La casa no está en orden…

“Dios mío…Dios mío…Padre… ¿porque me has abandonado…?” Lamento de Jesús en el Gólgota; Evang. De San Marcos.

La “casa está en orden…Felices Pascuas” dijo un excelso líder político luego de contener una asonada militar en estas fiestas en la década del 80 y así dejó tranquilidad en ese mediodía en Plaza Mayo en cadena nacional. Los que trabajamos con pacientes críticos sentimos cotidianamente que la “casa…no está en orden”.

El lamento de Jesús en el Gólgota es también una súplica antropológica desde el fondo mismo de lo humano acerca de la intemperie a la cual muchos estamos sometidos en distintas circunstancias de la vida. Soledad de desamparo. Pero esa soledad es estructural (fundante) ya que cuando Jesús convoca a un Padre que siente que lo ha abandonado nos habla de una viga maestra faltante. Como si una casa no tuviera cimientos firmes.

En el campo de las patologías psicológicas y psiquiátricas humanas la ausencia de figuras estructurantes (padre, madre, organización socio-familiar contenedora, escuela) anuncian síntomas (de mayor o menor gravedad). Los síntomas serían los “llantos” de la pérdida, de la falta, la inconsistencia y en algunos casos la perversión de estas mismas figuras. No reconocer a estas figuras estructurantes desde el lado de la persona son también generadoras de síntomas. La psicopatía negadora de lo social desde el amor perverso por el daño o la pérdida del sentido de realidad en la locura abrevan en esta falta de reconocimiento. Ausencia de un lado por déficits o carencias de ambientes nutricionales afectivos y simbólicos o huecos porque no aceptamos el orden que estos referentes nos muestran; de los dos polos surgirán severas dificultades que llamaremos síntomas de severidades relativas y diversas.

El lamento de Jesús nos muestra que en la llamada suplicante al Padre siempre hay una referencia a un Tercero que es Ley. En nuestra vida la referencia a un Tercero (padre, madre, orden legal, marco simbólico, ancestros, etc.) es salvífica .Salva. Rescata.

El lamento de Juan

Juan interrumpe mi desayuno del viernes y me saluda con cariño desde un mensaje de texto. Me emociona ya que lo conocí arrumbado por las drogas y defendiendo el consumo como quien defiende el veneno para matarse cuando ya tiene la decisión tomada. Los recuerdos invaden mi mente mientras tomo mi taza de té verde. Alegría de un reencuentro. Funcionamos en la comunidad terapéutica, para él, como un Padre referente de la vida. Me dice que parte con su mujer y su hija a la casa de un familiar. Quiso darme esa noticia. Él se está rescatando. Lo conocí en el 2005. Era un típico muchacho desesperado y que buscaba en las drogas una salida que le anticipara el fin de sus días.

Fuimos hablando y la historia de su vida empezó a hablar con la fuerza de la Verdad. Siempre añoró a un padre ausente .Su madre lo había presentado como alguien que lo había abandonado. Desde pequeño ansiaba encontrarlo .Soñaba con él. En la adolescencia lo rastrea por San Martín y debajo de un puente encuentra a un ser vencido por el alcohol. Le habla. Le da café .Espera su lucidez y se reencuentran cariñosamente. Quedan en volver a verse .Vuelve al lugar. Nunca más lo vio .Los compañeros del barrio dicen que desapareció e incluso que murió. La vida de Juan cambia. Esa historia lo arrastra y se mimetiza con él.

Lo conozco luego de una sobredosis .Llora la pérdida. Habla de sus dolores .Encuentra a un Tercero (no se puede vivir sin un tercero); de lo contrario nos precipitamos al vacío. La comunidad terapéutica y sus equipos de escucha y locución fueron el inicio de su rescate. Su apuesta a la vida se da con una pareja y un hijo .Siempre hay un “Paraíso” para quien encuentra un sentido a su existencia.

Abandono y poder

El abandono en la vida resulta la máxima definición del Poder .El poder se maximiza en la deserción del abandono. La palabra tiene una gran sabiduría en su etimología: abandono deriva de a-bandon; el bando era la proclama que en las comarcas leían los poderosos acerca de lo que había que hacer en ese territorio. El abandono jurídicamente es un delito porque se elude un deber. El deber, precisamente, que marca las funciones derivadas de la paternidad. Cuando esto no se puede reparar aparece la enfermedad como un pacto criminoso generacional. Vemos así hijos, multitud de hijos, entregados a la muerte como si fueran el resultado insensato de una historia de dos padres que necesita fenecer con la violencia de la desaparición del más débil y vulnerable.

Pero todo delito en lo humano tiene un Perdón y una Reparación. Juan lo aprendió .No podía entregar su vida por una conflictiva que los otros le habían dado. Juan empezó a ordenar una nueva vida desde el perdón y la reparación que son los instrumentos de sanación fundamentales. Pasó del suicido inminente a la vida.

De la “casa no está en orden”… pasamos a “la casa está en orden”.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.
www.ctgradiva.com.ar

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