Drogas y «psicopatías adquiridas»

«Los psicópatas tienen escasa respuesta al malestar de los demás y un reconocimiento disminuido de expresiones de miedo y tristeza» (Pablo Malo, «Cerebro Moral y Responsabilidad»)

  • POR JUAN ALBERTO YARÍA
  • 22.07.2019

La consulta cotidiana en Gradiva nos confronta con lo moral o sea la alteración de las conductas morales que tienen que ver con la empatía y la sensibilidad hacia el otro. Juan ingresa luego de hurtos reiterados en donde la astucia queda a un costado y aparece la característica «estupidización» (estupefacientes deriva de estupidez) que sigue al consumo de drogas. Robos sin armas, violencias sin sentido, unido todo a una «entrega casi cantada» por lo burdo de las maniobras. Choques automovilísticos o distinto tipo de vehículos en estados de alienación adictiva. Con saña en otras oportunidades, esta vez sí, ante una víctima vulnerable que es la continuación de un «enceguecimiento» moral.

La ética surge siempre desde el respeto y la vigencia del otro como prójimo. Nuestro prójimo es la ley que nos debe presidir. Las drogas generan una demolición de los controles morales y desencadenan una «catarata» impulsiva. Hay centros cerebrales evolucionados que quedan suspendidos ante el uso crónico y/o intenso de drogas. Ahí todo puede pasar.

Tratar patologías narcisistas o sea en donde el ego reina nos impone en el límite del daño al otro que no es visto como tal. En la dictadura del ego el otro parece no existir o es solo un enemigo a destruir.
El uso de drogas tiene que ver con esta inflación del ego y podríamos decir que es lo que cautiva y nos coloca en el peor de los cautiverios. La compra y venta de drogas parece depender de esto; se busca un mundo con una «inflación» del yo.

Lo propiamente humano es dialógico y depende de nuestra trama de encuentros y diálogos que hemos tenido con personas significativas; estamos hechos del prójimo. Desde esa madre que nos aloja y acoge amorosamente hasta el padre que nos ubica en el mundo y nos da un nombre y una legalidad.
Los daños más graves surgen cuando no somos alojados y el rechazo se puede transformar en una vida hecha sobre la venganza y el resentimiento o directamente el suicidio. Este puede ser el solar previo que como rechazo o abuso es lo predisponente para lo que vendrá luego.

DROGAS Y DAÑO CEREBRAL
La evolución biológica prepara al hombre para lo mejor o para lo peor. Las más de 100 mil millones de neuronas y los trillones de conexiones entre ellas son una orquesta sinfónica maravillosa que puede desempeñar la mejor sinfonía o crear las perversidades más grandes.
Si no cuidamos ese potencial cerebral que marca un salto fundamental entre el simio y el hombre deterioramos la condición necesaria para ejercitar nuestra libertad y caemos en la esclavitud del descontrol de impulsos que es la «catarata» ciega que observamos en nuestros pacientes todos los días.
Todo nuestro sistema nervioso funciona como un «hardware» de alta complejidad que de ser cuidado (o sea no intoxicado) y suficientemente estimulado (con amor, ternura, valores y límites) nos permitirá ejercitar nuestra libertad y la capacidad para tomar decisiones basadas en valores para la salud.
Este «hardware» (tomando datos de la informática), como nos enseña el Profesor Malo (psiquiatra especialista en neurociencia), puede «averiarse» y dar lugar a respuestas ligadas a daños a los demás y a realizar conductas psicopáticas (frialdad y maldad moral).

Hay psicopatías adquiridas que pueden surgir por accidentes cerebro-vasculares y también por lesiones producidas por el consumo de drogas. La corteza prefrontal y su zona adyacente llamada córtex orbito-frontal, ventrolateral y la amígdala cerebral pueden resultar afectadas y la «tormenta» psicopática se empieza a desencadenar con conductas que progresivamente van deteriorando la calidad de vida de los pacientes y lo degradan socialmente y lo van complicando en situaciones en conflicto con la ley. Muchos femicidios y violencias de género abrevan en estos hechos en donde la droga, especialmente, la cocaína dejan su marca.

La empatía (ponerse en el lugar del otro) dejan de existir así como la conciencia de los actos propios empieza a desaparecer y la teoría paranoica del mundo triunfa mientras se exalta el ego hasta dimensiones megalómanas. Dejamos de atribuir valor emocional al sufrimiento del otro y la frialdad como marca de un goce sádico es lo único que sirve para este ser convertido ya en un «pre-hominido».

PSICOPATIAS ADQUIRIDAS
Hay muchos pacientes que luego de un consumo intenso de cocaína especialmente y de otros estimulantes y alucinógenos tienen lo que hoy se llama «psicopatías adquiridas». Conductas deshinibidas, irresponsables, manejo sin control del dinero, robos, proclives a la violación de los valores. Para ellos, las violaciones morales resultan ser aceptables. Saben lo que está bien y lo que está mal pero no pueden parar de no hacerlo.

Se llega así a lo que hoy se denomina «demencias fronto-temporales» con transgresión de normas, conductas sexuales aberrantes y ninguna preocupación por las consecuencias de los actos.
Las drogas facilitan el daño a la red neuro-moral generando una «brújula moral rota» (como enseña el Prof. P. Malo) y si a esto le añadimos una vulnerabilidad previa desde la infancia de rechazos, abusos y violencias en la infancia tenemos la base de una conducta tormentosa y antisocial.
La creciente aceptación social del uso de drogas en nuestra sociedad y la banalización de los daños que ocasionan suelen ser un suelo propicio para el crecimiento de estas «psicopatías adquiridas».

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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