Haceme «la segunda»

“ ..En muchas personas el cómplice suplanta al testigo…la transgresión a la Ley misma“(G.Maci)

 

¿PARA QUE ESFORZARME EN ALGO MAS QUE EL ACTO DE CONSUMO?, parecía decir Abel. Así vivió desde sus 12 años. El inicio con la marihuana y el alcohol unido a una voracidad por la nicotina son la culminación de una inadaptación a su vida familiar. Abandonos varios en su infancia producen este ser ávido de sustancias embriagantes y que buscaban la huida hasta un lugar que era en el fondo un “no lugar” para su desarrollo personal.

Así en su Rosario natal vagaba de “parada en parada”, esquinas, “bunkers”. Para que, entonces,  el secundario…vida que se agota en el instante y el dinero se conseguía en casa pidiendo o robando o en la calle.

Sus padres eran unos “desaparecidos” sin nombre que solo figuraban en su agenda cuando necesitaba “vento” o cuando contrataban algún abogado (“boga”) para su salida de la comisaria.

La “adrenalina “se conseguía (como él decía) cuando su sistema subcortical de recompensa (sistema del placer que todos tenemos) se activaba con la droga. Así todo se agotaba en la acción del consumo y entonces para que el esfuerzo, el estudio, el deporte, el amor responsable y con cuidado del otro que son otros activadores normales del placer y que necesitan del concurso de otras actividades cerebrales superiores (corteza cerebral).

Mundo de cómplices

También la adrenalina se conseguía cuando alguien lo sobornaba diciéndole “haceme la segunda” .Ese llamado a la complicidad era como un grito de guerra. Desde “campana” hasta acompañante de un delito menor. Siempre un mayor lo estimulaba a la transgresión. Los “padrinos “reemplazaban la figura paterna ausente y vacía.

Abel, así va devorándose a sí mismo con conductas compulsivas. La compulsión lo persigue no teniendo resto de educación personal y formación ética desde la infancia que pueda resistir esta insaciable autodestrucción .No hay figuras identificatorias que sirvan de modelo de vida. Van naciendo los “anti-modelo”…los “capangas” de la Villa, los dueños de los bunkers. La palabra   nunca  escuchada cede frente   a la imposición violenta. La apropiación es solo dominación. No hay dialogo… solo miradas inquisidoras o cómplices.

La transformación marginal

Abel  no era así…se fue transformando. Es como la transformación que va teniendo una persona cuando se va mimetizando a ciertos lugares especialmente cuando no tiene soportes internos y está vacío de sentidos  y propuestas. Lo expresa esto  muy bien el personaje de Marlon Brando en “Apocalipsis Now” , celebre película de la década de los 80, que relata la transformación del personaje cuando se interna en el Vietcong  y todo en su vida se transforma mimetizándose con  los personajes de la selva vietnamita…pasando de ser un general americano a un guerrillero del bando contrario.

Abel era una cáscara vacía de un jovencito de la clase media acomodada rosarina  pero completó su identidad con lo marginal. “La Sexta y la Tablada”, sus nuevos barrios en Rosario, eran su hábitat en donde todo se transaba desde una campera, drogas o una vida.

Este proceso devoración termina siendo un proceso de devoración de su sí mismo…arrastrando todo su universo social, cultural y familiar. Es un nuevo “desaparecido” que vagaba por las calles .El capital de mercado que se movía en las calles rosarinas  en la ecuación “dealer-mercancía-droga” anulaba todo capital humano y cultural posible.

La cárcel interrumpe su devenir hacia el cementerio .Cárcel como estación previa a la “bolsa de nylon” de los nuevos “desaparecidos sin nombre “de hoy, muchos de los cuales terminan en lo indigno de un “container”.

Algo sucedió ahí. El miedo a veces lleva a la sabiduría. Pidió ayuda. Primero pidió estar con los grupos evangelistas de prisión… forma de escuchar una palabra y también de salvar su vida en un territorio minado y peligroso. Luego pide una comunidad terapéutica. Así comienza una rehabilitación. ¿Será  auténtica?; el tiempo lo dirá.

La recuperación posible

Abel nos anuncia varias verdades: a. no hay crecimiento posible si no hay  desde la infancia sin palabras orientadoras en un núcleo fundante padre-madre sólidamente unidos en la tarea educativa;

b. drogas y adolescencia no van de la mano;

c. las drogas al sobreestimular los centros del placer inhiben el desarrollo de la toma de decisiones de acuerdo a pautas éticas que garantizan los desarrollos superiores del cerebro (estructuras frontales);

d. donde hay drogas y desamparo en la adolescencia va creciendo el número de los que llamo “desaparecidos “sin nombre que pululan en las grandes urbes.

 

DR. JUAN ALBERTO YARIA

Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones

Compartir