La pena que siento…

“…el enriquecimiento ambiental produce cambios cerebrales” (Neuropsicología de la adicción; Edit. Panamericana)


Muchas veces siento pena en mi tarea…; al escuchar historias de consumo en menores no puedo dejar de sufrir. La empatía que es parte de mi tarea diaria y el destello de humanidad que todos tenemos me lleva a ponerme en el lugar del otro e imaginarme los daños en su auto- conciencia o lo que no puede darse cuenta por lo que le ha ocasionado el consumo crónico de sustancias en edades en donde el desarrollo de su sistema nervioso no necesita de esos tóxicos sino oxígeno, amor, contactos, deporte, cuidados, estudio, cultura, etc. El enriquecimiento ambiental es lo que falta en muchos “pibes” en nuestra sociedad. Hoy a través de las comunidades terapéuticas intentamos darlo. Esto es lo que hoy se estudia en neurociencia. El cerebro es contexto también. Depende del amor y la educación.

Por el contrario cuando escucho hablar livianamente del consumo de drogas a todas las edades siento indignación ya que es la abolición del daño lo que se observa justo cuando hoy los desarrollos de la neurociencia muestran las afecciones cerebrales que surgen por el consumo.

El sufrimiento

Jorge me consultó hace unos meses traído por su Obra Social y su madre, luego de una sobredosis con pastillas y cocaína en donde es atendido en un hospital público con hemorragias digestivas que pusieron en peligro su vida. 14 años de edad me llevan a sentir más pena cuando lo escucho. Me dice que él pidió entrar en una comunidad terapéutica porque, llega a decirme, “tuve miedo”; Era un menor manipulado por “transas” en carrera hacia el sicariato.

Su padre murió cuando tenía 10 años por consumo de drogas y se mató delante de él. Trauma puro fue su vida. Su madre, una argentina laboriosa y ejemplar, salió a trabajar con varios hijos para mantener y solo quedó la calle como escuela de vida. Ahí se encontró con “transas”, distribuidores mayores y menores, abandonados de la vida, “nadies” en un mundo de “zombies” vendedores de armas, etc. O sea la anti-cultura. La no civilización. Lo contrario al desarrollo de la humanización y de la espiritualidad.

La primera experiencia de Jorge en el contacto con un medio cultural sano como lo es la comunidad terapéutica es la alegría de un descubrimiento. Descubre la importancia de comer en grupo. Justo cuando en su casa solo había una heladera vacía o llena pero no encuentros humanos. La mesa en la historia de la cultura es el vehículo de identificaciones y de nutrición emocional más importante. Eso lo empezó a descubrir.

Estos menores en la calle y sin grupos de enriquecimiento personal aprenden a no pensar, no sentir, no hablar y fundamentalmente a actuar impulsivamente. El medio para ellos es hostil (verdaderamente lo fue) y la conducta defensiva es clave para sobrevivir. El menor de la calle no vive…sino que sobrevive.

El segundo descubrimiento de Jorge fue el de la palabra y el sentimiento. Hablar en un grupo, escuchar historias de sufrimientos de otros fue una herramienta que le permitió descubrirse en sus dolores históricos. Compartir, hablar con un terapeuta especializado en problemáticas juveniles y fundamentalmente escuchar lo acerca a la posibilidad de un crecimiento hacia la humanización. La violencia de sus conductas era una defensa contra su dolor y eso lo empezamos a descubrir y ya no necesita más el impulso que era la forma de congelar el dolor y la rabia por lo que le había sucedido en la vida.

La droga empieza a ser un elemento más en esta historia de desolación y abandono. Empiezan a aparecer metas en su vida, estudiar, aprender un oficio. Salir de ese barrio que para él significaba el mundo todo. Esto es clave porque para estos chicos la esquina era todo. Salir de esa guarida defensiva los acerca a otro mundo posible.

Recuperar lo humano

Hoy sabemos que Jorge recuperó su plena condición de persona y por ende su condición cerebral alterada en su desarrollo por los estupefacientes y por un contexto tóxico humano. Hoy se habla por lo que le pasó a Jorge de redes nerviosas en defecto que hay que recuperar en la llamada zona pre frontal (última escala de la civilización en el desarrollo del sistema nervioso). Es un monitor de la conciencia humana que tiene que ver con el control emocional, el marco de las decisiones correctas, la planificación, el control de los impulsos, la atención, memoria, estar vigil y lúcido; entre otras funciones.

La pena del contacto inicial con Jorge se transformó en alegría cuando un año después comenzó a vivir con un tío en un ambiente más gratificante. Pasó de ser un pequeño “sicario” de “transas” barriales a un joven estudioso y con futuro.

Dr. Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Compartir