Drogas y “Bunkers”.

Jorge me enternece cuando lo conozco. Mirada violenta pero que encubre una gran necesidad de ternura. Vivió encarcelado en Rosario. Pero ésta no era una cárcel federal ni provincial. Ni en una comisaria. Preso de su adicción vivió en un bunker  (lugar de venta de drogas) de Rosario. Trabajaba 24 hs. encerrado en un cuarto sin ventanas de 1 metro cuadrado. Ahí vendía en un circuito maquinal de clientes presurosos a quienes ni siquiera veía la cara.  La paga de los narcos  era droga. Vino literalmente liquidado por el consumo de paco y por las experiencias de violencia y miedo que tuvo.

Me dice “el barrio de mi infancia cambió…la droga es un pulpo  y hay dos “transas” por manzana”. La droga en el barrio le gana a las familias, las iglesias, los clubes. Mi maestro italiano  en el tema de las drogas L. Cancrini  me enseñaba que cuando en un barrio hay muchos adolescentes y mucha oferta de drogas…ganaba la droga. Me explicaba que la tarea del adolescente para crecer y vivir es ardua  y hoy con poco padre y con, a veces, también poca madre y con creencias vacilantes e instituciones débiles se elige el camino más crítico y menos saludable pero que permite huir de la tensión. Así y con un cerebro en desarrollo y con escasos frenos inhibitorios y con una personalidad en formación va entrando en la pendiente y en el tobogán de la autodestrucción.

Padres ocupados y preocupados por su hijo tardaron 7 años en sacarlo de ese círculo diabólico de los bunkers rosarinos. Un juez responsable permitió que se tratara en Buenos Aires. Así hoy recupera un cierto sentido de la necesidad de tratarse. Arrasado su sistema nervioso pasa largas horas en un vacío, mirando sin mirar. Solo una caricia de la madre en la nuca lo enternece y  también el mate diario conmigo con las dos medialunas que le doy. Desde lo oral este niño –hombre empieza a recuperar su dignidad de persona.

Dr. Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

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