Las drogas y los abusos sexuales.

“…la última palabra de lo trágico no es el sufrimiento como no sentido, sino el sufrimiento como descubrimiento del sentido –he aquí el inicio de la superación-“P.Ricoeur filosofo

Hoy el consumo de éxtasis, ketamina, GHB (agente disociador de la personalidad) y distintos depresores del sistema nervioso han aumentado, todo esto relacionado con el auge de las fiestas electrónicas y con nuevas características del ocio juvenil y de su comercialización y marketing.

En estadísticas del año 2009 en estudiantes secundarios el 40 % de ellos probó algunas de estas drogas disociativas en el último año. Los registros hospitalarios de emergencias de fin de semana –hoy- dan casi un 50 % de ayuda médica de urgencia por distintos eventos asociados al consumo de drogas. En las fiestas electrónicas existen servicios de guardia médica con ambulancias para derivar pacientes a centros hospitalarios para atender emergencias ligadas al consumo de estas sustancias. Pensemos que algunas se realizan en “campus” en donde van alrededor de 30.000 personas y otras en quintas privadas alquiladas para este uso.

Susana llega al estado de “nadie “en sus 14 años. Vaga golpeada por las calles hasta el encuentro con una amiga que la conecta con su padre. Susana tiene una familia desorganizada pero que acude en su ayuda en ese momento crítico. Noches de gira con cocaína y alucinógenos la llevaron a este estado de “nadie” en donde la racionalidad, el auto-control de los impulsos y la medida de las consecuencias habían quedado abolidos. La violación de un tropel de psicópatas hiperestimulados con drogas acompañó a esta circunstancia crítica. La conocí hace 5 años. Hoy afortunadamente ha superado estos traumas y abusos.

Muchas chicas pasan por esta prueba de pérdida de humanidad y de ultraje en contacto con las drogas. La psicopatía (amor al daño y al goce por lo violento) es común en estas situaciones. Se forma un circuito entre una víctima y un grupo (habitualmente son varios) que hacen de la violación una afirmación de poder sádico. La droga acompaña estos procesos y asegura que la bestialidad se libere de una manera más automática. Los estupefacientes aseguran de una manera más segura que en las estructuras cerebrales que tienen que ver con el registro del otro y la empatía desaparezca. La conciencia moral también. Son psicópatas hipo-frontalizados por el consumo. Muchos de ellos hace años que consumen y sus daños cerebrales son evidentes.

En ellos el refugio en la “masa anónima” les asegura una rapidez de acción y un refugio seguro de su brutalidad. Dentro de la masa ellos también son “nadies”. Ser “alguien “es, por otra parte, tener empatía o sea un registro del otro. Ellos perdieron esa empatía que es el elemento característico de lo humano.

La pérdida de la humanidad

Ser “nadie” es la supresión de tres registros de la identidad: un cerebro que funciona con sus automatismos más arcaicos, una personalidad “hipotecada” por las sustancias y un ordenamiento parental y social deficitario y suplido por “tribus”, “barras”, cómplices, grupos de consumidores. La degradación de sus redes sociales va en paralelo con un cerebro domado por el consumo dependiente y una personalidad embargada y que solo responde al objeto deseado: drogas y a sus expendedores de turno (dealers, proveedores).

Nuestra tarea es tratar de convocar a esa joven violada y subsumida en el consumo a ser “alguien”. Esa es la meta de una terapia: de “nadie “a “alguien “a través de la tarea ética de “algunos”. Esos “algunos “somos nosotros que formamos parte de un equipo de humanización en las llamadas comunidades terapéuticas. Tarea hoy que tiene un imperativo ético dado el ultraje a lo humano que vivimos –como en lo sucedido con Susana.

Susana fue utilizada por este grupo perverso y fue en horas estimuladas con lo que hoy en el mundo se llaman las “drogas de club” (Instituto Nacional de Drogas USA) que son un grupo farmacológicamente heterogéneo de compuestos psicoactivos que tienden a facilitar el abuso a adolescentes y adultos jóvenes en los clubes nocturnos, bares, fiestas “rave”, electrónicas o en el contexto de la música “trance”.

El gamma hidroxibutirato (GHB), el Rohynol y la ketamina son algunas de las drogas de este grupo; también lo son la MDMA (éxtasis) y la metanfetamina. La ketamina (anestésico usado en veterinaria) es muy usado y es un agente químico que en lo humano funciona como un disociador de la personalidad. Nos dividimos en dos uno observa lo que hace el otro que soy yo mismo pero sin ninguna capacidad de decisión para frenar la acción y así me convierto en “objeto” para el otro. Los otros dos GHB y Rohypnol (sazonados con alcohol y cocaína) tienen también un efecto disociador.

Vías de Salida

Durante meses estos pacientes viven también disociados y en un padecimiento muy grande. Es como si no se hubieran despertado de la pesadilla que vivieron. Todo empieza a cambiar cuando empiezan a relatar lo sucedido. Compartirlo ayuda con la catarsis (descarga) y el consuelo (darle suelo a su padecimiento o sea firmeza compartida). El absurdo de lo vivido necesita del auxilio del otro (comunidad terapéutica) para empezar a ser aceptado y por llegar a una cierta superación y proyecto o sea futuro. La tentación de victimizarse, seguir anestesiándolo con más drogas o inaugurar la cadena del resentimiento y el odio son vías que no llevan a ningún lado y que muchas de estas chicas utilizan. Susana aprendió a ser testigo de su propio padecimiento y así empezó a ser actora de su propia cura. Esta es la base de nuestro accionar: aceptación aunque sea muy doloroso y empezar a ser parte de la cura. Recuperar la funcionalidad de su sistema nervioso hipotecado fue una tarea, reintegrar el poder de si mismo en sus subjetividad también y por último “limpiar” de su red de contactos todo los grupos de cómplices y detractores de lo humano.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

Compartir