“Casas tomadas”

“el terapeuta tiene que poner a los padres en el asiento de conductor” (S. Minuchin –maestro en terapia familiar-USA-1974)

No me voy a referir a la multitud de “casas tomadas” que hay en las ciudades sino a las familias en donde los hijos toman el poder y someten a sus padres o en donde el límite con el mundo externo es inexistente y la casa se halla invadida por “supuestos” amigos de los hijos y que después observan son en realidad compañeros de consumo y muchos de ellos ya en contactos marginales. Todo esto dificulta la intimidad familiar. El consumo de drogas en adolescentes de estas familias le dio una explosividad enorme.

Jorgelina me decía:”…le di todo a mi única hija pero le tenía miedo… Desde que se empezó a juntar con ciertos “barras bravas” todo cambió… desde la violencia para imponer horarios hasta que la heladera fuera un patrimonio de muchos extraños”.

Lucía me dice: “…me tuve que separar de mi segundo compañero porque los golpes de mi hija eran insostenibles…cada uno en su casa…pero igual era imposible que aceptara límites”.

La Flia X me comenta:” nuestra casa no tenía intimidad… de repente un grupo de compañeros de consumo de drogas de mi hijo se había apoderado de todo… aprovechamos una internación de mi hijo para malvenderla y mudarnos de barrio”.

El problema se complica cuando aparecen fenómenos de segundas nupcias, la convivencia de hijos de diferentes parejas o los fenómenos de adopción: “…mi hijo me decía que nosotros no eramos los padres y el golpe y la falta de límites en los horarios y compañías eran permanentes”.

Historias…historias que vienen a mi mente en años de atender adolescentes y en donde se altera el desarrollo con el consumo abusivo de estupefacientes de todo tipo y alcohol.

Poner a los padres en el asiento de conductor

Como dice el maestro argentino Minuchin residente en USA en terapia familiar “los padres necesitan estar en el asiento de conductor”. Todo esto acá no se da.

En toda familia hay conflictos especialmente cuando los chicos crecen hacia la adolescencia y tratan de establecer una autonomía dentro del proceso de separación e individuación tan necesarios. Peor en estos casos no hay la la aceptación de una autoridad que pueda ser la que conduce y orienta esta dramática. Se realiza lo que se llama un “enganche maligno” esto es similar a lo que sucede en el boxeo con el “clinch”. Uno y otro contendiente (padre e hijo pueden ser) pelean sin que exista un árbitro que los separe. En un combate el juez deshace el enganche. En estas familias se desvalorizan mutuamente, se atacan y por otra parte la drogas como condimento en estos jóvenes genera una impulsividad sobre agregada.

¿Cómo culminan estas familias en donde hay crisis en la organización y con las drogas como alimento destructivo ¿….habitualmente si no interviene un equipo terapéutico se ingresa en una desorganización mayor que puede culminar en un deterioro grande con la inclusión en centros psiquiátricos y con un consumo crónico de sustancias. Es lo que se denomina “entropía de los sistemas familiares”. La caída de la vida y el avance de la muerte es progresiva en estos grupos.

Va triunfando progresivamente el desapego por la cohesión débil dentro de la familia y predomina la expulsión sobre el vínculo .El joven queda expulsado hacia los márgenes de la sociedad; así la marginalidad va triunfando y, también, todas las desviaciones psicológicas y psiquiátricas imaginables. La separación normal entre padres e hijos adolescentes no se da en estos contextos familiares y la atmósfera de expulsión triunfa. Incluso los padres pueden llegar a desear la muerte de los hijos. Muchas conductas como la de facilitarles dinero para drogas, no consultar a especialistas o dejar avanzar la enfermedad, entre otras conductas posibles, pueden llevar a desearles la muerte al hijo configurando lo que llamamos “pacto criminoso”.

Valorizar el vínculo familiar

En las familias ensambladas, de segundas nupcias se crean mayores problemas en relación a los limites ya que los nuevos padres son devaluados y su palabra puede no ser escuchada .En muchas ocasiones esto se puede repetir en familias que son adoptantes en donde el hijo no acepta normas de vida y limites fundantes. Todo un trabajo de clarificación de roles, de aceptación de las nuevas realidades es clave realizarlo. De lo contrario también ahí el rechazo y la expulsión están a “flor de piel”.
Habitualmente olvidamos a la familia, hoy también devaluada y dejada de lado, como eje clave en el desarrollo de la epidemia adictiva. Por eso traemos estos ejemplos simples que surgen de escuchar dolores humanos de padres que no pudieron enmarcar un desarrollo hacia la salud y la libertad de sus hijos. Desde las “casas tomadas “hasta las “casas expulsivas” parece ser la trayectoria de un conflicto que pudo ser orientado y en donde las drogas agregaron letalidad.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

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