Entre secretos y pactos criminosos.

“…si el Padre ha muerto entonces nos quedamos todos huérfanos” (reflexión anónima que es una crítica al lema del Mayo Francés)

Conocí a esta familia hace varios años .León en sus 13 años era un “paria”. Su madre lo abandonó y como dice el padre: “…es una historia que es mejor no recordar”. Secretos familiares que esconden toda una saga de rechazo y violencia entre adultos. Llega hacia nosotros con una historia barrial en donde se confundía todos los días con chicos mayores en donde incluso algunos podían ser sus padres; pero adultos ya “jugados” en el delito en los típicos confines del conurbano. El consumo de sustancias desde los 11 años era solo uno de los ingredientes de una vida que llevaba al deterioro inminente o a la desaparición.

Esta historia de rechazo y exclusión se completaba con que el padre logró armar una nueva familia en donde León quedó aún más expulsado hacia los confines de la calle desde pequeño. Su nueva madre lo detestaba en algo que solo se podía entender por lo que comúnmente llamamos “piel” y que estaba más allá de cualquier razonamiento. También desde ese nuevo entorno familiar él ya no debía existir. Desde todos lados era él un “muerto vivo”. León era un muerto a la principal significación y alimento del ser humano que es el reconocimiento.

Múltiples accidentes en su infancia lo aquejaron siendo esto para los que trabajamos con menores un “llamado” a los padres .Llamados sin respuesta y ésta solo aparecía con un medicamento o una operación luego de un accidente. El médico estaba ahí en una fría sala de hospital pero la ternura familiar estaba ausente. Muy inteligente, eso me asombró siempre, aunque su apariencia era la de un chico retrasado. Esto es típico de los abandonados; a – mímicos (sin gestualidad clara), poco expresivos, casi disociados del ambiente pero profundamente inteligentes cuando alguien les dirige su atención, consideración y reconocimiento.

Si todo seguía así León iba a terminar poco a poco en la carrera de la marginalidad. Una organización barrial ligada a la Iglesia Católica me conecta y con la ayuda de un gremio el chico es traído a la consulta .La comunidad terapéutica empieza a ser un nuevo hogar. Hogar… palabra antigua y trillada, conservadora para algunos es hoy una necesidad. Por algo llamamos a la comunidad terapéutica “casas de vida”; este término lo tomé de mi maestro francés E. Morín que relataba lo que él llamaba la “megabarbarie organizada” de la actual sociedad post-moderna. Una de los rasgos de esta “megabarbarie” era la errancia de los amores. Abandonos por doquier en donde los niños y los viejos eran las víctimas propiciatorias de esta descarnada vida detrás de los fetiches del dinero, el poder , el sexo, el individualismo exacerbado, etc.

Romper la saga criminosa

Ahí, en esa nueva familia sustituta, empezó León a ordenar su vida. La visita de sus padres se testimoniaba solo en una bolsa de alimentos pero la charla y el encuentro nunca aparecían. En realidad León debía agradecer (después nos dimos cuenta) que un carnet de obra social detuvo su destrucción. Nos dieron y le dieron a él la posibilidad de una nueva vida porque una “casa de vida” (comunidad terapéutica) es, de alguna manera, una familia reparadora.

En estas familias como las de León el rechazo, el secreto y el pacto criminoso se dan la mano. Ya en el rechazo se decreta el status de no existencia basado en un secreto en donde se ejecuta con alguien (en este caso la nueva mamá) un abandono para que con ese cómplice se ejecute la escena final de exterminio. Pero acá el amor y la fuerza de organizaciones barriales y sociales pudieron más. Incluso el padre, en un acto de entrega amorosa casi milagroso lo cedió a otro grupo para que el hijo viva; esto también es justo reconocerlo.

Él estuvo dos años con nosotros. Pasamos por varias etapas de educación emocional, terapias, socialización con el estudio y hoy ya en sus 18 años vive con otro entorno y fuera de los circuitos de la marginalidad y el abandono. Los padres no permitieron este parto. Este nuevo nacimiento.

Esto me recuerda lo que nos dice Sócrates; “…educar es ayudar a parir”, desde los confines de la sabiduría de los griegos egregios que son bases del pensamiento occidental. Es lo que llamaba “proceso mayéutico” siendo, así, lo educativo una estimulación a nuestro desarrollo .Un buen educador es un partero y nosotros los terapeutas de hoy ante las realidades que nos planteaba León lo debemos ser. Pero al mismo tiempo somos pedagogos que etimológicamente significa el que guía al niño, el que le ayuda a encontrar un camino. Por un lado parteros porque la verdad estaba en León y había que ayudarlo a sacarla y por otro lado orientadores. Alumno quiere decir etimológicamente “…el que necesita ser alimentado”. Todos de alguna manera somos alumnos todos los días y más personas como León.

Los niños como olvidados
Los chicos resultan ser hoy los grandes olvidados en medio de separaciones cruentas, no reconocimientos incluso de su identidad, con grandes divorcios emocionales entre los cónyuges creciendo solos atados a una play station o dentro de un ciber, en hogares ensamblados en donde muchos no encuentran un lugar, etc., etc. Hay muchos escenarios en donde el desencuentro de los adultos deja un olvidado que está ahí. La droga es solo un “llamador” o sea es como decir existo. ¿Quién los escuchará? .Si alguien los escucha pueden pasar de ser un “nadie” a transformarse en un “alguien” como le paso a León. Hablar sólo de estadísticas de consumo es muy frio…hay historias de vida que pululan en las calles en donde l abandono, los secretos y los pactos criminosos esconden nuestros desencuentros. El Padre está muerto; pero ¿Cuál cual Padre necesita morir el dominador o el tierno que muestra caminos y nos ubica en la historia?

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA –Rehabilitación en adicciones.

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