¿Dónde está el piloto…?

“La gran proeza no es volar en el aire o viajar sobre el agua, sino caminar sobre la tierra”. Poeta anónimo.

Tiempo de pilotos de aviones que fallan. Cerebros y mentes que destruyen “cargándose” a centenares de personas en este trámite infernal .Aviones que se caen: en Carmelo (Uruguay) un conductor drogado (alcohol y cocaína) y, en otras circunstancias, en los Alpes franceses el delirio de inmolación de un piloto buscando, como dice su novia a un diario alemán, que su nombre quedara en la historia. En ambos casos hubo fallas humanas, dicen los informes, con la frialdad que tienen los diagnósticos pero en uno el abuso de sustancias contraviniendo normas éticas de la propia legislación y en el otro una alteración del pensamiento y de toda la personalidad invadida por un delirio.

El que nos tocó más de cerca fue el de Carmelo en donde un consumo simultáneo de cocaína y alcohol hicieron perder la conciencia situacional por deficiente percepción del peligro y de la evaluación del riesgo. La falla en la toma de decisiones hizo que entrara de lleno en la niebla estrellándose todos.

Frente a ciertas concepciones que banalizan el consumo de drogas debemos recordar –quizás estimuladas por las tragedias – que las drogas y el alcohol provocan cambios permanentes en las estructuras y función del cerebro (verdadero piloto de nuestras conductas).

Miopía del Futuro

Cuando una persona le sucede como lo que le pudo pasar al piloto se han dado 3 fenómenos que se dan unidos: pérdida del control sobre nuestras propias vidas, compulsión (idea obsesiva) e impulsión que no se puede controlar. Por eso muchos accidentes ocurren sin tener noción de las consecuencias .Desde un avión, un auto, una moto o en la vida doméstica la persona ha pedido ya el control de sus vidas y está invadido por una idea obsesiva de consumo seguido de un desborde impulsivo.

Se van alterando los registros de evaluación de la realidad que llevan a la dificultad de seguir reglas (normas –procedimientos – e incluso normas éticas de la propia actividad laboral). Hoy lo mismo pasa en empresas de alta seguridad con maquinarias de precisión en donde habitualmente y al azar es menester realizar tests de orina para medir el consumo probable de drogas y todo esto con la anuencia del sector sindical.

Las drogas y el alcohol “secuestran” literalmente el sistema motivacional (el sistema límbico que es base de lo que se denomina el sistema emocional). Este embargo de nuestras motivaciones se acompaña de un único deseo: consumir sin analizar los contextos. Esto es paralelo a una disminución de la función frontal (“piloto” de nuestras conductas desde el cerebro) que lleva una inadecuada toma de decisiones. Esta pobre evaluación de la realidad y de las consecuencias se apreció en varias circunstancias: cambios en el libro y plan de vuelo, la decisión de partir a pesar de que el aeródromo de destino no reunía condiciones necesarias de visibilidad por la niebla, desoír lo que le decía el personal del aeródromo de Carmelo, no regresar al aeródromo de partida o a uno alternativo.

Así el dependiente a las drogas y al alcohol va equivocando la toma de decisiones y no puede anticipar las consecuencias prospectivas de una acción. Hay una verdadera ceguera que llevó a que muchos estudiosos del tema hablaban de una “miopía “del futuro.

Adicción y descontrol

Hoy se compara la adicción como el descontrol que sufre un esquizofrénico que no puede frenar sus delirios, o el que sufre la enfermedad de Parkinson que no puede limitar sus temblores, o lo que vive un depresivo que no puede bloquear sus estados de ánimo. Por eso una vez que se ha generado el cambio cerebral por el consumo abusivo de drogas y alcohol se instala una enfermedad que es crónica y recurrente en donde para que pueda haber una rehabilitación es fundamental frenar el primer consumo o la primer copa ya que hay cambio metabólico en el cerebro y trastornos en la personalidad muy pronunciados.

Todos los días vemos en nuestros consultorios personas que han “estrellado” sus vidas ya desde adultos que han dilapidado afectos , fortunas, familias y vínculos hasta menores que en el consumo han perdido posibilidades de completar ciclos vitales (estudio, trabajo). En éstos la situación se complica debido a la inmadurez del cerebro ya que en ese momento las estructuras frontales están poco desarrolladas y solo la parte emocional e instintiva está muy activa.

El no a la primera copa es fundamental en aquel que ha llegado a la enfermedad alcohólica. Prevenir en los chicos también resulta fundamental enfrentando esa concepción que intenta normalizar el consumo de drogas.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.
www.ctgradiva.com.ar

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