Adolescentes desamparados y nosotros adultos desorientados

“la marihuana me pierde… me vuelve loca” relato de una quinceañera

Dos niñas – adolescentes en Rosario huyen de sus casas hace unos meses. Ya “domadas” desde los once años por el consumo de alcohol y drogas, en ese momento, a los quince siguen las leyes de esos “nuevos campos de concentración” que son , a la vez, refugios del consumo y de venta de estupefacientes ( casas del paco , lugares de sexo a cambio de drogas, barrios tomados por vendedores , “bunkers”).

Ahí se parapetan como lugar de salvación pero en realidad de vacío y demolición. Las pasiones auto-destructivas se desatan ligadas a ese” flash” buscado pero que al mismo tiempo es lo necesariamente fugaz para sumergirlas otra vez en ese vacío tan temido.

¿Vos queres drogas?….dame sexo…le dice el “Patrón” perverso de ese” campo de concentración” de los deseos del otro y todo a punta de pistola como mandan hoy los nuevos mandamientos. Así comienza una saga digna de una novelística de Dostoievski en el siglo XXI.

La relación amorosa pierde así el valor de vínculo con otro.

Pulsiones eróticas anárquicas se desagotan entre placeres de “fellatio”, sexo anal no consentido, golpes, brutalidad, para, al fin sexo grupal. ¿Dónde quedó la ternura del sexo? Eso parece ser de otra época en donde todavía el romanticismo imperaba. Todo es sexo “exprés” que va más allá del “con quien”. Es soledad en compañía envuelta por los oropeles del ruido, el alcohol, la droga y la violencia y, ahí, cuando se traspasan los límites todo puede pasar. La transformación creativa del sexo muta en riesgo de vida.

Terminan exhaustas en una sala hospitalaria donde ahí son objeto de investigaciones médicas y clínicas: ¿enfermedades de transmisión sexual? Pero en los análisis de sangre y orina no salen los dolores y los traumas sufridos. Eso es de la órbita de nosotros los terapeutas: acoger el dolor, que lo puedan hablar, recordarlo, elaborarlo y fundamentalmente ayudarlas a no repetir estas conductas.

Así las conozco. Drogas, adolescencia y contexto “narco” son mis primeras reflexiones; para luego preguntarme por los padres de ellas. También ruedan por mi mente reflexiones sobre en qué ámbito crecieron los padres. ¿Serán ellos figuras válidas simbólicamente frente a los distintos modelos sociales explosionados por las redes sociales que a veces resultan ser más significativas simbólicamente que los adultos mismos? Los blogs, las propias páginas web, los sitios de encuentro son más eficaces que la débil palabra de una familia a la distancia y una escuela poco presente.

TIEMPOS LIQUIDOS

Cambios vertiginosos en lo que Z. Bauman llama “tiempos líquidos” desde los 80 se fueron dando. Se evaporó la sociedad moderna con lo pétreo de sus valores y estructuras y la post-modernidad incorpora a lo etéreo y lo gaseoso como valor. Pero en realidad es un nuevo escenario del padecimiento humano y mi tarea es ayudar a vivir con calidad de vida llegando en las mejores condiciones posibles al cementerio y no de una manera precoz.

Cuando hablo con ellas me anuncian temas claves hoy:

Aceptación social del consumo

La adolescencia como terreno fértil para el consumo de estupefacientes ante la inmadurez de las áreas de control inhibitorio del cerebro y la sobre-exigencia hormonal de los sistemas del placer del mismo cerebro en estas edades de la vida.

Familias en crisis; en realidad son madres devastadas y con escasos recursos de sus ex compañeros que en su ausencia muestran solo la presencia del alcohol. Debilidad del marco simbólico de ese grupo que es clave en la educación y escuelas abandonadas como fase clave para la instrucción. La familia necesita educar y la escuela instruir. A veces se le pide mucho más a la escuela de lo que puede dar.

Modelos sociales poderosos en donde la transgresión y la falta de límites es la norma se presentan a nuestras dos adolescentes –niñas que oscurecen las débiles palabras de padres y abuelos y por ende de las escuelas.

DEL PADECER AL VIVIR

Las encuentro en mi consultorio como combatientes maltrechos y sobrevivientes de una guerra. Son dolor puro .Están a la “intemperie” pero parecen no percibir esta inermidad aunque, sin embargo, en su mímica denuncian dolor y sufrimiento. ¿Serán en el futuro jóvenes crónicos o jóvenes viejas? En realidad aparece una luz ejercitar el derecho a la palabra que es lo que dignifica lo humano y eso pasa por escucharlas para que sobrevivan al circuito de la muerte drogas-violación-abstinencia-consumo otra vez y deterioro permanente.

Desde la palabra adquieren humanidad. Los grupos. La terapia. No drogarse. Se van incorporando a un mundo más sólido y empieza a surgir la esperanza en un por-venir. Hoy se están recuperando en su Provincia luego de meses de crecimiento emocional y simbólico.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

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