Las drogas y la «embriaguez» digital

DEFAULT HUMANISTICO POR JUAN ALBERTO YARÍA 01.07.2019

¿Qué significa que hoy sea el momento que más producción de cocaína hay en el mundo? Esto adquiere significación porque nuestro país es el de mayor consumo en América del Sur.

Colombia es el mayor productor del mundo, aunque la cocaína que se consume en la Argentina proviene de Bolivia y Perú, pero indudablemente nuevos ofertantes competirán con los ya existentes.
Pero nadie como el negocio de la oferta y el marketing de las drogas entendió la sociedad digital para la venta de las mismas. Sitios, plataformas y la utilización de redes sociales como Instagram, Facebook, Twitter.

La «embriaguez» digital que vivimos sirve para implantar el consumo explotando la caída de los relatos familiares (gran des-familiarización de la sociedad argentina) y de todas las «inmunologías» culturales de base territorial (barrial, espiritual, escolares, etcétera).

La «tormenta» digital fomenta la comunicación «par a par», rompiendo con todas las asimetrías (por ende con todos los relatos que remiten a una cierta autoridad científica o de precedencia en la tradición cultural) y por momentos es una shitstorm («ruido» comunicacional que se llama hoy en el mundo «tormenta de mierda» y de indignación). El anonimato ahí es clave y se diluye el eje de la sociedad que es el nombre.

Todo «se igual» como diría el gran Altavista en su personaje «Minguito Tinguitella» o Discepolin en su «Cambalache» donde, dice, «ves llorar la Biblia al lado de un calefón», «todo es igual lo mismo es un «burro» que un gran profesor». La «tormenta» digital es imparable y los relatos autoritarios que intentan o intentaron frenarla fracasaron. Internet y todas sus plataformas mandan.

Siguiendo los «preceptos digitales» en Washington y Colorado promovió el Estado la venta marihuana buscándose recaudar más impuestos y disminuir la criminalidad. Esto no ha sucedido porque el mercado negro la vende más barata y la criminología aumentó 30%. Fueron suspendidos muchos alumnos por fumar en la escuela y los impuestos que se recaudan no alcanzan al 12% de lo que se preveía iba a entrar al erario público. Hay mercado negro y un mercado oficial y a su vez una fuerte industria crece tratando de acrecentar lo que ya se ha obtenido (Fuente: Nora Volkow, Directora NIDA-USA).

Carl Schmitt, politólogo y filósofo del Derecho en Alemania (1888-1985), militante del nazismo, anti-liberal y anti-parlamentarista y hoy rescatado por grupos de izquierda y de derecha por su dialéctica amigo-enemigo, pueblo-anti-pueblo ante la aparición de la radio propuso que el «soberano debe disponer de las ondas del espacio» (Schmitt). Si hoy viviera ante internet seguramente trataría de prohibirla en una misión imposible apelando a su concepto de Estado de excepción (concepto muy caro a todas las dictaduras y tiranías).

Nuestra sociedad ha sido definida como un «enjambre» de datos, señales y comunicaciones que van de un lado a otro sin direcciones definidas. La revolución digital es un enjambre de masas pero que ataca a individuos aislados al lado de una computadora o de un celular. Ahí está la verdad de todo. Es una masa de individuos aislados que, y esto es lo interesante, no desarrolla ningún nosotros. Cae la noción de comunidad.

Le falta la «intimidad de la congregación que produciría un nosotros. Es una multitud sin interioridad» (Byung-Chul Han, «El enjambre», 2017). Hay mucha gente «huérfana» en esta sociedad (concepto de Raúl Mota, epistemólogo argentino) y ahí aparece el enjambre digital ofertándole las drogas para vivir a través de una pócima alucinatoria, un «flash» de contacto y empatía que es la introducción en lo alucinatorio y en la cronicidad.

Los solos, solas y «solex» como multitud de aislados «encuentran su propio desencuentro». Además, la respuesta que les da la «tormenta digital» es ya y lo que busca el sediento «solo». Es un ya que es la base de una futura adicción.
El problema parece ser que no solo están en una soledad infinita ante la tormenta digital, sino que crecieron solos y todavía no se inventó un sistema que permita que en la «ontogenia» (desarrollo hacia la madurez plena de un niño a joven) crezcan personas para entrar en la cultura con un cierto grado de libertad y autonomía. Este parece ser el gran problema. Se crece desde pequeño en «soledad». Luego el aparato informático recibe a un sujeto vacío.

