Donde va la gente cuando llueve…

“…donde van, no todos van… donde van aquellos que no van, donde van los que corren sin ver…” Pedro y Pablo (canción de mediados del 70)

Siempre me impresionó positivamente esta hermosa canción de Pedro y Pablo, himno junto a la “Marcha de la Bronca” en la década del 70 no exenta de un contenido existencial típico de ese momento de la cultura. Es una búsqueda poética de un lugar; encontrar un lugar protector en el mundo. Anunciaban, así, la soledad de muchos y la multitud de “nadies” que ya se avecinaban en el paisaje social con la post-modernidad embrionaria.

El poeta sigue diciendo; “… buscan una casa donde cambiar su piel, donde van los profetas de botellas…no todos van”. Heme aquí pensando y tratando a los que el canta-autor llama genialmente “profetas de botella”. Los que abusan de los “quitapenas” modernos que ya no es solamente el alcohol.

Jorge dormía en los subtes o en los pasillos de los hospitales cuando lo conocí a los 18 años. Joven de clase media acomodada sufrió en la infancia un stress crónico o sea todos los días presenciaba y buscaba sostenerse entre un padre que consumía y huía de su hogar, una madre depresiva y adicta a los psicofármacos. Soledad de vínculos y con violencia entre los padres ostentada escandalosamente como pintura de la vida cotidiana de una familia.

Hay en estas circunstancias cuando el dolor y el padecimiento es crónico un “apagón” emocional pero también del desarrollo del sistema nervioso. En la niñez esto parece ser determinante. Es maravilloso lo que hoy se está descubriendo: dolor y padecimiento emocional desde la infancia, padres con alto grado de enfermedad y violencia y, al mismo tiempo, alteración del desarrollo del sistema nervioso. Ante esto aparece la búsqueda del efecto reforzador de las drogas que se encuentran en cada esquina de la ciudad.

Dolor emocional crónico

A menos palabra plena y vivificante y afecto contenedor de los padres parecen desatarse una serie de fenómenos interconectados: con efectos en el dolor emocional crónico, el desvalimiento familiar y la alteración del desarrollo del sistema nervioso.

En este desarrollo nervioso la corteza pre frontal (estructura biológica altamente superadora de la vida mamífera y un escalón superior de los monos) termina de madurar a los 20 años aproximadamente. Lo que sucede es que en la adolescencia las estructuras ex citatorias y afectivas están más desarrolladas que las conductas inhibitorias que son originadas por la corteza prefrontal. Existiría, entonces, una tensión permanente entre la propensión a asumir riesgos y la tendencia a escapar de peligros de esta situación; esta tensión debería resolverla y modularla la corteza pre -frontal como estructura capaz de ejercer un control superior sobre las estructuras sub-corticales.

Pero hoy sabemos que el padecimiento de miles desde la infancia se traduce en daños en el desarrollo y entre los factores que se han propuesto hay que destacar la exposición al estrés psicosocial, de modo que un cerebro sometido a estrés agudo o crónico disminuye la capacidad reguladora de la corteza prefrontal, llegando incluso a su “apagado”, lo que en la adolescencia se traduce a una mayor exposición a las señales reforzadoras de las drogas, la anhedonia ante estímulos diferentes a las drogas, la incapacidad de asumir costes futuros y la búsqueda del reforzador predominante como puede ser la droga, el riesgo, etc. Es como conducir desesperadamente y sin frenos.

Los nadies y las drogas

Jorge vivió todo esto. A los 12 años empezó a consumir y quedó embargado e hipotecado hasta que inició un tratamiento de rehabilitación. Su vida fue vagar de un lugar a otro. Su casa era lo que un terapeuta familiar define como modelo de una familia crítica actual “…lugar común de gente que comparte un mismo lavarropas y con suerte una heladera”.

De ahí en más todo es rápido y en cascada como la pérdida de control de las conductas, el consumo compulsivo, la decisión de consumir más allá de las consecuencias, el deseo condicionado de consumo o “craving”, la recaída y otros fenómenos permanentes vinculados a la adicción. Con estos cuadros de devastamiento emocional y en edades de máxima vulnerabilidad el deterioro avanza rápido.

Así pululan miles de “nadies” que vagan por los pasillos de las villas, duermen en trenes o subtes, o entregan su vida a algún Patrón que los haga ser de un modo crítico pero ser al fin.

De ahí que me sigo preguntando lo que el poeta decía en los albores de la post-modernidad “…donde va la gente cuando llueve…donde van los que no van”. Son los nuevos “profetas de la botella” que van anunciando, así, su propio Infierno.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilita
ción en Adicciones.

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