Un “león” rechazado.

Conocí a esta familia  hace varios años .León en sus 13 años  era un “paria”. Su madre lo abandonó y como dice el padre: “…es una historia que es mejor no recordar”.  Secretos familiares que esconden todo un conjunto de rechazos  y violencia entre adultos.  Llega hacia nosotros con una historia barrial en donde se confundía todos los días con chicos mayores en donde  incluso algunos podían ser sus padres; pero adultos ya “jugados” en el delito en los típicos confines del conurbano. El consumo de sustancias desde los 11 años era solo uno de los ingredientes de una vida que llevaba al deterioro inminente o a la desaparición.

Cuando se empezó a estudiar en el siglo pasado depresiones de chicos e incluso muertes se comprobó que el rechazo y el abandono eran fundamentales. Si no hay apego especialmente a la madre se resiente el destino futuro de una criatura. Esta historia de rechazo y exclusión  se completaba con que el padre logró armar una nueva familia en donde  León quedó aún más expulsado hacia los confines de la calle desde pequeño. Su nueva madre también lo detestaba. No hay nada más negativo en la vida que la falta de reconocimiento. Es uno de los principales alimentos junto a los afectos. Si todo seguía así  León iba a terminar poco a poco en la carrera de la marginalidad.

La comunidad terapéutica empieza a ser su nuevo hogar .Hogar…palabra antigua y trillada,  es hoy una necesidad. Ahí, en esa nueva familia sustituta, empezó León a ordenar su vida. La visita de sus padres  se testimoniaba  solo en  una bolsa de alimentos pero la charla y el encuentro nunca aparecían. En realidad León debía agradecer (después nos dimos cuenta) que un carnet de obra social detuvo su destrucción. Nos dieron y le dieron a él la posibilidad de una nueva vida porque una “casa de vida” (comunidad terapéutica) es, de alguna manera, una familia reparadora.

Él estuvo dos años con nosotros. Pasamos por varias etapas de educación emocional, terapias, socialización con el estudio y hoy ya en sus 18 años vive con otro entorno y fuera de los circuitos de la marginalidad y el abandono. La droga era solo un “llamador” o como una forma de decir “yo existo”. Pasó de ser un “nadie”  a ser alguien. Se sintió escuchado.  Así renació León.

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA –Rehabilitación en adicciones.

 

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