos, psicólogos, etc) que, recién ahí,  puede llegar a  pensar en las consecuencias de sus acciones. El pensar es un valor devaluado en la vida de estos chicos  por las inermidades afectivas que vivieron y por los daños cerebrales productos de la intoxicación crónica con sustancias  que desde pequeño consumieron y   que precisamente dañaron  su capacidad de postergación de actos impulsivos y pensamientos.

TONY MONTANA

Dolor sentido luego de varias sesiones terapéuticas grupales .Pensamientos que recién se adquieren  a través  del dolor del encuentro con otros que le muestran y casi “machacan “ la “miopía” de sus actos y los riesgos a los cuales se expuso así como los riesgos o daños que pudo realizar o realizó a otros  y además dolor que reaparece  cuando se los  confronta  con la imposible misión de postergar , mediatizar, parar, bloquear acciones negativas.

Las drogas secuestran los sistemas de motivación “naturales “ que poseemos todos los mortales (hambre, sexo, encuentros, proyectos ,etc.) y al embargarlos los hipoteca en acciones ligadas al consumo . Consumo voraz que desestructura los llamados sistemas superiores de tipo ejecutivo. Todos los sistemas capaces de organizar y programar conductas dirigidas a objetivos y tomas de decisiones están alterados . Por lo tanto no es por placer que consumimos.  Hay que hacerlo ,casi, como un “deber”. Pero el “deber” acá nada tiene que ver con los mandamientos superiores bíblicos o con lo que nos enseñó el gran filósofo E. Kant en el  deber ser de cada ser humano. El “deber”, en el consumidor dependiente de sustancias,  es solo un automatismo. Ya no hay control de los centros superiores de la llamada corteza prefrontal. Ya no hay capacidad inhibitoria de acciones negativas para la salud. El gran neurólogo y estudioso de las adicciones  A. Bechara nos hablaba de la “miopía del futuro” en estos pacientes. Ahí surge un  “mar bravío” de toma de decisiones equivocadas, unas tras otras en donde no podemos ver   el después  y siempre apostamos al fracaso en nuestras vidas. Nos transformamos en adictos al fracaso.

La memoria también quedó embargada .Las tres memorias que nos gobiernan y  que son el guardián de nuestra Identidad  quedaron alteradas:

  1. memoria de corto plazo (no llega a recordar lo que hizo un minuto antes) ,b.  la memoria de largo plazo ( totalmente invadida por la parafernalia de las drogas y de los contactos o ”transas” que los dominan ) y c . la memoria de trabajo ( la que nos hace hacer lo que es conveniente uniendo al mismo tiempo lenguaje y razonamiento ).

 Asi la adicción puede ser entendida como una “enfermedad de la memoria”. El consumo crónico lleva a un remodelado del cerebro de tipo químico, eléctrico y también de la llamada plasticidad sináptica  por “podas” en distintas conexiones neuronales. Todo esto implica cambios, también, en conductas y la aparición de memorias duraderas solo ligadas a “dealers”, compañeros de consumos, tipos de drogas, esquinas, paradas de encuentro, etc.

JUBILADOS PRECOCES

La degradación de la vida de nuestros jóvenes se da cuando ven alejarse al mundo sin poder ni siquiera pensar que esto sucede y esto  los sumerge en un mar de resentimientos. Amigos del barrio que estudian o trabajan  generan en nuestro “jubilado  precoz” y además envejecido cerebralmente el odio y la revancha permanente. Quisiera ser lo que ya no puede ser. Los otros que estudian y trabajan se van alejando en el “túnel” de su vida como casi, ya para él, una misión imposible. Surge el “personaje” valorado como el Tony Montana de nuestros pacientes. Un “dealer “exitoso en donde no se puede ver el final en donde el cubano-americano muere aplastado por las balas y la cocaína. Así vive en la calle, para la calle y con la calle respetando los mandamientos de la   sobrevivencia en los lugares de peligro: a. no sentir; b. no hablar; c. confiar y  d. no pensar. Con una única herramienta: el desborde impulsivo y la huida.

La tarea educativa y terapéutica con los miles de jóvenes consumidores es enorme y también con sus familias azotadas por el consumo  o por el delito y la postergación social y afectiva. “Maternaje” y “Paternaje” es la tarea pendiente. Nosotros como terapeutas necesitamos ser “madres y padres” adoptivos de estos chicos por un tiempo largo y una familia amplia de los restos de familia que  tiene  el paciente (  ahí hay también consumo de sustancias y diversas patologías psiquiátricas). Con algunos se puede…con otros ya llegamos tarde. La sociedad casi perdió la partida. Un carnet de una obra social parece ser el peaje para una existencia auténtica posible. Afortunado el que lo tenga.

DR. JUAN A. YARIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES –GRADIVA-EN ADICCIONES Y PATOLOGIAS DEL DESVALIMIENTO SOCIAL

 

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