La dimision de los adultos

No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre«. Sigmund Freud.

Jorge parece ser  un símbolo de la Argentina de hoy en el tema drogas. Lo conocí hace dos años. En sus 17 años vivió todas las contradicciones del mundo adulto en relación al consumo de alcohol y drogas .Vive en un barrio periférico cercano a una Villa de emergencia. Desde chico vió compañeros de juego en consumo y los arreglos entre los jefes de calle policiales  y los vendedores. Su padre murió entre vahos de alcohol y sobredosis.

En la escuela no tocaban temas de prevención y cada tanto le mostraban películas de los que se llamaban el plantel oficial de locutores de las nuevas políticas y  en donde se relataba que  había una posibilidad de “consumo cuidado”. Aprendió que el café y el cigarrillo tenían la misma entidad que consumir marihuana y  a hacer –el llamado-“uso recreativo de cocaína y éxtasis”. Desde pequeño fue adoctrinado que “se igual” (diría Minguito Tinguitella) una cosa que la otra. No le enseñaron que tenía un sistema nervioso en desarrollo y que el cerebro no está apto ni está hecho para consumir drogas. Daño palabra rara en el lenguaje de la educación. Drogas y daños jamás. Si reducción de daños o sea cuidarse, “no pasarse”. Mentiras repetidas que como dijo Goebbels se transformaran en verdades defendidas con fanatismo.

Edad, vulnerabilidades genéticas (tema hoy clave que en algún momento trataremos), personales, familiares, sociales; todo esto no figuraba en el lenguaje del cuidado de los jóvenes. Todos tenemos vulnerabilidades desde que nacemos. La educación nos ayuda a aceptar estas limitaciones y a reforzar nuestras fortalezas. El sistema nervioso no existe en esta concepción así como el funcionamiento de esa maravillosa orquesta sinfónica de miles de millones de neuronas que se transmiten entre sí como sustancias químicas y energía eléctrica así como información (con la educación como eje fundamental). Las palabras hacen al cerebro también y precisamente el lóbulo frontal es la sede de la cultura y  del despegue del mundo de los simios .Esta estructura fundamental termina de madurar a los 25 años y las drogas dañan este “plus” de humanidad que tenemos.

PREVENCION SIMIL DE REPRESION

Prevención, en esta concepción, era sinónimo de lenguaje represivo de los poderes dominantes. Hablar, orientar, conducir eran una represión. Delirios sistematizados que se fueron transformando  así en un discurso dominante.    Educar que es etimológicamente “parir” lo mejor de cada uno de nosotros  era solo un exterminio de la libertad cayendo entonces todos en un relativismo en donde la “nada” surgía como único horizonte posible.

Escuchaba a Ernesto Sábato en un reportaje realizado en los años 70 en la televisión española y repetido bellamente por el canal Encuentro con reflexiones maravillosas sobre la función del Padre en la sociedad; hablando de su padre decía   que la relación con él  no era con  un par (no eran  amigos); la relación- decía el maestro de las letras- es asimétrica en donde el límite se da la mano con la contención. Todo esto ha caído y entonces el maestro, las autoridades y los padres mismos han dimitido de su rol asimétrico. No hay transmisión o la transmisión son disvalores en donde la “nada” y el “vacío” se entronizan.

Si bien la sociedad de medios y tecnológica hace simétricos todos los mensajes como un gran Google “a la mano” hay lugares claves para el porvenir del ser humano en donde esto es diferente: el vínculo padres –hijos, maestro – alumno en el aula, profesor-alumno en la universidad o en el hospital y también el  vínculo médico-paciente. Ahí surge un mundo de vivencias –de corazón a corazón- que es el vehículo del aprendizaje de lo humano. Lo otro es solo información. Pero el hombre necesita para ser hombre formación.

LA TERAPIA COMO LA POSIBILIDAD DE SER LIBRES

Recibo a Jorge ya “adoctrinado” desde pequeño en el consumo y sin esperanzas de poder salir de su situación. La realidad de la adicción es que el paciente se vive como un “condenado a perpetua”. Teme y siente que no puede salir. Ese es el mayor “logro” de la adicción implantada: no hay salidas. A su alrededor ve en  el barrio compañeros presos, muertos en accidentes o sobredosis, con enfermedades invalidantes. No hay salida posible y estos adultos profesionales que nos hablan son solo  unos “monigotes” como aquellos que nos hablaban que el tema era solo “cuidarse, no pasarse”. Nuestra palabra como especialistas está devaluada, nos miran bajo el prisma de mayores poco creíbles. Ya tiene un hijo en sus 17 años  y su suegro es también es  consumidor y está internado. Su cuñado tiene un vivero de marihuana en su casa. Varias generaciones comprometidas  mientras el retoño de pocos meses observa ese espectáculo de deterioro.

Jorge se pudo recuperar pero tratando  a varios; desde el suegro, el cuñado, la mujer del paciente y a otros  más  limitando los contactos con  familiares “dealers” que había. Hoy es común tratar un conjunto humano comprometido. Llevó meses y meses desatar esta “galleta” de confusiones y síntomas. Pero el principal “embrollo” nació en la educación escolar, barrial, cultural. Perdimos esa lucha. Triunfó en la Argentina la banalización del consumo. Hoy en plena epidemia y pandemia en muchos barrios tenemos que enfrentar las consecuencias. El discurso que se implantó fue que el consumo no tiene consecuencias: “si no nos pasamos”. El punto débil de esta concepción relativista es que el cerebro no acepta la manipulación química  y no está diseñado para eso; y ahí el lema de Alcohólicos Anónimos se hace cierto en los adolescentes: “una copa es mucha y cien son pocas”. Hoy las consecuencias están a la vista.

DR.JUAN ALBERTO YARIA

DIRECTOR GENERAL GRADIVA-Rehabilitación en adicciones 

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