LA RESPUESTA A LA SOLEDAD MASIVA
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su oficina dedicada al tema de drogas menciona que Colombia aumentó el 25% su producción de cocaína entre 2016 y 2017. Colombia produce el 70% de la cocaína mundial. En los últimos diez años ha aumentado el 50% la producción de drogas en Colombia. De la misma manera ha subido la producción de opio. Los acuerdos de paz parecieron que en el aspecto de la producción de cocaína y otras drogas no ha servido de mucho ya que han aumentado todos los índices y más bien muchos críticos suponen que fue un perdón para muchos, pero por «debajo de la mesa» subió lo producido por lo mismo que se atacaba o se intentaba morigerar. Subió entre el 2017 y 2018 el número de consumidores críticos en el mundo en alrededor del 10 %.

Mientras tanto se informa que aumentó el consumo de opioides en todo el mundo en alrededor de un 56 % entre el 2016 y el 2017. El fentanilo y el tramadol (opioides) son una plaga en los Estados Unidos y también en Africa. El cannabis (marihuana y sus derivados) como alucinógeno es la droga más usada en el mundo y con cadenas de producción cada vez más activas.

Todo esto implica un gran aumento de la oferta. O sea hay un mercado que sobre-oferta al grupo de posibles consumidores. Las estrategias van desde la minimización de las consecuencias del uso de drogas para hacerla más apetecible con estrategias de marketing hasta la multiplicación de puntos de venta. La sobre-oferta debe generar demanda. Esto quiere decir que hay una sobre-oferta de agentes químicos que dañarán la salud pública.

Entender el problema del consumo de drogas en sus distintos grados de severidad implica articular tres elementos que interactúan y a la vez inter-retro-actúan entre sí: el agente químico (desde el alcohol hasta los estimulantes y alucinógenos varios que pululan en el mercado), la persona que hace uso de ellas con sus múltiples vulnerabilidades familiares, traumas y abandonos, que lo harán más susceptibles a la severidad y una cronicidad en el uso permanente y por último el contexto socio-familiar simbólico con todos los elementos culturales que pueden potenciar el consumo de la población o lo pueden prevenir y paliar sus efectos y disminuir la prevalencia.

La epidemia está ahí en la Argentina y en algunos lugares es una pandemia. Por ejemplo pensemos estos datos:

1. Curva de crecimiento en los últimos 15 años del consumo de sustancias ilegales. Fuente CICAD-OEA y con un inicio del consumo muy precoz entre los 12, 13 años y el aumento de la primera consulta luego de varios años (más de 8 años) lo cual ya complica el pronóstico.
2. El consumo de alcohol supera en estudiantes secundarios en más del 50% de la población, superando en la Argentina a los Estados Unidos en un 10%. (Fuente: CICAD-OEA)
3. El consumo de cocaína es igual a Uruguay que desde que liberó el consumo de marihuana, aumentó todos los índices de consumo, y estamos muy cerca de los Estados Unidos que lidera el índice en todo el continente americano. (Fuente: CICAD-OEA)
4. Se triplicó entre 2013 y 2017 los casos de sífilis ligado, (una de sus causas), al uso de drogas recreativas, que limitan el cuidado de la salud al bajar las inhibiciones y a la promoción cultural del poliamor. (Fuente Secretaría de Salud Nacional).
Esto no es gratis ya que aparecen enfermedades asociadas (co-morbilidades) con patologías psiquiátricas y metabólicas e incluso infecto-contagiosas de transmisión sexual, aumentando la conducta delincuencial, la violencia sexual y un potencial destructivo enorme en las relaciones sociales.

¿QUE HACER?
¿Cómo competir con la «tormenta» digital, en muchos casos, al servicio del daño social? Este parece ser el problema ya que los gastos en salud, muertes, aumento de la tasa de suicidios y de enfermedades invalidantes y del deterioro son notables, así como los subsidios por discapacidad que pagará el erario público ante la cantidad de afectados.
Los países que progresan en el ámbito de la prevención y asistencia de las adicciones establecen medios digitales de prevención, refuerzan los sistemas escolares, apoyan a las familias y los líderes políticos se comprometen como política de Estado ante esta epidemia y se crean redes de asistencia muy amplias que inundan todo el territorio.

Juan Alberto Yaría: Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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