Drogas e hijos sacrificados

POR JUAN ALBERTO YARÍA

26.11.2018

«… sólo el Amor conduce el Alma» (Platón)

El hijo parece ser la moneda de cambio en la cultura-narco en la cual vivimos. Una banda de distribuidores mata en Floresta a una adolescente niña secuestrándola a la salida de la escuela como prenda de venganza contra otra banda narco. No bastan los 50.000 pesos del rescate y una cantidad considerable de cocaína sino que además se la asfixia y mata. El hijo es el sacrificado en esta sociedad tribal.

Basta leer el magnífico libro «Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar», de Victoria Henao (esposa de Pablo) en donde se narran las peripecias para salvar a su hijo Pablo Marroquín (actualmente se cambió el apellido) que se había convertido en la moneda de cambio por las venganzas entre clanes mafiosos. El hijo era un fetiche a destruir, no era una persona con toda su dignidad.

Escobar Gaviria (padre) ya había matado otros hijos de otros Patrones del narcotráfico. Millones de dólares saldaron esto e incluso la abuela de Pablo (madre de Escobar Gaviria) por un puñado de dólares era parte de la venganza y estaba del lado de los clanes homicidas. El chico pudo vivir aunque para sobrevivir también se cambió el apellido.

El filicidio es una matriz cultural desde los albores mismos de la humanidad. No solo la disputa entre clanes narcos es la muestra de la matanza de los hijos. En la propia vida familiar de hoy lo vemos en las terapias que presenciamos, por ejemplo, en Gradiva.

Pasar del hijo como Potestad arbitraria al cual se abandona, golpea, abandona, abusa, descuida o se actúa con negligencia al hijo amado y respetado hay una distancia sideral que es la misma que se nota entre el odio vengativo y el amor reparador.

En esta sociedad des-vinculada (fin de los vínculos) en donde los tiempos del otro como prójimo se han esfumado también y el hijo corre este destino. Tiempos en donde se han perdido fines (teleología) y trascendencia (teología); el pequeño parece ser estorbo en muchos casos o trueque como lo era el Hijo de Escobar Gaviria o la hija de uno de los clanes narcos de Floresta.

En la sociedad des-vinculada actual el fin de los vínculos incluye a la propia noción de familia que resulta ser vilipendiada e ignorada en el altar de la soberbia individualista. Ahí también cae la noción de Hijo como Promesa y herencia espiritual y trascendencia en el tiempo como mensaje y tradición («tradens» etimológicamente es solo transmisión).

ESCUELAS Y FILICIDIO

Este concepto individualista en donde caen todas las contenciones institucionales lo vemos también en la vida escolar. Hoy recibimos adolescentes intoxicados con cannabis y otras drogas y que comentan ellos como sus padres que en los patios de las escuelas, en los baños y en los alrededores hay venta y consumo de drogas. Cae todo limite estructurante de la subjetividad de esta manera. No solo se resiente el aprendizaje ya que en la adolescencia el consumo retrasa toda eficacia intelectual y el desarrollo emocional sino que además es sinónimo de repitencia y abandono escolar.

El «buen padre» (o sucedáneo como directivo institucional) hace del amor una tarea y del límite normativo una dimensión para el crecimiento de la subjetividad y la libertad. El «peor» padre es el que no está, el ausente, violador, abusador. El chico necesita de una relación personal profunda y amorosa. Las drogas y su consumo epidémico en los más jóvenes abrevan en estos escenarios.
Arnaldo Rascovsky (1907-1995) fue la figura mundial desde la Argentina que rescató el papel del filicidio (la matanza sacrificial de los hijos) como dato fundamental. En la historia de la cultura Cronos desde el Olimpo Griego se come a sus hijos así como Saturno desde los dioses romanos lo hace también.

La matanza ordenada por Herodes de los hijos por nacer reconoce este tema en los fundamentos de la sociedad y el Cristianismo con el amor del Hijo por venir lo rescata a través del cuidado de la vida (Jesús) y se transforma en el eje de la valoración del niño y las Religiones Judeo- Cristianas anuncian al Hijo como Promesa y redención simbólica de los Padres.

El Niño esperado (Cristo) o el que va a nacer (Mesías) rompen con toda la tradición filicida y anuncian un nuevo Tiempo en donde el Hijo es futuro de la Humanidad desde cada familia.
El sacrificio bíblico de Abraham por su hijo Isaac era abortarle toda su herencia espiritual porque este no había reconocido a su hijo y lo había abandonado en aras de fiestas paganas. Abraham se había «paganizado». La detención del sacrificio era el recuerdo de su función que era no perder la alegría que se le había dispensado con Isaac que etimológicamente quiere decir «alegría». El hijo es «alegría» y el deber del Padre es reconocerlo y cuidarlo. La eliminación de Isaac hubiese significado la erradicación de toda risa en el mundo. (Filón de Alejandría-filósofo del judaísmo 15 a.C. – 45 d.C.).

Para Víctor Frankl (un grande de la psiquiatría del siglo XX) Yahvé le pidió al sacrificarlo y al mismo tiempo detener ese acto que perdiera el sentido de su propia existencia. El hijo representa el sentido de la vida.

DIOSES ACTUALES

Los «dioses» actuales de esta cultura individualista llevan no solo al olvido del sí mismo en aras de la cultura de la imagen y del espectáculo sino al abandono de todo lo que puede molestar. El hijo a veces molesta en esta trama en donde Narciso reina. Hoy los dioses antiguos Cronos y Saturno mutan en este tiempo en el Dios Narciso que es absolutamente aplaudido en la cultura liquida que vivimos.

La cocaína parece ser el combustible que popularizo el colombiano Pablo Escobar como el elixir de la alienación y del olvido de la empatía. El Hijo es precisamente el símbolo mismo de la Empatía que es el rescate de lo humano y la Etica y ésta nace precisamente del reconocimiento del Otro y el Amor es el combustible permitiendo que la cultura perviva.

De lo contrario aparecerá la Destrucción como oropel cautivante del narcisismo en donde el Ego reina siendo la cocaína y otras drogas el elixir buscado para mantener esta ilusión y las alucinaciones colectivas.
 

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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