Se buscan cómplices…No testigos.

“Sin testigos nos evaporamos…” J.P.Sartre “El ser y la nada”

El dependiente a las drogas no lo puede ser sin cómplices y precisamente elude los testigos. La dinámica opositiva entre cómplice y testigo marca a la transgresión como uno de los principales problemas de la vida en drogas. El cómplice funciona como el socio del silencio en acciones que eluden leyes de la salud, la vida y las relaciones sociales. Es silencioso ante las “transas”, los robos para consumo, es “campana” en la entrada en las villas o es pareja afectiva que complace los placeres mutuos pero siempre en derredor del verdadero amor que es la droga. El evento central de todo dependiente es la sustancia…los de afuera son “de palo” (como se dice en el argot popular) aunque sean los cómplices como participes necesarios.

El testigo es el que atestigua por una cierta legalidad; es el “buchón” para el consumidor o el que rompe códigos. Los principios de la “omerta” tan caros a los principios de la mafia son una realidad en nuestros barrios y circuitos de consumo y forman parte dela vida del consumidor. Consumir en cantidad drogas es un estilo de vida que incluye ritos, señales, alianzas, complicidades, secretos. Todo esto configura ese estilo de vida que va más allá del daño que realiza en el cerebro el consumir…es una manera de andar por el mundo que al final culmina en el aislamiento más absoluto. Pero para llegar a ese “autismo solitario” se pasa por múltiples alianzas negativas para la vida y al servicio de la autodestrucción.

Como dice Sartre “sin testigos nos evaporamos” ya que es la Ley como compañía humana lo que vale. Es un amigo que me acompaña en la vida, la novia que participa de lo mejor de nosotros para un proyecto de vida y así sucesivamente sociedades ideales en el proyectar y caminar la vida. El silencio cómplice es la pareja “codependiente” que cubre los consumos, el policía corrupto que ampara circuitos ilegales , el llamado amigo que en circunstancias críticas nos abandona en la puerta de un hospital pero sin acompañarnos en la circunstancia agónica (como multitud de veces he visto en las guardias hospitalarias de mi juventud ) ; y así sucesivamente.

Historia de Vida

Las parejas de los adictos duran poco si hay consumo. Juan Pedro, a quien conocí hace más de ocho años tenía una mujer con la que consumía. La violencia paranoica acompaña los ciclos de intoxicación de cocaína y así los golpes se suceden ante la atónita mirada de un hijo que ve a dos enloquecidos atacarse. Factura a saldar en el futuro para ellos de parte del hijo y a la vez trauma duradero .Mientras tanto se cubren para comprar y consumir más allá de la mirada de los otros. Buscan esconder ese consumo (típico en los pacientes) pero el mismo es enteramente visible para aquellos de los cuales quieren huir. Muestran ocultando .Se mienten en su verdad. Se termina la pareja. Pero también el dinero para nuestro Juan Pedro; ella era proveedora económica y él con su larga carrera de adicciones perdió todo e incluso los favores de su familia de origen. Se rompe la complicidad…a buscar otra cómplice.

El con más de treinta años busca una adolescente hermosa en su parecer y rica económicamente. Aparecen sus dotes de seductor y que mejor seducción que ofrecerle cocaína a una menor ávida de placeres y con severos problemas de identidad. Así conforma una pareja cómplice con el afán de heredar un imperio económico. La Ley de la cocaína hace estragos ya que no es la Ley tal cual la definió Platón como “camino para crecer”, sino que más bien es un camino hacia el deterioro. Se deteriora, así, el vínculo, Juan Pedro apela a esclavismos para tenerla dominada y retenerla. La Ley de la cocaína es la paranoia y la celotipia en muchos casos. El tercero que son los vecinos intervienen ante los escándalos con la intervención policial y así se rompe este circuito de locura.

La vida de él quedó marcada por un deterioro gradual y le perdí el rastro. Las dos mujeres pudieron hacer un tratamiento y reestructuraron sus vidas. Muchas de estas historias pueden terminar con la placa roja de un noticiero…son moneda corriente hoy en tiempos de epidemia y de pérdida de las brújulas existenciales o sea de proyectos .La droga ocupa ese vacío de ser y sentido en miles.

Brújula, testigos y cómplices

Cuando recuperamos la brújula de nuestras vidas o sea el norte ávido de proyectos y esperanzas aparece en nuestras vidas testigos que nos acompañan en la lucha por la vida. La palabra compañera/o tan usada por los griegos (no solo en la política) es alguien con quien compartir el pan, signo de nutrición no solo alimenticia sino existencial. Caminamos por la vida con testigos. El cómplice anuncia lo contrario ya que en principio son circunstanciales y en donde la traición es el antivalor fundamental de estas constelaciones vitales. En el testigo la fidelidad es la Ley de esos vínculos.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

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