Narco-cultura y las familias

«…vi las mejores mentes de mi generación destruidas hambrientas de sed tapadas de ignorancia en el desierto de lo marginal. «(joven en recuperación).

Adriana se rebela ante la narco-cultura que invadió su familia y su escuela. Está «zafando» como su madre y su hermano. Ejemplos de vida. Escuelas antaño prestigiosas hoy están apáticas y abúlicas ante el impacto de la epidemia; y así, nos sigue diciendo en un poema casi épico de llamado al otro social tratando que se despierte una cierta conciencia: «…el mono no solo baila por plata sino por drogas en el abundante éxtasis para el corazón…falsos gorilas en una carrera sin penas…el tiempo no se detiene …pibes en caída libre en plena vereda y quiero entender del infierno para volver al cielo».

La narco-cultura es la sociedad en donde no hay sujetos y en la comunidad se vacía la noción de Ley. Sociedad sin sujetos en donde, también, se vacía la subjetividad de muchos y predomina el discurso del odio. Los sujetos vaciados de identidad son solo objetos. Los otros son enemigos a los cuales hay que eliminar. Eliminar de un negocio, de un territorio, de la visión y los sistemas sociales se transforman, entonces, en campos de exterminio.
Padres a la deriva buscando una forma para que sus hijos inicien un tratamiento. Todos inundados por una cultura de dominación como es la narco-cultura que entró a sus casas. Lenta o rápidamente, pero entró.
Una vez que los centros de control de impulsos del cerebro están vencidos y los sistemas de «bombeo» del placer están hiperactivos ya todo es posible. Las libertades están conculcadas. Luego habrá que trabajar para conseguir dinero y que ese «bombeo» de dopamina (neurotransmisor activado por los estimulantes) se mantenga. Ahí viene la otra historia.

El «nadie» (estatuto de pérdida del principal tesoro que es la subjetividad) empieza ser un «regalado» (término común en la jerga cuando se dice «estás regalado»). Vender, ser «taxi-boy», ofertarse en sexo ante «dealers», experiencias con hombres de tercera edad para conseguir sustancias, robar, etc. Aparece la cara de la marginalidad.

LOS «NADIES» SE RECLUTAN
La cultura narco para su desarrollo recluta gente. Son los «nadies» que pululan en los barrios. Seres «regalados» y con duros déficits de identidad. Casi no conocen a sus padres o hay un padre biológico que los abandonó con una madre presurosa que los toma con un amor excelso pero que siente que sus esfuerzos son vanos. Escuelas en muchos casos ausentes, profesores vencidos por tanta desvinculación existente desde los primeros años de vida. Drogas en las calles, en los baños, en las aulas. Nadie parece poder hacer nada.
Mundo adulto vencido. Indiferente en otros momentos. «Anémico» de normas. Elogiando al Vacío en otros. Todos somos cómplices de un suicidio o adormecimiento de muchos. Ahí funciona el principio de la obediencia automática. El consumo de drogas también hará su papel. La droga en los pasillos de las villas disciplina, en las esquinas, en los quinchos de los clubs y en sitios también privilegiados y VIPS.

El cerebro y todo el sistema nervioso demanda sustancias y las estructuras más arcaicas (reptilianas y mamíferas) toman el control sobre los centros más evolucionados de la persona. El que posee la «bolsa» (sustancias) manda. Algunas mujeres (en mi experiencia clínica), se entregan a sus «dealers» y los vejámenes se suceden, pero todo sirve para conseguir la «bolsa». La experiencia de la ternura no existe. El «combo» cocaína, violencia y posesión mandan.
Para los «barras bravas» el que no pertenece al propio clan o tribu es solo por ello el enemigo. Es urgente entonces eliminarlo porque es el reflejo simétrico del propio odio. Así sin Ley que convoque a todos reinará la Muerte como Amo y esto es lo que observamos en muchas localidades y que puede ser un espectro amenazante sobre nosotros mismos.

AL RESCATE 
El dolor nos debería acercar como lo decía el maestro en Filosofía Guillermo Maci: «…la catástrofe aproxima a los hombres». Por lo menos la catástrofe nos debería ayudar a recapturar la idea de una sociedad toda no dividida por clanes o tribus y bajo el amparo de la Ley que nos englobe. En estos grupos no hay una representación de la sociedad total como universal de la Ley. Al haberse cancelado en estos grupos la Ley solo operan mandatos y consignas quedando al desnudo el peor despotismo.
El rescate frente a la «cultura narco» es apelar a lo mejor de nuestro capital social (red de instituciones de la Palabra y la Ley) y de nuestro capital humano (redes de familias y escuelas). La prevención activa de la droga es el mejor reservorio frente a las leyes narcos que inauguró Pablo Escobar: «…plata o plomo». Activar los sistemas inmunológicos culturales desde la cultura de la Ley y el Amor a la vida parecen necesarios para evitar la catástrofe de la cual nos habla Maci y que no se transforme en tragedia como ya está empezando a suceder.


* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Compartir