Desmesura y mutilación.

“ ..Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco “máxima griega

Siempre la patología humana con sus delirios o excesos y que termina en clínicas, sanatorios y comunidades terapéuticas parecerían ser una “caricatura” de un modo de vida social. El paciente y en este caso muchos pacientes, por la dimensión masiva del problema de las drogas y el alcohol, serían el reflejo mismo de esa caricatura y de un modo de vivir y de costumbres sociales instaladas. La enfermedad se transforma así en la claridad misma de esa vida alienada que automáticamente y con hábitos cotidianos emprendemos.

Hoy me voy a referir a la desmesura con sus nuevos Dioses a adorar: la velocidad, la comunicación al instante, las drogas, el alcohol, el poder, el dinero, el juego o el sexo y quizás habría que agregar una estética desafiando el destino del tiempo en nosotros e incluso de los límites que nos depara nuestro propio cuerpo desde que nacimos.

Parece ser un tiempo en donde la imagen y la velocidad son fundamentales aunque sea un rodar sobre el vacío para a veces caer en el mismo agujero que nos depara ese vacío. Ahí acuden muchos a nuestra consulta, desvencijados después de tanta desmesura y velocidad.

Historia de Vida

Osvaldo me sorprendió cuando lo vi en un oscuro jardín de una clínica psiquiátrica en una silla de ruedas .Hacía años lo había conocido y trabajamos juntos con una cierta estabilización de sus conductas luego de una larga carrera de desmesura en Europa. Su agilidad física luego de horas de gimnasia se unía a su capacidad para huir y no escuchar. Brillante ejecutivo, creador de empresas pero al mismo tiempo de “derretirlas” con conductas arriesgadas y autodestructivas. La desmesura y las drogas lo consumieron. Era según me dijo el padre el ejemplo mismo de la desmesura.

Las drogas con ese daño permanente a los centros de la cordura y la mesura como son las estructuras corticales superiores agregaban más desmesura y descontrol. Un año intenso de tratamiento en Gradiva con entrevistas con su actual mujer, la posibilidad de reconectarse con una hija abandonada y de cortar vínculos con “dealers” y trabajadoras del sexo que consumían drogas con él lo ayudaron a ordenar su vida y a manejar los ciclos de abstinencia y los anhelos por consumir. 20 años de ingesta de estupefacientes en diversas ciudades europeas y en Argentina habían hecho mella en él. Llegó a Buenos Aires porque varios médicos de su país ya no podían más con él y propusieron un “cambio de ambiente” y así recaló en un programa muy estricto en Perú del cual se fue y por esas circunstancias raras se conecta con nosotros.

Se fue luego de un año intenso de trabajo pero no pudo escuchar la consigna médica de que una rehabilitación sin seguimiento y mantenimiento es casi nula. Prefirió como muchos que se refugian en la omnipotencia la soledad del soliloquio a la molestia de la escucha y el dialogo.

Una noche recibo en mi consulta un llamado de auxilio ya que el dio mi número telefónico luego de un choque en una ruta de la Provincia de Buenos Aires. Eran comunes esos desplazamientos de cientos de kilómetros entre casinos, prostíbulos y drogas. Así lo vi en una silla de ruedas presto para volver a Europa para una rehabilitación física y neurológica. Aquel que había querido volar como Ícaro (héroe griego que desafiando los límites del acercamiento al Sol se incineró) hoy estaba postrado y vencido .Solo una mirada, una lágrima y un hasta siempre fue la despedida que se grabó en mi corazón.

La locura para los Griegos

Los griegos hablaban de Hybris, figura que retrataba la tendencia a sobrepasar toda medida, desafiando límites, buscar más allá de todo lo posible, estar siempre en una búsqueda frenética de un más allá del placer, ir más allá del otro sin que importen las consecuencias e incluso más allá de la razón. Desagotar la catarata de impulsos hasta el límite del no-limite. El combustible que movilizaba y cegaba a la vez lo llamaban el “ate”; mezcla agobiante de furia y orgullo.

Hemos perdido en tiempos de la imagen y velocidad la medida de la mesura. En los griegos era el término medio el principio para todo: “…Nada en exceso” decía una cita en el oráculo de DELFOS. Nada podía sobrepasar un límite. Porque éste era nuestro declarado destino; el límite. Cada uno de nosotros no puede querer el Todo; nos corresponde una parte y tenemos que aprovecharla. El castigo de los dioses ante la desmesura la ejecutaba la Némesis que tenía como misión devolvernos a nuestros propios límites. Herodoto, filósofo griego, decía que la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobrepasaban los límites .La hybris desata la cólera de los dioses y genera en la moral griega la ruina del soberbio. Cuenta la leyenda que los dioses se casaban con quien a cada uno le tocara en suerte y la Guerra llegó último al sorteo y le tocó el Desenfreno. Así donde llega el desenfreno se junta con y para la guerra.

Esta guerra lo pulverizó a Osvaldo .No supe más nada de él. Pero se han entronizado en nuestra cultura el dinero, el poder, el juego, el sexo como mera descarga y fuera del circuito del amor y por supuesto las drogas y el alcohol. Son nuestra Hybris.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA –Rehabilitación en adicciones.

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