Tarantula

“araña grande, que vive entre las piedras, es venenosa y que produce primero una inflamación”

Tarántula es el nombre de un joven caído luego de un ajuste de cuentas por siete disparos desde un coche vecino en Las Heras (Provincia de Bs. As.). Tenía un frondoso prontuario de antecedentes penales al igual que varios de sus familiares. Es singular el homenaje lleno de admiración que le realiza su madre en la cuenta de Facebook: “…que bueno mi hijo tenía lo que él más quería sus “fierros”…como te burlaste de la policía…fuiste un gran delincuente…Nadie te va a poder imitar”. Así su madre describía a su hijo Juan Roberto Sambrano.

Singular el “alias” de este joven entregado criminosamente por figuras parentales fallidas: “araña venenosa y que en los mitos genera el tarantismo que es una variedad de manía danzante o corea epidémica que es atribuible por la gente a la picadura dela tarántula y curable por la danza”. Donde entra la tarántula aparece la desaparición de lo simbólico ya que entra la manía que es un mundo en disolución, frágil, etéreo e insustancial en su hiperactividad improductiva.

Los jóvenes que delinquen viven en medios familiares, que en muchos casos como “Tarántula”, el delito forma parte de una saga heroica además de ser un trabajo. Hay una idealización de la vida delictiva como una reivindicación vengativa permanente. Educar para el delito es el repudio de la Ley como marco orientador de la vida y para la vida.

Tomo el caso de “Tarántula “como uno de los tantos que tratamos en nuestros consultorios y que no tienen la estatura mediática que tuvo éste. Cuando desde la familia que es el seno de la transmisión de la Ley se transmite precisamente la perversión de la misma se va banalizando el asesinato gratuito que es producto de figuras parentales fallidas, irascibles y arbitrarias y denigratorias del mismo hijo.

Los delincuentes juveniles que actualmente matan, torturan y castigan a ancianos indefensos muestran una realidad de resentimiento y venganza que pone en cuestión una organización familiar perversa con roles parentales colapsados o invertidos.

Viven en medios en donde las relaciones de maltrato, violencia familiar y abuso sexual derivan en hijos que buscan a través del crimen y el delito resarcirse de la sordidez de una infancia sin ley y amor.

Las asociaciones ilícitas , las pandillas de delincuentes juveniles , las mafias carcelarias , las gavillas de sicarios ; todo esto denuncia la orfandad y la carencia de figuras paternas y de sus subrogados , las que arrojan a toda una generación a la anomia (anemia de valores ) y al circuito infernal de transgresión-castigo , que deriva finalmente en la marginalidad y la muerte.

PACTO CRIMINOSO

En estas familias se entrega al hijo a lo criminoso; es lo que se llama el pacto criminoso. Los padres formamos para la vida y ahí en esta entrega amorosa anunciamos nuestra propia muerte. En las situaciones que estamos describiendo hay un pacto no hacia la vida sino de tipo criminoso. En el llamado pacto criminoso debe morir el hijo; en las familias comunes el hijo necesita y debe vivir anunciando así nuestra trascendencia luego de nuestra muerte a través de él. El hijo seria el testimonio de nuestra inmortalidad terrenal.

En Tarántula hay un repudio a esta Ley de la vida y un Pacto criminoso en acto por parte de la madre y ejecutado por otro luego de una exaltación fanática de la transgresión a la Ley.

A todo se agrega el uso de drogas desde la pubertad .Las drogas agregan a este sistema nervioso y a la personalidad escasamente estimulada por afectos, palabras, cultura y educación desde siempre un plus de violencia imposible de frenar .Las drogas al asentarse sobre un cerebro inmaduro (no olvidemos que la maduración completa se da alrededor de los 25 años) alteran el control de los impulsos, la capacidad de pensar, de planificar y de procesar con criterio la realidad.

Se van formando autómatas híper – estimulados por medios familiares y barriales (en muchos casos) anómicos y grandes dosis de venganza y desprecio del otro. El uso perverso de los hijos es común incluso al servicio económico de ellos.

VIOLENCIA Y SIGNO DE LOS TIEMPOS

La violencia configura el síntoma de los tiempos y evidencia la pasión de un goce sin reglas que rechaza la Ley y se enseñorea en la realidad social. La disolución de los marcos familiares está más allá de las distintas configuraciones que hoy adopta (ensamblada, mono- parental, etc.) en donde el abandono y la promoción de lo ilegal generan una falta de consideración ética por el Otro que van creando actuaciones violentas.

Amor incondicional, límites y transmisión de valores forman parte de este tesoro familiar tan olvidado y que hay hijos que hoy lo pueden recibir y otros reciben lamentablemente el desamor de la ausencia, la anomia de la falta de límites y los disvalores de la vida en lugar de los valores de la entrega y el compromiso en donde el otro es nuestro testigo por quien debemos luchar y no un cómplice o un enemigo a matar.

Las drogas popularizadas, promocionadas, aceptadas socialmente, toleradas y minimizadas banalizando sus consecuencias agregan a este caldo un cultivo de muerte enorme.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

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