CUIDADOS (1) Adolescencia y Drogas.

“… ¡Es doloroso decirlo! pero el consumo escolar en baños, recreos, en la placita es grande…también traen lo que sacan de la plantita de marihuana de la casa” (alumna compungida de una escuela nocturna de la Prov. De Bs.As.).

Me emocionó el relato de esta abuela-alumna sobre la situación en su escuela. Ella ve en ellos a sus nietos. Compañeros entre 17 y 24 años forman parte de este grupo. Los profesores la apoyan. Se sienten impotentes ante esta realidad. Muchos le confiesan que fuman de 8 a10 cigarrillos diarios de marihuana por día (dosis eminentemente tóxica).El uso de cocaína también es habitual. La única contención que tienen es la escuela me dicen los maestros. Afuera la intemperie (padres borrados o también ellos consumidores). ¿Es solo la escuela una  espectadora de esta debacle?; ¿Pueden estudiar así por las capacidades de aprendizaje bloqueadas por los estupefacientes?; ¿Es un escenario más para la distribución o sea un “kiosco” más de los tantos?.

Sentí angustia ante tanta verdad escuchada; pero sólo desde lo emocional aprendemos ya que el conocimiento para que sea efectivo necesita pasar primero por el “corazón” o sea por las vivencias. Pensé también que me debía a mí mismo trabajar mucho más en la prevención desde la adolescencia .Trato jóvenes que comenzaron a consumir a los 12 o 13 años. Falló la prevención porque ésta es ver con anticipación, prever. Necesitamos empezar incluso antes en la infancia. Los maestros me lo recordaron; los problemas empiezan a observarse en la  en el Jardín: maltrato, violencia, golpes. Escenas de “devastamiento” y abandono familiar .Hipercinesia. Trastornos de conducta. Depresiones infantiles. Luego de estas historias de desencuentros aparece el contacto con sustancias. ¿Auto-medicación para sostenerse en un mundo de “nadies” y de soledad? ¿Huir ante el vacío adolescente sin sostenes humanos?. Después vienen las historias conocidas de agravamiento de patologías psiquiátricas o en algunos casos pertenencia bandas o grupos vandálicos y, entonces, la entrada en circuitos institucionales (clínicas, comisarias, etc.).

Principios preventivos

1. A menor edad de iniciación en el consumo en el consumo de drogas y alcohol mayor es la posibilidad de desarrollar un problema de drogas y esto queda confirmado por los estudios actuales de desarrollo del sistema nervioso y el salto y cambio biológico que se da en la adolescencia. A esto se une que hay un nuevo hecho dentro de la epidemia como lo es el comienzo a los 11 o 12 años en el consumo de alcohol y marihuana.

2. Hoy se considera a la adicción como un fenómeno evolutivo. El consumo en la pubertad, infancia o adolescencia implica una activación muy fuerte de sistemas cerebrales de recompensa y del placer sin el freno inhibitorio de los sectores cerebrales superiores que se encuentran en desarrollo y todavía inmaduros. El cerebro recién termina desarrollarse a los 25 años de edad. La entrada precoz en el consumo aumenta la actividad de las memorias adictivas y no solo los estupefacientes son tóxicos y dañan los distintos sistemas orgánicos sino que comprometen la libertad. Toxicidad y pérdida de la libertad son compañeras insustituibles de esta saga que comienza desde edades tempranas. En los adolescentes la ingesta es concomitante con un cerebro que no ha terminado de desarrollarse.

3. La prevención de drogas se relaciona con la máxima vulnerabilidad en esta etapa: biológica, psicológica, social y en muchos casos familiar. En los momentos de construcción de la identidad las drogas generan un “combo” dañino. El antecedente clave son las problemáticas no resueltas en la infancia: la salud mental infantil es un dato necesario a estudiar como anteriormente mencionamos con conductas de dificultad en la escuela, desorden familiar, etc.

Vigorizar la prevención 

En tiempos de probables cambios en el marco jurídico en la cuestión de drogas la cuestión fundamental parecería pasar por otro lado. Generar un sistema inmunológico social preventivo se hace necesario. Las escuelas, las familias, las organizaciones sociales y los municipios son los aliados. Los líderes tienen la palabra en cada  aula, en cada centro municipal. Los jóvenes cuando les hablamos escuchan atentos y participan. Tienen miedo por lo que sucede. Esto me hace acordar aquella  celebre frase de Freud: “…Papa háblame…tengo miedo”. Dar la palabra, poner el problema en palabras y escuchar es una salida posible. Miles de padres y maestros son necesarios para generar una cultura preventiva o sea un sistema inmunológico social.

Dr. Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

 

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