En las puertas del cementerio

Jorge comenzó a consumir alcohol a los 16 años.  Lo conocí hace cuando tenía 37. Lo pudimos ayudar. Antes de conocernos en su provincia su pasión diaria era consumir por las noches en la puerta del cementerio de su ciudad y como él me decía “…con la fosa abierta”. Un sereno guardián cómplice del lugar  lo acompañaba en la dependencia alcohólica conjunta.

Se había quedado sin proyecto y estar ahí todas las noches era casi su propia sentencia de muerte y por lo tanto  condenándose a través  del alcohol. 21 años de consumo lo habían  dejado sin respuestas cerebrales para controlar sus impulsos destructivos.

Fue pasando por todas las etapas del alcoholismo. Embriaguez de fin de  semana con  intervenciones médicas en salas de guardia para reanimarlo. Pasaba de la euforia de la primera etapa a la violencia para en otras ocasiones desplomarse. Cuando  avanzó la enfermedad aparecieron  delirios y alucinaciones. Breves internaciones de desintoxicación eran solo una antesala para seguir consumiendo. Vitaminas y sedantes pero sin ninguna terapia para saber que le pasaba y sin  intervención sobre los problemas de la familia.

Varios meses en una comunidad terapéutica lo ayudaron no solo a desintoxicarse sino a hacer la renuncia a la “botella” que realmente lo había derrotado y a plantearse una vida posible tanto laboral y social  así como  independizarse de los padres. Donde hay dependencia alcohólica no hay futuro posible. Quiso salir…pudo…pero como enseñanza protejamos a los jóvenes del alcohol. Se alejó así del cementerio y entro en la vida.

 Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

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