Los poderes sin rostro

DEFAULT HUMANÍSTICO

«… aquí cuantos más mueran mejor para todos». (Gomorra – Novela e investigación periodística que plantea el poder de la mafia. Roberto Saviano).

POR JUAN ALBERTO YARÍA 19.08.2019

Juan es un joven vive en un territorio donde las personas parecen reciclables. En una de las tantas villas del conurbano grupo de desheredados de amor, familia y contención forman un contingente de «nadies» detrás de pipas de drogas mientras el «capanga» de turno ordena las acciones a realizar. Las tareas semanales pueden ser varias. Deliverys de varias cosas entre las cuales están las sustancias o correos de «transas» de mujeres en el «combo» con sustancias.

Todo sirve según ordena el «capanga» que funciona como un verdadero «Amo» que maneja desde «barras bravas» hasta «pasamanos» de drogas. Juan me describe territorios en donde el miedo surte efecto con solo mostrar la «culata» del arma como carta de identificación. Con eso parece bastar. Además, está el ejército de prestamistas para la compra y venta de sustancias que cobran «pingues» intereses con sus «pato-vicas» para el «apriete» que utilizan distintas armas para que se devuelva el dinero.

Juan tuvo la suerte que un tío se interesó por el y lo llevo a tratamiento. Ahí empezó a encontrar otro mundo. Sin padres, vivió en la calle y su socialización transcurrió en esta escuela de la barbarie. Hoy los centros de tratamiento son lo que llamaba Edgard Morin «casas de vida» como refugio defensivo a lo que mentaba el gran filósofo francés ante las «mega- barbaries organizadas» que eran en esta sociedad liquida «la errancia de los amores, la droga masificada y el individualismo».

Vuelve la cultura de la palabra frente a la química y al «apriete», la escuela de la vida, los grupos de contención, la valoración de modelos identificatorios… en fin la vida como esperanza y proyecto. Así logró Juan una «salvación» ante la cultura mortífera que se había instalado en su vida.

En estos territorios la gente parece sobrar y además se recicla rápidamente por otra. Puede ser un villorrio napolitano manejado por la mafia china y calabresa, una favela brasileña, una villa del conurbano o de la ciudad de Buenos Aires, un caserío de México o de la frontera con USA, un barrio del Este Europeo jaqueado por las mafias eslavas, sectores de la sociedad rusa dominada por los grupos ilegales de esas tierras, etc.

En «esos lugares solo se aprende a morir» también nos narra Saviano en su memorable retrato. El mismo autor vive escondido porque su vida tiene precio; mostró actividades de ese «Otro Poder» porque convivió en sus propios territorios.

El mundo que maneja ese «Otro Poder» es diverso: drogas, narco-terrorismo, marcas textiles originales o simuladas pero siempre con trabajo esclavo, especulación urbanística, lavado de activos, asesinatos por encargo, etc.

Ese «Otro Poder» (la mayúscula quiere retratar el mayor dominio territorial y virtual que hoy tiene) avanza y domina en algunos aspecto al otro poder (la minúscula a la inversa muestra el grado de debilidad de los organismos legales). Impone Otra Ley a través del soborno, el miedo, el asesinato, la competencia desleal, campañas de desacreditación de la competencia.

EJERCITO DE «NADIES»
Es una manifestación del Poder en su versión más cruda y «satánica»; no es poder para ser sino Poder para dominar. La justificación está dada por el propio N. Maquiavelo: «… los que vencen cualesquiera que sean los medios empleados, nunca se avergüenzan».

Este Poder se instrumenta a través de un «ejercito de nadies». En distintas notas hablé de los «desterrados» de identidad que forman parte de la sociedad de hoy: engrosan los penales juveniles, disciplinadamente se someten a los dominios de las «barras bravas», son correos de las drogas, «campanas», consumidores hasta el exterminio; personas cuya vida útil es corta y que se reciclan rápidamente ya que hay muchos «haciendo fila».

Los espacios donde crecen estos jóvenes se ha «despoetizado». La lucha desde los inicios de la vida suplanta al juego, la violencia a la ternura, el desamparo a la protección. En suma, son «seres a la intemperie» en el mejor sentido planteado por O. Paz. Pero seres a la búsqueda de un «dueño». A falta de padres que orientaban se busca un «dueño» que delimite espacios. No se puede vivir sin una referencia y un referente. Aunque su destino sea formar parte de un «nuevo campo de concentración» en donde los alambrados están hechos de códigos férreos, sádicos y atemorizantes que no se pueden sortear.

LA VIDA EN UN CONTAINER
Estos espacios «despoetizados» operan como los «containers» de los puertos. A falta de contención y por privilegio de la deshumanización la vida queda estrechada y humillada dentro de un «container» que enreja a miles a una organización delictiva.

Es un espacio de «doma» en donde el futuro domado está buscando paradójicamente un domador. Las villas, las «paradas», los túneles de las ciudades, las tribus urbanas, las «barras» son los containers de los nadies. Como nos enseña Hannah Arendt hay que «comprender lo que significa lo atroz, no negar su existencia…».

En los últimos años se han agregado luego del 11 de Septiembre (caída de las Torres Gemelas) nuevos actores de ese «Otro Poder». Han surgido los llamados «estados caparazón «que dominan pequeños y altamente rentables territorios de producción de drogas con ejércitos propios.

Todo esto crea «Otro Poder» que se suma a las distintas mafias que operan en el resto del mundo. Aparecen nuevos actores ilegales.
Surge en todos nosotros una llamada ética. ¿Qué hacer ante la deshumanización creciente en donde los seres humanos funcionan como engranajes de un Poder anónimo y sin rostro?.

Mi experiencia en el campo de la droga-dependencia me hace sugerir que solo una masiva lucha cultural preventiva y asistencial permitirá una estrategia de «salvación» de miles con la participación de todos los sectores institucionales (escuelas, familias, Iglesias, etc.).

Solo apostar a la lucha contra el narcotráfico permitirá que éste doble la apuesta generando mayores corruptelas. En el estado actual de la situación mundial y cultural de la post-modernidad liquida que nos vincula a todos un «sistema inmunológico» cultural se hace necesario.

Juan Alberto Yaría

Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Compartir